Así que oren al Señor que está a cargo de la cosecha;
pídanle que envíe más obreros a sus campos. Mateo 9:38
¿Eres un cristiano que visita frecuentemente el templo desde hace algunos meses, años o desde hace varias generaciones? ¿Qué te lleva -motiva- a ir al templo o a cada reunión? ¿Eres alguien motivado genuinamente por tu deseo de transformación espiritual? ¿Has considerado asumir liderazgo para destacar ante el grupo o para colaborar sinceramente con la transformación de la comunidad y para manifestar el reino a esta generación? Hoy vamos a revisar y a meditar un poquito acerca de ¿Por qué razón colaboramos en el liderazgo?
Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. 1 Timoteo 4:12-13
Apresurar las etapas y saltar los procesos. Al ejercer o delegar liderazgo -inmaduro- dentro de la comunidad de fe se puede lastimar y herir al líder mismo y también desordenar o lastimar la vida de la comunidad de fe. La protección, es un valor que se debe mantener y aplicar, no es solo para cuidar a la persona que aprende y comienza a liderar, sino también para protección de la congregación que le pertenece a Dios para que esta experimente el estar llena y el avivamiento. ¿Qué fallas -frecuentemente- están afectando al liderazgo precoz? Las causas o raíces eran la inmadurez espiritual, que provenían de los celos, las contiendas por cuotas de poder y una visión equivocada del liderazgo.
Pablo entendía que el liderazgo espiritual no es un club privilegiado para imponer opiniones, sino un llamado de servicio público delante de Dios y de la comunidad de fe. El apóstol Pablo señala duramente a quienes enseñaban “otro evangelio” y llama la atención a la congregación por dejarse llevar solo porque se presentaban como parte de la iglesia de Jerusalén, señala y denuncia las divisiones evidentes entre grupos, la inmoralidad al interior de la vida diaria, el desorden durante el desarrollo de las reuniones y la visión equivocada del liderazgo, señaló que había que separar a quienes promovían ataques directos sobre las familias con engaños, señalar a quienes son atraidos por llevar y traer chismes, a quienes son tolerantes ante la impureza sexual. Otras cartas redactadas por otros líderes y apóstoles también señalaron debilidades como falsas enseñanzas, divisiones, inmoralidad, abusos en el liderazgo, favoritismos, orgullo espiritual, desorden en las reuniones generales y presión para volver a viejas prácticas o legalismos. Lejos de ser tímidos o faltos de claridad, Pablo y los líderes fueron directos y valientes al señalar las fallas de liderazgo y de doctrina en las iglesias. Su modelo es el de un líder que ama lo suficiente para corregir con verdad, pero también lo suficiente para estar dispuesto a caminar cerca de aquellos a quienes corrige de cerca y a la distancia, estando libre o prisionero, sano o enfermo, cansado o no.
Las cartas nos dan testimonio de la supervisión y verificación, no solo celebran la fe y la gracia; también diagnostican fallas reales y llaman a la iglesia a volver a la verdad, al arrepentimiento, a la santidad y al buen orden. La corrección apostólica no busca humillar, sino restaurar y proteger a la comunidad para que permanezca fiel a Cristo. Las cartas del Nuevo Testamento muestran que las primeras comunidades de fe enfrentaban problemas muy parecidos a los actuales; error doctrinal, conflictos, inmadurez y desorden. Por eso los apóstoles corrigieron con firmeza, pero siempre con el objetivo de sanar la vida de la iglesia y preservar el evangelio.
Seguridad y protección. Inicialmente, se protege a la persona que está -todavía- en su proceso de formación, evitando exponerla demasiado pronto o temprano a una responsabilidad para la que todavía no está preparada, ni ha desarrollado plenamente el carácter de Cristo. Además, se protege a la congregación, porque poner a un inexperto a enseñar o a dirigir puede traer confusión doctrinal, potenciar su deseo por sobresalir, decisiones precipitadas o egoistas y de daños espirituales a otros. También, se protege a la iglesia entera, ya que su liderazgo e influencia no afecta solo a un individuo; afecta toda la cultura, la unidad y el testimonio público de toda la comunidad.
Pablo pide a los supervisores, equipos pastorales, a los líderes de pastores, líderes de los servidores, líderes de (Collegia pietatis) grupos pequeños en hogares y de los maestros ser cautos, actuar en absoluta sensatez y madurez al seleccionar y llamar para liderar. Todo aquel que hace un servicio en público delante de la comunidad de fe -es privilegiado- debe poseer madurez y un testimonio en su comunidad que no levante señalamientos, al contrario uno que dé buena fama y prestigio al nombre de Dios. Pablo le dice a Timoteo que era necesario guardar la sana doctrina, corregir a los falsos maestros, ordenar la vida de la iglesia y vivir con carácter íntegro, porque el liderazgo espiritual debía proteger a la congregación del error y de la confusión. También le insiste en que el líder debe dedicarse a la lectura pública de la Escritura, la exhortación y la enseñanza, cuidando su vida y su doctrina para que su carrera de vida pastoral tenga frutos duraderos.
Una buena práctica es abrir espacios reales para servicio, pero con mentoría cercana, rendición de cuentas y bajo observación. Eso significa trabajar en instruir, formar, corregir, escuchar, evaluar y dar tiempo para que la vida del candidato confirme su llamado. Así se protege al líder en desarrollo, se protege a la congregación y se protege la misión de la iglesia. No es correcto crear oportunidades de liderazgo sin brindar acompañamiento, seguimiento y evaluación. Pablo precisamente recomienda que el liderazgo sea probado, observado y formado antes de -antes de lastimar o dañar- ser afirmado públicamente. Otorgar una plataforma de visibilidad y liderazgo sin proceso puede producir exposición, pero no madurez; activismo o eventismo, pero no el carácter de Cristo ni el fruto del Espíritu. Siempre será una mejor práctica abrir espacios reales de servicio, pero con mentoría, rendición de cuentas y supervisión. Eso significa invertir tiempo y esfuerzo en formar, corregir, escuchar, evaluar y dar tiempo para que la vida del candidato a líder confirme su llamado. Así se protege al líder en desarrollo, se protege a la comunidad de fe y se protege la misión de la iglesia. Debemos proteger a todos; al candidato, al rebaño y a la iglesia completa. Y no, no es sabio improvisar un liderazgo “light”; el crecimiento sano va a demandar inversión de tiempo para realizar acompañamiento, seguimiento y formación paciente.
Es muy probable que si Pablo nos preparara -actualmente- para tomar buenas decisiones con nuestro liderazgo, nos recordaría que sigue siendo necesario poner en el centro la Palabra de Dios, formar líderes con carácter, escuchar y ser guiados por el Espíritu de Dios y vivir una doctrina sana, y corregir todo lo que debilite la fidelidad de las buenas noticias de salvación. También sigue siendo necesario cultivar oración, orden, discipulado y una vida congregacional madura, porque la salud de la iglesia no depende solo de eventos increíbles y actividades bonitas, sino de justicia, verdad, santidad y liderazgo responsable. Dicho de forma simple, lo que fue necesario para Timoteo sigue siendo necesario ahora, aunque cambien las maneras o manifestaciones culturales y los medios o plataformas de comunicación. Quizá Pablo hoy dirigiría nuestra atención a “enseñar fielmente la verdad, vivir con integridad y cuidar la salud espiritual de la comunidad”. Para una comunidad de fe de nuestra generación implica evaluar la enseñanza, formar líderes maduros, que ministren sensatamente a través de los dones espirituales y volver constantemente a las Escrituras para adquirir revelación fresca.
Liderar y pastorear nos va a demandar más que solo dirigir, diseñar o delegar autoridad y actividades, sino formar una comunidad sana mediante doctrina sólida, ejemplo personal y supervisión espiritual responsable. También demanda que un líder debe desarrollar otros líderes, mantener disciplina espiritual y proteger a la congregación de errores que dañen su madurez. Experimentar a Dios a diario y enseñar a “habitar en el lugar de su presencia” y obedecerle y adorarle, antes que a la audiencia (comunidad de fe). Primero mantener una sana relación con Dios, luego servir a las personas a las que Dios ha llamado. Viviendo una fe sobrenatural, con renovación de la mente, sanidad y manifestación del Reino. ¿A quiénes sí podrías llamar a servir y a dirigir?
Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo. Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y estos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús. 1 Timoteo 3: 1-13
¿Por qué Pablo es tan firme? Pablo encontró fallas de liderazgo en Corinto, Éfeso, Creta y Galacia, y sus cartas exponen sinsabores muy concretos; doctrina torcida, carácter inmaduro, ambición, división y falta de cuidado pastoral. Su respuesta no fue eliminar el liderazgo, sino transformarlo con criterios claros de carácter, doctrina y servicio. Pablo no está descalificando al creyente nuevo como persona; está protegiendo a la iglesia y al propio creyente de una carga para la que todavía no está preparado. Su lógica es pastoral, el liderazgo requiere carácter probado, dominio propio, humildad y conocimiento suficiente para sostener la responsabilidad pública. Por eso insiste en que la madurez debe venir antes del cargo, no después. En una comunidad de fe actual, esto significa que no basta con que alguien tenga el entusiasmo, carisma o buenas intenciones para enseñar o pastorear. También debe haber tiempo para formación, acompañamiento, evaluación y crecimiento real en doctrina y carácter. Pablo diría que la iglesia debe formar discípulos antes de ponerlos a dirigir, porque el liderazgo sin madurez suele multiplicar problemas más que soluciones.

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