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Mostrando las entradas etiquetadas como pecado

Me equivoqué ¿Ahora qué hago?

Hablar abiertamente del pecado   ( Hebreo:  ḥaṭṭāʾîtî )  con  la actual generación representa un riesgo latente porque desafía de frente el relativismo moral y la autonomía radical de una cultura líquida que exige tolerancia absoluta a los caminos torcidos del hombre. Al proclamar el diseño divino y exponer verdades que resultan incómodas como la transgresión o la iniquidad , el oportuno mensaje bíblico suele ser malinterpretado por la mentalidad del hombre de hoy, no como una oferta o invitación a la gracia, y la restauración y la justicia   ( Hebreo:  tzedakah ) , sino como un ataque directo al libertinaje individual o re etiquetado como un discurso de odio. Esto expone a quien advierte acerca del pecado a una censura social, al fenómeno de la cancelación o a la constante presión de diluir o maquillar la verdad escritural por temor al rechazo de una generación que prefiere ocultar sus fallas antes que humillarse ante la soberanía y majestad de Dios. Just...

Encontramos la fuente de la vida eterna.

Cuando Dios creó todas las cosas, allí estaba la Palabra. Todo fue creado por la Palabra,  y sin la Palabra nada se hizo. De la Palabra nace la vida , y la Palabra, que es la vida , es también nuestra luz. La luz alumbra en la oscuridad, ¡y nada puede destruirla!   Juan 1: 2-5 El día que la humanidad asumió hacer aquello que está bien ante sus propios ojos salió expulsada del Jardín del Edén, el día que la sed por sabiduría le abrumó, en ese momento se rompió la relación de plena comunión entre Dios y e l hombre , quedó atrás el portal de reunión entre Dios y el hombre, quedó atrás el espacio de encuentro entre el dador de la vida y su creación. El Dios que comparte su vida -el Dios viviente- se regresó a su trono (con Él se fue la vida abundante) y el hombre separado de Dios pasó a existir sobre la tierra con una disminuida calidad de vida. Una que ahora estaba condicionada por la enfermedad, por la maldad y por la muerte que vino a enseñorearse de cada uno de nosotros. El s...