El escritor de Deuteronomio presenta la vida como un escenario, dónde hemos avanzado por el camino y llegado a una encrucijada que nos va afectar en el futuro próximo, e incluso un poco más, hasta nuestra eternidad. En la que, cada persona debe escoger sabiamente entre dos posibles salidas. La ruta de la obediencia que nos conduce a la vida y la de la desobediencia que desemboca en una gran y terrible pérdida. Esa perspectiva resulta especialmente útil para pensar la tensión entre la gracia y la obstinación, porque el texto no solo informa sobre un mandato divino, sino que invita a una decisión real, concreta y responsable. Elegir es un privilegio reservado para las personas libres, el hecho de elegir no es un acto neutro. Desde que somos conscientes, desde que emitimos juicios de valor en cada decisión, toda lección orienta el corazón, define el carácter y comienza a producir consecuencias visibles en la vida personal, comunitaria y espiritual. »Hoy deben elegir qué prefieren. ¿Quiere...
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Deuteronomio 6:4 Ekjád es una palabra hebrea que afirma que Dios es el único Dios verdadero, frente a la pluralidad de dioses de los pueblos de la Tierra. Existen varios comentaristas que señalan que ekjád también puede matizar la unidad indivisible de Dios. Desde aquí se desprenden dos ideas muy importantes; la “unidad” apunta a que Dios es uno (no hay varios), mientras que “unicidad” subraya que es uno y además, es único en su género e incomparable. אֶחָד Ekjád es el adjetivo hebreo básico para “uno”, con un campo semántico que incluye: uno numérico, único y unido. Algunos diccionarios como el Strong y otras concordancias bíblicas lo definen como: “uno, único, unido, primero”. Puede indicar tanto singularidad (“uno solo, único”) como unidad de elementos “uno” a partir de varios, como “un día” formado por tarde y mañana, o “una sola carne". En nuestro idioma español, único viene directamente del latín unĭc...