Hablar abiertamente del pecado (Hebreo: ḥaṭṭāʾîtî) con la actual generación representa un riesgo latente porque desafía de frente el relativismo moral y la autonomía radical de una cultura líquida que exige tolerancia absoluta a los caminos torcidos del hombre. Al proclamar el diseño divino y exponer verdades que resultan incómodas como la transgresión o la iniquidad, el oportuno mensaje bíblico suele ser malinterpretado por la mentalidad del hombre de hoy, no como una oferta o invitación a la gracia, y la restauración y la justicia (Hebreo: tzedakah), sino como un ataque directo al libertinaje individual o reetiquetado como un discurso de odio. Esto expone a quien advierte acerca del pecado a una censura social, al fenómeno de la cancelación o a la constante presión de diluir o maquillar la verdad escritural por temor al rechazo de una generación que prefiere ocultar sus fallas antes que humillarse ante la soberanía y majestad de Dios. Justo por todo esto, hoy se hace más que nunca tan importante y necesario reconocer las verdades eternas que restauran a quien sí busca con todo su corazón y con toda su alma ser perdonado.
Pero te confesé mi pecado, y no oculté mi maldad. Me decidí a reconocer que había sido rebelde contigo, y tú, mi Dios, me perdonaste. Salmos 32:5
חטאתי אודיעך ועוני לא כסיתי אמרתי אודה עלי פשעי ליהוה ואתה נשאת עון חטאתי סלה׃
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Salmos 32:5
Empecemos por el principio, vamos a revisar el significado original de algunas de las palabras que el rey David utiliza en el verso 5 de este capitulo 32:
Pecado (ḥaṭṭāʾîtî): Se debe entender como estar un poco fuera de lugar, errar el tiro. Inicialmente, no poseía un significado religioso. Se trata de un desacierto, no llegar a una meta, descuido de un deber u obligación, no llegar o no alcanzar el destino deseado. Describe el error, el fallo, la desviación, el no alcance de la meta establecida, que puede ser involuntario (un error) o intencional (una rebelión), pero que fundamentalmente significa "no dar en el blanco" como una flecha que pierde su objetivo.
Transgresión (pəšāʿay): Se refiere a las distintas maneras en que la persona viola la confianza de los demás, como en el caso de la traición en una relación, se trata de romper la confianza. Es falta de integridad y de fidelidad; produce la ruptura de esa relación. Es ir más allá del derecho de uno al violar un límite o una ley. Es una abierta rebelión contra la autoridad.
Iniquidad (ʿăvônî): Describe el pecado en su peor expresión. Un camino torcido y tortuoso (fuera del camino recto) que es premeditado, continuo, en aumento constante, sin temor ni arrepentimiento, y que se convierte en estilo de vida identificable, constituyendo una culpa merecedora de castigo. La palabra ʿăvônî nos enseña que la iniquidad no es solo "hacer el mal", sino fundamentalmente "vivir en un camino torcido de manera premeditada, continua y sin arrepentimiento".
Abominación (tô˓ebah): Al referirse a Dios, el término adquiere un matiz particular: describe a personas, cosas, hechos, relaciones y características que le son detestables o abominables porque son contrarias a su naturaleza. Describe repetidos fracasos en la observación de las instrucciones divinas. Describe prácticas y objetos paganos. Se usa en la esfera de la jurisprudencia y de las relaciones familiares y comunitarias. Ciertos actos o características destruyen la armonía social y familiar. La abominación es el pecado en su máxima expresión, es lo que Dios aborrece. Ser aquello que Dios aborrece fervorozamente.
A la luz de todo lo que hemos revisado recien se podría entender que este verso expresa que: Mi CAMINO TORCIDO, mi VIDA PERVERSA, mi CULPA CASTIGABLE, mi PÉJOR EXPRESIÓN de pecado...
La gran mayoría de nosotros desconocemos exactamente a que cueva nos estamos metiendo cuando empezamos a descender por el túnel oscuro y frío que nos aleja de Dios y de su voluntad. La Biblia nos muestra una progresión de actos hacia un -cada vez- más profundo escenario de oscuridad y lejanía. Observemos cómo se desciende por la pendiente resbaladiza de la toma de decisiones; siendo cada vez más tolerante y racionalizando cada decisión:
Pecado (errar) → transgresión (cruzar límite) → iniquidad (vida pecaminosa) → abominación (lo que Dios detesta).
Pecado (errar) → transgresión (cruzar límite) → iniquidad (vida pecaminosa) → abominación (lo que Dios detesta).
Sigamos por la ruta del Salmo 32. ¿Cuál es el contexto del Salmo 32? Se trata acerca del pecado del rey David.
Posible situación: Inmoralidad con Betsabé: "El primer problema de David fue el pecado sexual que cometió –en este contexto- salió de la cama a buscar gratificación inmediata con Betsabé"
Lo que David hizo (según 2 Samuel 11-12):
Adulteró la relación matrimonial con Betsabé (contacto físico con la esposa de Urías).
Engaño, él mintió para ocultar el embarazo de la esposa de Urías.
Asesinato de Urías (ordenó a Joab poner a Urías enmedio de la batalla más peligrosa).
Encubrimiento prolongado del pecado. (utilizó su poder y autoridad para tapar sus actos).
Al contrario, cuando somos tentados, son nuestros propios deseos los que nos arrastran y dominan. Santiago 1:14
La experiencia de David: Él cometió pecado a través de una serie de actos voluntarios pero, inicialmente no quiso reconocerlo. Hasta que fue confrontado y todo el montaje de la casa real de Israel se cayó. Experimentó convicción de pecado y tristeza de estar alejado de Dios. Trataba de mantener ocultas sus fallas delante de Dios que todo lo ve y todo lo sabe. ¿Soy yo -acaso- mejor que David cuyo corazón era semejante al de Dios? ¿Mi corazón está vacunado contra el pecado, mis atracciones y debilidades están bajo control? ¿También yo he quitadoa a los guardias de mi corazón?
Porque del corazón salen los malos deseos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las blasfemias. Mateo 15:19
La injusticia que habita dentro de mí. De forma recurrente ofendemos a Dios con nuestra injusticia progresiva, muchas veces sin siquiera darnos cuenta. Se trata de una actividad injusta que comienza tan sutilmente que casi no se percibe, es como un líquido tóxico que se infiltra gota a gota sin ser notado. El deterioro no es un evento repentino que surge en un solo paso, sino que es una serie de pequeños pasos que se repiten y crecen día tras día. Al principio es un solo hoy no puedo, mañana me recupero y me pongo al día con la lectura bíblica, luego pasamos a llegar cinco minutos después a la reunión, luego solo esta vez no investigaré, ni escucharé lo que su Palabra tiene hoy para mí, y así la presencia se vuelve inconsistente sin que nadie lo vea. Los errores -técnicos o de rendimiento- primarios son khata' —fallar el blanco, no alcanzar el objetivo— como distraerse mientras se prepara una clase y omitir un punto clave, no escuchar atentamente a una familia que necesita ayuda y dar consejo ligero y generalista, pasar un día sin estudiar y dejar pasar un error menor en la investigación. Estos desvíos se justifican con frases que parecen razonables: "solo fue una vez", "todos tenemos días así", "Dios lo entenderá", "no es nada grave", y esa justificación silenciosa, repetida día tras día sin confrontación, es el primer paso que lo lleva de la distracción leve a la transgresión consciente. Estas vaciones no iré a la iglesia, me ire a la playa con unos amigos nuevos.
La mujer vio que el árbol era bueno para comer, apetecible a los ojos, y codiciable para alcanzar la sabiduría. Tomó entonces uno de sus frutos, y lo comió; y le dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Génesis 3:6
La transgresión (pesha') es cruzar límites que antes se respetaban y que antes no se cruzaban. Algunos mensajes privadas que comienzan solo como una casual amistad inofensiva, citas y viajes de fin de semana accidentales que se programan conscientemente, caminar a solas en la zona gris sin consulta bíblica porque "la Biblia no dice exactamente esto", crítica privada de la doctrina que se vuelve pública, y la actitud de "no necesito que nadie me diga qué hacer". Entonces nuestro error frecuente ya no vuelve a enciender las alarmas, el dolor y el vacío están cedados, la transgresión se arraiga profundamente en forma de iniquidad (avon), permanecemos andando sobre un camino torcido donde ahora se planifica en secreto, se mantiene oculta una gran parte de mi vida, se endurece el corazón -así está bien, no es tan malo, no le hago daño a nadie- sin ningún arrepentimiento, y la iniquidad se vuelve el estilo de vida visible e identificable, creciendo en intensidad desde mensajes de texto casuales a encuentros físicos, de acciones sin principios hasta las doctrinas falsas, desde la crítica pública hasta la oposición abierta contra la autoridad espiritual. Finalmente nos hemos convertido en abominación (tô˓ebah), algo esencialmente detestable a los ojos de Dios.
Facilmente, adoptamos la idolatría abierta donde otra cosa es mi nueva diosa, donde mi trabajo (el proyecto o el negocio) son su "verdadera adoración", su deseo o atracción es su "nueva ley", hacemos nuestras prácticas que Dios aborrece como sexo casual, el adulterio continuo, enseñanzas falsas que contradecían la doctrina de Cristo, burla de la autoridad espiritual llamando a los líderes que te antes te inspiraban hipócritas, y mantienes una oposición directa contra Dios. En tus tatoos y publicaciones en redes sociales compartes que "¡Dios no existe, por tanto yo soy mi propio señor!". El corazón ahora rechaza -automáticamente- la autoridad de Dios en todas sus formas, menosprecias a la amplia gracia de Dios y ves de menos el perdón de Dios, diciendo "no quiero su perdón", "no necesito ayuda", "prefiero mi propio camino de iniquidad antes que su gracia", y se levanta de frente en oposición abierta contra Dios, transformándose de un ser que al inicio buscaba alcanzar gracia y misericordia al trono de la gracia, a ser alguien que rechaza activamente la misericordia y la gracia. Pasando de la obediencia intencional a un estado final de rebelión (hevel), desde la distracción leve hasta la obscuridad profunda donde ya no se puede distingir entre lo bueno y lo malo (todo lo ves gris), donde lo torcido es su nueva rectitud, donde la abominación es su identidad, y donde la rebelión es su orgullo.
No entiendo qué me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Romanos 7:15
La mujer o el hombre, por fin descubren su propia injusticia y las atracciones y tendencias de su naturaleza humana que tiende a fallar, lo observas cuando algo te saca de su rutina de justificación, cuando algo se sale fuera del manto negro que ocultaba tu iniquidad, cuando surge una pregunta que no se puede evitar y penetra tu corazón endurecido. El descubrimiento comienza cuando la conciencia se activa, no por el dolor de la pérdida, sino por la comparación con la realidad "¿A dónde se fue aquel hombre que amaba a mi pueblo?", "¿Cuántos criados de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre?". Es en ese momento de conciencia cuando el Espíritu Santo me confronta con una verdad contundente que no se puede evitar, un reconocimiento interno de que "me he pecado contra el cielo y contra ti". El despertar de la conciencia no es solo un "me siento triste", es "reconocer mi falta y girar en mi dirección actual", y comienza en el corazón, no en las palabras. El humano pecador descubre que su naturaleza siempre tiende a fallar porque khata' es errar el objetivo, no alcanzar la meta de amar a Dios y al prójimo, y esa naturaleza está presente desde el principio, como Caín cuando Dios le advirtió: "Si no haces bien, khata' está a la puerta". El pecado actua como un depredador acechante que siempre se mantiene presente, esperando dominarte y tomar control sobre tí, y si no se confronta, crece y se convierte en transgresión consciente, en iniquidad continua, en abominación detestable delante de Dios.
¿Estás atento, ves claramente? Hay algunas voces que nos revelan la oscura realidad que habita al interior de cada ser humano; la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que habita dentro de tí. Al comfrontar la cruda realidad de mi corazón con la verdad: "cuando él reconoció", "dijo: Confesaré mis transgresiones al Señor", "no encubrí mi iniquidad". El reconocimiento interno es el primer paso del arrepentimiento, cuando la persona se dice: "he pecado", "ya no soy digno", "perezco de hambre". La Palabra muestra la realidad cuando revela lo que hay en el corazón a través de una verdad que no puede ser ignorada: "Si no haces bien, khata' yace a la puerta", "Te declaré mi pecado, y no encubrí mi iniquidad", "Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste la maldad de mi pecado". La Biblia revela la naturaleza del pecado como khata' (errar el blanco), pesha' (cruzar límite), avon (camino torcido), tô˓ebah (cosa detestable), y muestra que el pecado no es solo "hacer lo malo", sino fundamentalmente "no alcanzar el objetivo bueno que Dios diseñó para nosotros". El Espíritu Santo muestra la realidad cuando confronta con una verdad que el humano no puede negar: "¿A dónde se fue el hombre que amaba mi Palabra? ¿Por qué te desviaste y torciste tu camino?". El Espíritu Santo es el que me convence de pecado, el que me llama al arrepentimiento, el que permite que la persona "conozca" su falta y "exprese con su voz" su confesión. Estas tres voces juntas revelan la oscura realidad que hay en mi interior; que el ser humano posee una naturaleza que tiende a fallar, que el pecado es un depredador acechante, que el deterioro es sutil, gradual e imperceptible, que la injusticia progresiva lleva desde el error hasta la rebelión, y que solo el arrepentimiento honesto y el acercamiento al trono de la gracia pueden restaurar la relación con el Padre amoroso que perdona de forma completa toda khata', pesha', avon y tô˓ebah.
Tu trono se basa en la justicia y el derecho; la misericordia y la verdad son tus heraldos. Salmo 89: 14
La justicia del cielo es perfecta y eterna emanando directamente del carácter santo e inmutable de Dios; Él es la fuente. Esta justicia no está sujeta a modas, tendencias, cambios culturales, errores humanos o limitaciones de conocimiento, porque Dios conoce no solo todas las acciones visibles de los hombres, sino también sus intenciones más profundas y sus pensamientos más recónditos. La justicia celestial no puede ser sobornada, manipulada por mentiras, influenciada por favoritismos o distorsionada por información incompleta. Operando desde la eternidad sobre la eternidad, la justicia de Dios es fundamentada en su naturaleza perfecta, en su amor desbordante y en su verdad absoluta que nunca cambia. Esta justicia es absoluta porque proviene del trono mismo donde mora la perfección, es perfecta porque emana de una esencia que no tiene defecto, y es eterna porque Dios es eterno y su justicia es parte esencial de su misma naturaleza divina.
La palabra hebrea más común para justicia es tzedakah. Se entiende desde la perspectiva de una alianza, de un compromiso adquirido a través de un pacto en donde Dios se mantiene eternamente fiel en su promesa. Se trata de una justicia que busca restaurar el orden, la armonía y la relación correcta entre Dios, la humanidad y la creación. Su justicia se activa para defender a aquellos que son marginados u oprimidos por sus propios semejeantes; como las viudas, los huerfanos, los extranjeros. Su justicia, es una que busca enderezar aquello que las personas hemos torcido y busca limitar el caos producto de los pecados.
Sólo el que peque merece la muerte. Ningún hijo pagará por el pecado de su padre, ni tampoco ningún padre pagará por el pecado de su hijo. El hombre justo será juzgado por su justicia, y el malvado será juzgado por su maldad. Ezequiel 18:20
El fruto de estos malos deseos, una vez concebidos, es el pecado; y el fruto del pecado, una vez cometido, es la muerte Santiago 1:15
En el otro extremo de la línea tenemos a la justicia de los hombres sobre la tierra, por contraste es imperfecta, limitada, cambiante y muchas veces errónea. Operando desde la tierra, la justicia humana es perecedera porque su fundamento está en estructuras humanas que se deterioran, en leyes que se modifican, en jueces que mueren y en sistemas que colapsan. La justicia de los hombres se basa únicamente en evidencias visibles, testimonios que pueden ser falsificados y pruebas que pueden ser incompletas o manipuladas. Puede ser sobornado por dinero, influenciada por favoritismos, distorsionada por mentiras o deteriorada por falta de información completa. Lo que un juez considera justo hoy, otro juez puede considerarlo injusto mañana, porque la justicia humana está sujeta a -tendencias, modas- cambios culturales, políticos y de temporada.
¿Cómo puede un Dios perfectamente justo perdonar al ser humano pecador sin dejar de ser justo? ¿La paciencia -misericordia- de Dios se debe leer como impunidad? Dios nos otorga tiempo adicional y oportuno para que cada persona descubra su propia injusticia, escuche la voz del Espíritu Santo y corra hacia el arrepentimiento. Pero, si el corazón responde desde la obstinación recurrente y desde una rebelión orgullosa, la justicia rectificadora terminará operando, porque Dios no puede negar su propia naturaleza santa.
¿Qué conoce David acerca del corazón de Dios? El Salmo 32 se trata de una oración de confesión, pero que en su desarrollo es más que eso, es un auténtico itinerario espiritual. Es una solicitud de perdón, este texto describe una ruta para alcanzar el perdón a través de unos honestos y profundos pasos en arrepentimiento que muestra este salmo:
Reconocimiento: Mi pecado te declaré... Dios conoce su pecado.
No ocultar / Destapar: No encubrí mi iniquidad... No hay más engaño.
Confesión: Confesaré mis transgresiones... Arrepentimiento activo.
Perdón: Tú perdonaste la maldad... Restauración completa.
Bajo la luz del salmo 32 el rey David describe que él experimenta las devastadoras consecuencias de la injusticia y el encubrimiento de sus peores faltas (su pecado, transgresión e iniquidad). Al ser confrontado, al confesar y destapar su corazón (vulnerable), David se rinde ante la realidad de que ha roto el pacto y ha destruido la armonía con el prójimo y con Dios. Al recibir el perdón, David no solo experimenta una remisión de la culpa, sino que es restaurado a la tzedakah divina. Dios, en su justicia perfecta y fiel al pacto, absorbe el costo de la transgresión y capacita al ser humano caído para volver a caminar en una relación recta y transparente.
A partir de la entrada del pecado hubo consecuencias. Nadie puede tragarse de nuevo las palabras que ya dijo, no las podemos hacer regersar. Estas saldrán y cumpliran aquello que se les mandó hacer. Por esa razón la espada entró a las casa de David y sus hijos, el trono de Israel fue atacado constantemente por los herederos de la monarquía, la violencia sexual causó dolor a sus propias hijas y el hijo que esperaba murió. El reino unido, se va a romper en partes.
El perdón de Dios puede cubrir a todos estos niveles del error (pecado, transgresión, iniquidad, abominación), pero tiene limites claros basados en la condición del receptor, no en la gravedad del acto. El único pecado que Dios no puede perdonar es el rechazo final del ser humano hacia el llamado al arrepentimiento por parte del Espíritu Santo.
Mientras yo esté asumiendo que dentro de mi todo está bien, no pasará nada. Pero, en el instante exacto en que yo mismo observe mi propia maldad, mi error, las fallas, debilidades, atracciones que me alejan de la voluntad de Dios. Seré conciente de mi falta y de mi necesidad de ser ayudado. Ese error, mi propia falta es un indicador de mi imperfección y de mi urgente necesidad de alguien superior a mi que posea la capacidad y el poder para vencer aquello que me ha derrotado vez tras vez. Este paso -de decidir- ya no seguir caminando en la dirección equivocada y girar hacia Dios; es la puerta de mi arrepentimiento. Al acudir a Dios y confesar a Él mi pecado podré experimentar que Dios es misericordioso y que Dios le concede su perdón a quien acude oportunamente creyendo que sí recibirá perdón. Bajo esta única condición, experimentaremos el perdón de Dios.
Esa comodidad producto de negar tus batallas es más peligrosa que los gigantes. David nunca escribió acerca de su lucha contra el gigante. Pero, para dicha nuestra, escribió acerca de como esa comodidad haciendo amistad con sus deseos más bajos nos arroja a la soledad más oscura. El otro riesgo es que el poder ilimitado produce una reducción de la empatía hacia las demás personas. Se divorció de su propósito inicial de marchar a la guerra.
Dios -ahora mismo- dispone de un espacio de misericordia que tú puedes aprovechar en este mismo instante. Dios es lento para airarse, Él generoso y amplio a la hora de utilizar su misericordia. Acude oportunamente mientras esta puerta está abierta para tí, medita y examina tus errores, confiesa tus faltas a Él, decide no volver al estado de donde habías estado. Descubre a un Padre bueno que perdona nuestros más graves errores. Disfruta de una oportunidad inmerecida y de los regalos que en su amor ha preparado para tí. ¡Qué disfrutes!



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