¿Qué hacen los reyes? El propósito de un rey dentro del reino se fundamenta en el hecho de estar siempre atento para responder a las demandas del reino. La expectativa de un rey es que encarne la autoridad delegada de Dios, unificando, protegiendo y guiando al pueblo según la voluntad de Dios. Un rey debe cumplir fielmente cada día con algunas funciones como ser el líder militar, firmar las leyes, símbolo de la unidad y el modelo moral y ético.
Ustedes, antes que nada, busquen el reino de Dios y todo lo justo y bueno que hay en él, y Dios les dará, además, todas esas cosas. Mateo 6:33
... y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre: a él sea gloria e imperio para siempre jamás. Amén. Apocalipsis 1:6
La gloria le pertenece únicamente a Dios. Para cada hombre y mujer, que a través de su arrepentimiento y la redención de Jesús ha entrado a vivir a su reino, reconoce que para sí mismo existe un propósito completamente ligado al reino de Dios. ¿Será posible que un rey se desenfoque o pierda su propósito después de haber sido ungido como rey?
Sin embargo, desde el día en que David mató a Goliat, Saúl comenzó a tener mucha envidia de David. Y es que cuando el ejército regresó de la batalla, las mujeres salieron a recibir al rey y en sus danzas y cantos decían: «Saúl mató a mil soldados, pero David mató a diez mil». Al oír tales cantos, Saúl se enojó mucho y pensó: «A David le dan diez veces más importancia que a mí. ¡Ahora sólo falta que me quite el trono!» 1 Samuel 18: 6-9
El caso del rey Saúl. Después de varias victorias, un día Saúl experimentó una emoción secundaria compleja de envidia y celos, acompañada de temor resentido ante el éxito, favor o reconocimiento ajeno, que percibe como amenaza personal a la identidad, a la posición o valor propio.
Algunos, también lo llaman "la ira del ego herido", la "pérdida de identidad en Dios", o "rechazo al favor soberano de Dios sobre otros". El rey Saúl no logró gestionar de manera correcta "lo que escuchó", tenía problemas para encontrar el oro que hay dentro de los demás, no toleraba ver unos ojos bonitos en la cara ajena. Él quería para sí mismo la fama que David recibía. Pero, dejó crecer los celos en su corazón.
Al día siguiente, mientras David tocaba el arpa, Dios envió a un espíritu malo para que atormentara a Saúl. Entonces Saúl se puso como loco dentro del palacio, y como tenía una lanza en la mano, se la arrojó a David con la intención de dejarlo clavado en la pared. Pero David logró quitarse a tiempo dos veces. 1 samuel 18: 10-11
La Biblia describe el primer intento de asesinato de Saúl contra David, impulsado por un "espíritu maligno" (ruaj ra'ah) enviado por Dios tras la pérdida de su unción. "Deliraba" (hitnabbe') implica posiblemente en trance furioso, mientras David toca arpa para calmarlo —como antes— pero Saúl le arroja una lanza para empalarlo. Esto demuestra que la presencia de Dios ya se había ido de su lado y Saúl no fue capaz de ver las señales.
Portar una corona real con un carácter débil ante el pecado; la inseguridad o el miedo, representa un motivo esencial de análisis y reflexión para todo líder en la actualidad. La autoridad delegada al ser ungido y recibir una corona real "amplificará" tus errores de carácter. Pero, ¿quién de nosotros no es atraído o quién no es débil? Es hora de hacer una revisión observando con detenimiento hacia nuestro interior, es tiempo de observar aquello que provoca que mi corazón se incline de golpe en un instante. Saúl comenzó a pensar, a sentir y a hablar desde el dolor de su herida; sus respuestas eran emocionales e inmediatas. Su conciencia tenía puestos los lentes de la envidia y esto alteró su visión.
Si el enemigo te ataca sin piedad, existe una razón: El rey Saúl persiguió con saña a David por celos ante su unción divina, mostrando que el espíritu maligno en Saúl temía el destino de un David ungido.
La crisis del rey Saúl provocó en los otros a su alrededor confusión, dispersión, incertidumbre y desconfianza; se volvió alguien impredecible. A largo plazo, todo esto le produjo agotamiento, cansancio y desconfianza al alma y cuerpo de Saúl. Es que la rebelión (no obedecer a Dios plenamente) nos conducirá a la opresión. El rey ungido perdió el propósito al priorizar su auto-preservación sobre la obediencia a Dios, llevándolo a una prisión de celos obsesivos, persecución irracional y hasta a consultar a adivinos.
La crisis interna del rey Saúl afectó su entorno: Al reino de Israel, la unidad se empezó a romper desde adentro, luego llegarán las guerras al interior del reino por siete años y vacíos de poder. El miedo e inseguridad, combinados con autoridad, pueden terminar reproduciendo patrones tipo Saúl (control, celos, reactividad).
Todo esto surge de las alarmas no atendidas —como la inseguridad, rechazo o fracaso—, activando respuestas automáticas e impulsivas.
Genera actitud defensiva, control o contraataque, amplificando conflictos (ej. Saúl persiguiendo a David por celos).
Produce ciclos tóxicos: autocompasión, culpar a otros, aislamiento emocional.
Deja "heridas en heridos", dispersando equipos en lugar de unirlos.
No debemos pasar por alto las alarmas, no es correcto dejar para otro momento -procrastinar- el confrontar nuestro propio error. Posponer tu restauración puede resultar muy caro llevándonos hasta un juicio y un cambio de plan. El pesar -de Dios- (nacham en hebreo, "pesar/arrepentimiento") surge por el dolor santo por el pecado que frustra el cumplimiento del propósito divino. Mientras Samuel llora noches enteras por Saúl (a quien ungió), mostrando empatía pastoral y duelo por fracaso del reino. Aunque Samuel experimentó solidaridad y empatía, esto se extendió y lo estacionó en la inacción, pero Dios necesitaba avanzar. Dios corrigió a Samuel y le dio nuevas asignaciones para ungir al futuro rey. Se trató de dos sentimientos diferentes -entre Dios y Samuel- en su duración, propósito y naturaleza.
Finalmente, el Señor le dijo a Samuel: ―Basta ya de llorar a Saúl, porque lo he rechazado como rey de Israel. Toma un cuerno de aceite de oliva, ve a Belén y busca a un hombre llamado Isaí, porque a uno de sus hijos he escogido para que sea el nuevo rey. 1 Samuel 16:1
Samuel jamás volvió a ver a Saúl, aunque siempre sintió por él una gran tristeza. Y también a Dios le causó pesar el haber puesto a Saúl como rey de Israel. 1 Samuel 15:35
Lastimosamente, el rey Saúl no se volvió a encontrar con su propósito cuando tuvo la oportunidad de ser corregido, sanado y restaurado.
Actúa oportunamente. A pesar de mis disfuncionalidades y de mi torpeza, a pesar de mis muletas mentales, a pesar del formato que me ha sido impuesto por la cultura (cerebro enculturado), a pesar de toda mi debilidad, a pesar de haberme metido en las cárceles eternas voluntariamente. No hay que esperar. En este mismo instante tú puedes recibir salud emocional, salud en tu alma, sanidad espiritual, sanar viejas heridas del corazón, las cicatrices de la traición, de los abusos, de las viejas etiquetas sociales. Ahora mismo experimenta tu oportunidad de vivir en plenitud. El infinito poder de Dios puede limpiar tu corazón si le muestras tu error, si confiesas tu debilidad, Él escucha y perdona a quien le busca con humildad.
Si hiciéramos una actividad lúdica en la que tú pudieras escoger ser el rey Saúl o ser el rey David, ¿Qué rey te gustaría ser? Creo que la gran mayoría escogería ser el rey David.
Llegó la primavera, que era cuando los reyes salían a la guerra. Ese año David envió a Joab y a los jefes de su ejército a pelear contra los amonitas, pero él se quedó en Jerusalén. Y Joab y todos sus hombres vencieron a los amonitas y conquistaron la ciudad de Rabá. 2 Samuel 11:1
Delegar no me exime de mi responsabilidad; la ausencia de Dios me arrastra a la caída moral. David, rey en plenitud, ignora sus deberes militares ("tiempo en que los reyes van a la guerra"), eligiendo su propio confort. Esto ilustra como los líderes espirituales "se rezagan" del propósito divino, abriendo la puerta a la corrupción. Todos los reyes en su lugar, estaban cumpliendo con lo que era su deber hacer. Todos, menos el rey David. Él no fue a la guerra.
David decidió convenientemente no sacrificar la comodidad del palacio real; la comida real, su cama real, la ropa linda y limpia, el calzado de diseñador, el brillo del diseño de interiores de los salones, la impresionante vista desde la azotea. Así que delega a Joab, quedándose en palacio por ociosidad/comodidad. Joab era el sobrino de David (hijo de su hermana Zeruya), comandante supremo de su ejército, leal pero implacable).
El apego a la comodidad. La corona real de Israel está ahora sobre alguien con inclinación a no asumir su responsabilidad, que disfruta de procrastinar, evita la confrontación, evita el sacrificio, sufre de cansancio y fatiga selectiva, ha perdido el disfrute por cumplir sus deberes con excelencia, no se deleita en buscar el cumplimiento de las promesas de Dios, justifica disfrutar de lujos y que prioriza su propia conveniencia sobre sus deberes. David renunció a sus obligaciones, negó su llamado, rompió con su propósito por un solo día.
El apego al confort se combate sustituyendo comodidad con santidad, servicio y misión como eje del liderazgo.
Reordenar la motivación: de cómodo a santo. Ora intecionalmente: “Señor, líbrame de buscar la comodidad más que tu voluntad”.
Adopta la santidad personal como tu prioridad principal, substituye el bienestar emocional inmediato. Revisa ¿qué decisiones tomé recientemente, pensando en mi confort y no en el binestar del Reino?
Incluye un pequeño sacrificio diario. Introduce sacrificios concretos, pequeños pero constantes. Levantarte más temprano e invertir más minutos en la oración y lectura de la escritura. Hacer esa visita incómoda. Tomar esa tarea que nadie quiere hacer. Entrena el “músculo” de ir contra la comodidad, como mi disciplina espiritual.
Vivir fuera de mi zona de confort: Programa una actividad mensual que te desenfoque de tu busqueda de confort. Predica fuera de un templo, sirve en un área que no controlas, evangelismo callejero, acompaña a los rechazados. Pasa de “¿por qué me pasa esto?” a “¿para qué me está formando Dios con esto?”.
Estructuras de rendición de cuentas: Ten 2 o 3 personas (lideres maduros) que puedan preguntarte frecuentemente: “¿Dónde te has acomodado?, ¿Qué sacrificio estás evitando?Permite que tu equipo señale o te indique cuando delegas lo difícil y te reservas lo cómodo.
Recuperar el valor y el precio exacto pagado por mi salvación. Predica y medita regularmente textos sobre costo del discipulado (Lc 9:23; Lc 14:26-33).
Vuelve norma interna: “Liderar es sufrir por amor” (2 Co 4:8-11), no “llegar a una vida más fácil”.
Hábitos que matan la pereza espiritual. Rutina espiritual fija (oración, Palabra) aunque no haya ganas; ganas vienen después de la obediencia. Limita tu tiempo frente a las pantallas y al entretenimiento; decide un tiempo máximo diario y usa el tiempo liberado para discipular a alguien, estudiar, escuchar frente a frente a la gente.
Usa el cansancio como una alarma: ¿Mi fatiga es producto del trabajo en el Reino o de conveniencia y dispersión?
Una tarde, al levantarse David de su cama y pasearse por la azotea del palacio real, vio desde allí a una mujer muy hermosa que se estaba bañando. Esta mujer estaba apenas purificándose de su período de menstruación. David mandó que averiguaran quién era ella, y le dijeron que era Betsabé, hija de Eliam y esposa de Urías el hitita. David ordenó entonces a unos mensajeros que se la trajeran, y se acostó con ella, después de lo cual ella volvió a su casa. 2 Samuel 11:2
Todo en un día. Este no era un día de descanso, era un día laboral y estaban en plena guerra, resultó ser -para el líder- un día completamente improductivo. David estaba entre sus 40 o 50 años y experimentó debilidades y descuido al ceder el gobierno de su vida a la carne. Para un hombre de esa edad se recominda dormir entre 7 a 9 horas, desde las 10 de la noche anterior, hasta las 6 de la mañana. En la tarde de ese día experimentó alteración en su reloj biológico e inercia del sueño después de dormir cerca de 15 horas. Esto suele venir acompñado de niebla mental, memoria pobre, concentración baja y toma decisiones lenta.
David esa tarde desde un plano privilegiado y con una vista de superioridad "vio" (ra'ah) no se trata de una mirada casual, sino de una vigilancia lujuriosa. Observa a Betsabé hermosa y se quedó mirando fija y obsesivamente, alimentando el deseo carnal sin huir del lugar; David decidió mirar otro segundo más. Mientas Betzabé -obedientemente- hacia su ritual de purificación al finalizar su periodo menstrual. La falla en el caracter de David se hace evidente; falta de dominio propio acumulado por la práctica de la poligamia; David en ese momento ya contaba al menos con 7 esposas: Mical, Ahinoam de Jezreel, Abigail, Maaca, Haguit, Abital y Egla; sin incluir a las concubinas, que se estiman en cerca de diez.
Delegó y ordenó investigar a la mujer casada que vió desde la azotea, y yá sabiendo que se trataba de la "esposa de Urías". Ignoró la santidad de esta relación matrimonial, se sintió superior a todo. Nunca se detuvo a meditar, actuó a máxima velocidad y "se acostó con ella" sin ningún tipo de reflexión. Ese día David abandonó y cambió sus prioridades y deberes de rey por una noche de placer por sobre el respeto al pacto matrimonial.
Abuso de poder absoluto. El poder absoluto corrompe al corazón que no está siendo vigilado. "Mandó mensajeros que se la trajeran" —ordenó a sus leales súbditos actuar fuera del marco de la ley, como la máxima autoridad real viola todo consentimiento, la justicia y su rol protector ante las viudas y esposas (Salmos 72).
Violación de la ley mosaica. Adulterio, ignora la impureza ritual de Betsabé (Levitico 15). Como juez que representa a Dios en la tierra, contamina su trono.
Descuido de su papel profético. Actúa autónomo, erosionando la legitimidad moral ante súbditos.
Encubrimiento. Deja que ella vuelva a su casa, plantando la semilla de la corrupción institucional. Ella queda atrapada en una mentira y en silencio mantiene alianza con el rey corrupto. Así transcurrió ese día en que David renunció a ser el rey de Israel y se subió a lo más alto de su propio ego.
El rey David abusó de su autoridad al usar el poder absoluto del trono para satisfacer lujuria personal, ordenando traer a Betsabé al palacio y acostándose con ella, violando la ley mosaica contra adulterio (Éxodo 20:14). Para encubrir el embarazo, manipuló a Joab enviando a Urías —leal hitita y su guardia elite— al frente de batalla más peligroso ante Rabá: "Ponlo en medio de la batalla y retírate de él para que sea herido y muera" (2 Samuel 11:15). Así engañó al soldado fiel, cometiendo asesinato por correo y destruyendo familia ajena por egoísmo.
Natán -el fiel y valiente profeta de Dios- entra al palacio real y le cuenta una parábola impactante al rey:
«En cierta ciudad había dos hombres. Uno de ellos era rico, y el otro era pobre. El rico tenía muchas ovejas y muchas vacas; en cambio, el pobre sólo tenía una ovejita. La había comprado, y él mismo la había criado y cuidado como si fuera su propia hija. Tanto quería ese hombre a la ovejita que hasta le daba de comer de su mismo plato, y la dejaba recostarse y dormir en su pecho. Y así la ovejita fue creciendo junto con los hijos de ese hombre. Un día llegó un visitante a la casa del rico, y el rico lo invitó a comer. Pero como no quería matar ninguna de sus ovejas ni de sus vacas, le quitó al pobre su ovejita y la mató para darle de comer a su visitante». 2 Samuel 12:1-4
David, indignado, sentencia un juicio: ¡Merece la muerte! Entonces Natán declara: ¡Tú eres aquel hombre!, exponiendo que el adulterio y el asesinato se han instalado en su casa. Natán profetiza otro juicio: "La espada nunca se apartará de tu casa", por despreciar la Palabra de Dios pese a todas las bendiciones recibidas.
Su corazón se quebrantó; aunque indignado inicialmente, David reconoció su abuso de poder, el adulterio y el asesinato de Urías. Confesó inmediatamente: "He pecado contra Jehová" (v.13), sin excusas. Compuso Salmo 51, clamando misericordia, reconociendo pecado exclusivo contra Dios, pidiendo corazón limpio y restauración gozo salvación. Aceptó juicio (muerte hijo, espada familiar), ayunó intercediendo, mostrando arrepentimiento genuino que contrasta con la justificación que Saúl asumió, recuperando comunión divina. Las consecuencias de ese día en que "el hombre" se relajó y no quizo ser el rey: Pierde autoridad familiar (hijos rebeldes), real (revueltas) y espiritual (Natán: "espada nunca se apartará"). La raíz de su debilidad: Complacerse en el éxito. Pero, sin vigilancia. Yá Jerusalén ha sido conquistada, sus enemigos han sido vencidos y el trono está firme. No consultar a Dios o al profeta, ocio sin rendición de cuentas, sin disciplina y caminando en la sombra gris de la poligamia. David conocía que el corazón de Dios es justo y misericordioso. Así logró escribir:
Sé muy bien que soy pecador,
y sé muy bien que he pecado.
A ti, y sólo a ti
te he ofendido;
he hecho lo malo,
en tu propia cara.
Tienes toda la razón
al declararme culpable;
no puedo alegar
que soy inocente.
Tengo que admitir
que soy malo de nacimiento,
y que desde antes de nacer
ya era un pecador.
Tú quieres que yo sea sincero;
por eso me diste sabiduría. Salmos 51:3-6
La batalla contra la tentación. David no escribió acerca de su batalla contra el gigante Goliat. Pero, sí escribió de la batalla más dificil que tuvo que enfrentar. Su enemigo más peligroso no era un externo, no era un desafio militar, ni político. Era el corazón sobre el trono del reino de Israel. Se trata de la lujuría; un enemigo invisible. No era un campo de batalla; era el lugar donde él habitaba (la azotea y su cama). No era lidiar con el precio de la fama; era luchar ante la humillación personal. Esta vez David no es alguien de quien no se espera nada, era alguien de quien se espera solo lo mejor, con las más altas expectativas.
No le irá bien al que oculta sus pecados, pero el que los confiesa y se aparta será perdonado. Proverbios 28:13
Esta confesión libera la transformación divina, removiendo culpa para restaurar gozo y justicia, versus ocultamiento que agota espiritualmente. David modela que el liderazgo requiere vigilancia post-éxito; arrepentimiento oportuno convierte fracaso en testimonio eterno de gracia misericordiosa. El rey David es ese hombre que se reencontró con su propósito real.
El corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas. ¿Quién puede decir que lo conoce? Jeremías 17:9








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