Ir al contenido principal

Descubriendo quién es Jesús

Mi tamaño y la velocidad de mi avance son magnitudes relativas, dependen en mucho contra aquello que las comparemos. ¿Mi velocidad caminando sobre la superficie de la Tierra o mi velocidad de avance en el espacio exterior y en relación con qué? En mi dimensión espiritual también podemos ver algunas medidas importantes para saber acerca de mi mismo. ¿Comparado con la santidad del trono del cielo quien soy yo? ¿Comparado con la justicia del Padre bueno, cómo estoy yo? ¿Comparado con la pureza de Dios, cuanta contaminación o pureza hay en mi? El ser humano de nuestra época comparte algunas caracteristicas que de forma transversal definen su relación con Dios y con la eternidad:

La maldad y el pecado que habita dentro de cada uno nos ha condenado eternamente. Nuestros actos injustos se van acumulando de un instante al siguiente, cada vez son más, somos deudores de justicia y esclavos sometidos a la autoridad de nuestro amo el pecado.
Esta característica -pecadaminosa- nos aisla y nos excluye de poder compartir el mismo espacio donde está la gloria y la presencia de Dios, lo que nos hace en automático enemigos de Dios.
Nuestra naturaleza contaminada de pecado nos impide defender nuestra causa delante del juez.
Los seres humanos vivimos rechadazdos, solos, alejados y desconfiados.
Nuestra naturaleza humana se contaminó, transmitimos y heredamos nuestra maladad y pecado. Esperamos el día de nuestro último suspiro en la Tierra para partir de aquí igual o más corruptos que el primer día. Somos vistos como torpes ovejas sin pastor, sin guia, desaorientados y sin un dueño que nos cuide de verdad.

Diametralmente opuesto al hombre de hoy. En el otro extremo, a 180 grados, en el lado opuesto de la línea nos encontramos con Jesús. Quien posee algunas cualidades deseadas y necesitadas por el hombre caido y altamente necesitado:

Jesús es el Salvador que es capaz -ahora mismo- de rescatarme de mi condición eterna.
Jesús, es también, mi redentor. Él asumió el papel de mi redentor y me liberó de la esclavitud del pecado, la muerte y de la maldad. Jesús es mi dueño, Él me adquirió, me re compró.
Jesús me hace un ser aceptable delante de la presencia del Padre. Él es mi justificador, me presenta como alguien "justificado" ante el trono y presencia de su Padre. Su Padre no ve mi maldad, mira a Jesús y a su justicia.
Él es mi abogado defensor, ahora mismo está sentado al aldo derecho del Padre intercediendo por mi.
Jesús es mi pastor, el que me guía, el que me corrige y el que me sostiene.
Es mi amigo, me permite eacercarme confiadamente a Él. Jesús me recibe así como estoy y me transforma como nadie más.
Aún con todo lo que Jesús es y representa para mi, existen algunas ideas muy poderosas que limitan mi vida diaria y cotidiana. Son pensamientos a los que escuchamos tan fuerte dentro de nosotros mismos que cancelan y anulan el mover de Dios dentro de nosotros. Algunos de esos pensamientos -fortalezas espeirituales- que nos toman como sus prisioneros o rehenes son: ¡Yo nunca cambiaré, así soy! ¡Dios nunca podrá perdonar este error! ¡Mi pasado junto a mis errores definen quien soy y quien seré! ¡Tengo que demostrar -con mi rendeimiento- que soy suficientemente bueno!

Mi redención. La primera pista que nos deja ver la posibilidad de una ruta que permita redimir la revelión de los humanos en el jardín del Edén ocurrió un día en el jardín en que Dios llamó a a Adán y este en lugar de responder como de costumbre trató de ocultarse entre árboles y hojas al experimentar la desnudez y la vergüenza por primera vez. Al final de ese terrible día hubo un juicio; la serpiente no obtuvo ninguna posibilidad de perdón, ni de redención. La mujer -la humanidad- recibió una promesa; uno de sus hijos vencerá a la descendencia de la serpiente y recuperará el reino perdido.

Habrá siempre enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la de ella. El descendiente de la mujer te aplastará la cabeza, mientras tú solamente le morderás el talón. Génesis 3:15

El pecado se instaló y tomó gobierno de la humanidad, los humanos no pueden dejar de pecar por más que pongan toda su voluntad en esto. El pecado es un poder con autoridad sobre la vida de cada hombre o mujer, de esta manera los humanos pasamos a ser hijos de aquel a quien obedecemos.

Ustedes son de su padre el diablo, y quieren cumplir con los deseos de su padre, quien desde el principio ha sido un homicida. No se mantiene en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de lo que le es propio; porque es mentiroso y padre de la mentira. Romanos 8:44

Es así porque todos hemos pecado y no tenemos derecho a gozar de la gloria de Dios. Romanos 3:23

Los humanos estamos en medio de un problema que nos supera ampliamente y la amenaza podría afectarnos eternamente a todos. El pecado nos mantiene alejados -sin infraestructura- para alcanzar la presencia gloriosa de Dios, y -además- no contamos con la autoridad, ni las herramientas para solucionar este grave problema.
Hasta que el mesías, alguien que sí posee las cualidades de redentor, asuma voluntariamente ese papel y comience su camino desde el río Jordán hasta el Golgota, muera y sea colocado dentro de una tumba, baje, venza a la muerte y tome sus llaves y vuelva a vivir.
El pecado posee poder para esclavizar: Domina los deseos humanos, distorsiona la voluntad y aleja a la persona de Dios. Jesús vino a [ἐξαγοράζω (exagorazō)] liberarnos de esa deuda y esclavitud. Redimir -por tanto- significa liberar a alguien pagando el precio satisfactorio para obtener su libertad integral.
En el mundo antiguo, un esclavo podía ser liberado mediante el pago de un rescate adquiriendo así, una relación de lealtad para con su redentor.

Yo, el Hijo del hombre, soy así. No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para liberar a la gente que es esclava del pecado, y para lograrlo pagaré con mi vida. Marcos 10:45

La redención debe entenderse dentro del conjunto del mover de Dios a favor de la humanidad donde el Padre envía al Hijo, el Hijo se entrega voluntariamente y el Espíritu aplica esa obra transformadora al creyente. Así Jesús es el redentor porque, mediante su entrega voluntaria, rompe el poder esclavizador del pecado y devuelve al ser humano a la pertenencia de Dios; nos recompra. Así que pasamos a ser beneficiados de una obra completa "financiada" en el cielo. Por eso Pablo nos dice:

pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que proveyó Cristo Jesús, Romanos 3:24

Jesús es mi salvador, porque Él me rescató de la condenación eterna.Salvar significa rescatar de un peligro y conducir a un estado de seguridad y vida. En la Biblia, el peligro humano no es solamente una enfermedad, una crisis económica o una dificultad emocional. El problema profundo es el pecado y sus consecuencias como la separación de Dios, muerte y juicio. Su salvación nos otorga la reconciliación con el Padre bueno, perdón, vida nueva, pertenencia al nación santa y esperanza futura.
La salvación también tiene una dimensión colectiva y comunitaria. Dios no nos salva para producir individuos aislados, sino para incorporar a las personas al cuerpo de Cristo -su iglesia- y enviarlas a vivir como testigos del Reino. La palabra griega σωτηρία (sōtēria) designa liberación, preservación, rescate y restauración. Jesús es el Salvador porque nos rescata de la condenación, nos reconcilia con Dios, nos comunica vida nueva y nos conduce hacia la restauración final.
Justificar es cambiar de status, es un término tomado del ámbito judicial. Significa que el Padre bueno declara justo al humano pecador que confía -adopta a través de la fe- la obra redentora de Jesús. Esto no quiere decir que Dios llame bueno al pecado, ni que ignore la maldad. Significa que Jesús cargó y asumió la condena por nuestra maldad y pecado y que Dios concede pecador arrepentido una nueva posición delante de él.
Jesús es nuestra justificación porque, unidos a él por la fe, el pecador arrepentido recibe delante del Padre un veredicto de aceptación que se basa en la justicia y la entrega voluntaria de Jesús y no en base a nuestros propios méritos.
Dios nos ha aceptado porque confiamos en él. Esto lo hizo posible nuestro Señor Jesucristo. Por eso ahora vivimos en paz con Dios. Nos alegra saber que, por confiar en Jesucristo, ahora podemos disfrutar del amor de Dios, y que un día compartiremos con él toda su grandeza. Pero también nos alegra tener que sufrir, porque sabemos que así aprenderemos a soportar el sufrimiento. Romanos 5:1-3

Jesús me recibe así tal como estoy y me transforma como nadie. Jesús no vino solamente a cambiar el expediente espiritual del ser humano, sino también toda su vida.
La transformación comienza con la unión con Cristo. La persona no cambia simplemente por recibir información, o por adoptar reglas o por experimentar una emoción intensa. Cambia porque participa de una nueva relación con Jesús. El pecador arrepentido ya no se define principalmente por su pasado, ni por su error y su vergüenza, su rendimiento religioso o su reputación social. Ahora me define mi unión con Jesús. Desde esa nueva identidad, comienza un proceso real de renovación.
Jesús transforma al ser humano porque lo une a sí mismo, le da una nueva identidad delante del Padre y, mediante el Espíritu, renueva -progresivamente- todo su ser. La santificación es la transformación del carácter de Jesús dentro del pecador arrepentido. Jesús cambia quién yo soy y mi relación delante del Padre.

Si tú has pasado por el arrepentimiento y has confiado en Jesús. Hoy puedes decir Jesús me salvo. Fui rescatado del destino que el pecado produjo en mí: la separación de Dios, condenación y muerte. La salvación no trata solo de escapar del castigo futuro (librarme del juicio); es comenzar a vivir bajo el señorío de Jesús, con una nueva esperanza, una nueva dirección y la promesa de la resurrección. Ya he sido reconciliado con Dios, pero todavía espero la consumación completa de esa salvación cuando Cristo restaure plenamente todas las cosas.

Dios pronunció sobre mi un veredicto favorable, no porque mis obras sean de alto impacto, sino porque la obra de Jesús es suficiente. Justificar no significa que Dios haya declarado que nunca pecaste; significa que, unido a Jesús, ya no te trata como un condenado, sino como alguien cuya deuda ha sido resuelta por la obra de Jesús. Por eso Pablo afirma que ahora estamos:
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” Romanos 5:1
La base de mi aceptación del Padre bueno no es la calidad de mi desempeño espiritual, sino la fidelidad y el amor que a mi redentor Jesús mantiene hacia mí.

Antes, yo estaba alejado de Dios por causa del pecado; ahora puedo avanzar hasta el lugar de su presencia y permanecer muy cerca del Padre. Dios no solo canceló una sentencia; creo una escalera, construyó un puente y restauró la relación. Dios me reconcilió con Él mismo por confiar en la obra de Jesús y ya no toma en cuenta mis transgresiones en base a mi condena eterna. Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios. Antes éramos sus enemigos, pero ahora, por medio de Cristo, hemos llegado a ser sus amigos, y nos ha encargado que anunciemos a todo el mundo esta buena noticia: Por medio de Cristo, Dios perdona los pecados y hace las paces con todos. 2 Corintios 5:18-19

Mi conversión no es solo cambiar de destino; es comenzar una nueva existencia. Pablo lo expresa así:
“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” 2 Corintios 5:17
Esto significa que el poder del pecado se rompió en pedazos, aunque su presencia todavía debe ser combatida. Habrá luchas, caídas, arrepentimiento y crecimiento. La transformación es real, ya nadie te condena.

Ahora podremos responder a la pregunta ¿quién es Jesús en mi vida? con certeza y autoridad de hijo adoptivo: Soy un pecador arrepentido, pero no estoy condenado, porque estoy escondido en Jesús. Fui esclavo del pecado, pero Jesús me redimió y soy libre para servirle. Estaba completamente perdido, pero Jesús me salvó. Era culpable, pero Dios me ama tanto que me justificó por la fe. Estaba alejado, pero fui reconciliado con el Padre. Todavía estoy siendo transformado, pero ya soy una nueva creación. No vivo para ganar el amor de Dios; vivo porque en Jesús ya he sido recibido por él.

¡Jesús, gracias por todo el amor y el pago tan alto que has hecho por mi rescate! ¡Eres digno de todo honor! ¡Recibe mi vida!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Renovando el aceite de mi lámpara.

Tarjeta de invitación a una boda Alguna vez escuché a un anciano líder cristiano expresar que el día en que lleguemos -por fin- al cielo. Ese día en particular, será un día de grandes sorpresas. » No todos los que dicen que yo soy su Señor y dueño entrarán en el reino de Dios. Eso no es suficiente; antes que nada deben obedecer los mandamientos de mi Padre, que está en el cielo. Cuando llegue el día en que Dios juzgará a todo el mundo, muchos me dirán: “Señor y dueño nuestro, nosotros anunciamos de parte tuya el mensaje a otros. Y también usamos tu nombre para echar fuera demonios y para hacer milagros”. Pero yo les diré: ¡Apártense de mí, gente malvada! ¡Yo no tengo nada que ver con ustedes!   Mateo 7:21-23 Nos va a sorprender que veremos a personas que nunca esperábamos encontrar allá, pero un poco más nos va a sorprender descubrir que algunos que dábamos por hecho encontrar, nunca llegaron allá. Y  los que lleguen allá deberán buscar su nombre en una lista. E...

Puedes perder muchas túnicas, más nunca tu propósito y destino.

Esta es la historia de Jacob, que vivió en la tierra de Canaán, donde antes su padre había vivido como extranjero. Cuando su hijo  José tenía diecisiete años, ayudaba a sus hermanos mayores, los hijos de sus mujeres Bilhá y de Zilpá , a cuidar las ovejas. Pero, José le contaba a su padre lo mal que se portaban sus hermanos. Jacob -su padre- amaba a José más que a sus otros hijos, pues había nacido cuando este ya era muy anciano. Por eso le hizo una túnica de muchos colores ( kethoneth passim ) . Pero sus hermanos lo odiaban, y ni siquiera le hablaban, pues veían que su padre lo quería más que a todos ellos. Una noche José dormía y tuvo un sueño. Cuando despertó y se lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron todavía más,... "... Cuando ellos lo vieron acercarse, antes de que él llegara a donde ellos estaban, se pusieron de acuerdo para matarlo. Unos a otros se decían: «¡Vaya, vaya! ¡Aquí viene ese gran soñador! Vamos a matarlo y a echarlo en uno de estos pozos, y diremos qu...

Ser sensato, requisito para ser Rey.

Las personas del siglo 21, viven en un mundo demandante de sensatez. Lo podemos ver hoy en situaciones cotidianas como cuando conducimos nuestros coches en medio del trafico de nuestras ciudades. O bien, cuando tenemos mucho rato haciendo una larga fila que avanza muy lento, y todo contribuye a perder el buen juicio. Si usted trabaja en un mueble de atención al público, recibirá muchas provocaciones de personas cansadas y malhumoradas, así también de personas que aunque no han tenido un mal día no pueden tratar con respeto a sus semejantes o pares, siempre buscan devaluar la dignidad de los demás, e imponerse de forma grosera.  No era muy diferente en otras generaciones antes que la nuestra, siempre han habido insensatos. La sensatez te hará brillar en medio de la falta de sabiduría. Se hace muy notoria -la insensatez- en las relaciones personales, y en las finanzas personales. Nuestro cuidado personal, buena nutrición, ejercicio físico, los contenidos que consumimos a di...