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Expandiendo la capacidad actual de mi fe.


La vida de los hombres buenos brilla como la luz de la mañana: va siendo más y más brillante, hasta que alcanza todo su esplendor. Proverbios 4:18

Desde el amanecer hasta el mediodía, el brillo de luz se va perfeccionando más y más de forma gradual.
Dios se revela a sí mismo a través de algo que llamamos la revelación divina, esta opera bajo principios de capacidad y medida, como si se tratara de recipientes que disponen de una capacidad defenida y se llenan poco a poco desde no tener nada hasta alcanzar su límite estructural según su diseño. Se describe a la revelación divina como la comunicación precisa de Dios a través de las Escrituras originales (hebreo y griego), enfatizando su cumplimiento profético en Jesús y su aplicación literal para Israel y la Iglesia. Representa la revelación general y profética de las Sagradas Escrituras, así como el "Así dice el Señor" de los profetas, que establece el marco para toda comprensión espiritual. Se entiende por la revelación divina, al acto mediante el cual Dios se da a conocer (desvelar) al ser humano, comunicando verdades que serían inaccesibles solo por el simple razonamiento humano. Está disponible para los herederos del reino. La tradición bíblica; los profetas y la Ley, representan un tipo de recipiente hecho con piel de un animal pequeño; un odre antiguo que, habiendo sido útil y cumplido un propósito, llega el tiempo en que ya no le es posible expandirse más para contener la plenitud de la nueva revelación encarnada en Jesús, el Ungido de Dios. Esta limitación no es un defecto en sí mismo, sino que obedece al diseño divino que prepara el terreno -una nueva temporada- para un recipiente nuevo, una nueva estructura, una de mayor capacidad.
Contenedores definidos por Dios para revelarse de forma contenida en distintas temporadas.
¿Qué es ensanchar? Según la Real Academia Española (RAE), ensanchar significa principalmente "extender, dilatar o aumentar la anchura de algo". Proviene del latín examplāre y se usa como verbo transitivo para describir la acción de hacer más amplio un espacio físico o figurado, como ensanchar una carretera o los horizontes mentales. En el sentido primario es espacial: ampliar capacidad para contener más. En la Biblia conocida como la Septuginta traduce del hebreo harḥîḇî al griego como plátune (πλάτυνε, imperativo de platýnō πλάτυνω: hacer más ancho, ensanchar, de platýs amplio). Este verbo griego implica expansión horizontal, usado en contextos de alivio o libertad. Continúa: "extiende" (anapétason, extender velas); "no restrinjas" (mḕ feídomai, no escatimes); "alarga" (mēkýnon, elongar); "fortalece" (stḗrixon, fijar estacas). Enfatiza la orden de girar 180 grados e iniciar la preparación estructural para la gloria de una gran cosecha. (Isaías 54:2)

La capacidad limitada de la Ley y de los profetas. La Ley (Toráh) y la palabra profética del TaNaK constituyen un recipiente de revelación con medida definida, incapaz de estirarse indefinidamente. En Deuteronomio 18:18-19, Dios promete levantar un profeta como Moisés, pero este sistema profético tiene un tope: "Hablaré a él boca a boca, manifiestamente, y no en visiones oscuras; y verá la semejanza de Yahvé" . Los profetas como Isaías o Jeremías reciben visiones y palabras, pero su capacidad es finita, como piel curtida que se endurece tras usos repetidos.

«Óiganme bien. ¿Por qué se atreven a hablar mal de Moisés? Ustedes saben que cuando yo quiero decirles algo por medio de un profeta, le hablo a éste por medio de visiones y de sueños. Pero con Moisés, que es el más fiel de todos mis servidores, hablo cara a cara. A él le digo las cosas claramente, y dejo que me vea». Números 12:6-8

La revelación desde Génesís hasta Malaquías fue completada.
El profeta Malaquias (4:5-6) cierra esta era profética: "He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Yahvé grande y terrible". Este texto marcó el límite: la palabra profética culmina en un precursor, no en expansión ilimitada. La Ley, dada en el monte Sinaí, guía al pueblo de Dios pero no es capaz en sí misma de transformar el corazón plenamente: "La ley se dio por medio de mensajeros y con un mediador" (Gálatas 3:19, refiriendose al TaNaK), señalando su rol preparatorio y su incapacidad para contener la "justicia de Dios por la fe de Jesucristo"La Biblia misma nos enseña claramente que ahora Dios nos acepta sin necesidad de cumplir la ley. Dios acepta a todos los que creen y confían en Jesucristo, sin importar si son judíos o no lo son. Romanos 3:21-22.

Jesús mismo, señala a esta saturación en Lucas 16:16: "La ley y los profetas fueron hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado". El recipiente profético se llenó hasta el borde; intentar verter más lo rompería, como el vino nuevo en odres viejos: Tampoco se echa vino nuevo en recipientes viejos, porque cuando el vino nuevo fermenta, hace que se reviente el cuero viejo; así se pierde el vino nuevo, y se destruyen los recipientes. Por eso, hay que echar vino nuevo en recipientes de cuero nuevo. De ese modo, ni el vino ni los recipientes se pierden. Mateo 9:17

El cierre del recipiente antiguo. El TaNaK anticipa este agotamiento. En 1 Samuel 3:1 leemos: "En aquellos días no había revelación manifiesta de Yahvé", mostrando interrupciones en la revelación profética. »Cuando esto haya pasado, les daré a todos mi espíritu: hombres y mujeres hablarán de parte mía; a los ancianos les hablaré en sueños y a los jóvenes, en visiones. Joel 2:28 promete un derramamiento futuro "después de esto", pero condicionado al "día de Yahvé", no como extensión lineal de los profetas previos. La Ley ata al pueblo en obediencia externa (Deuteronomio 27-28), pero Jeremías anuncia su insuficiencia: El Dios de Israel dice: «Viene el día en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y con el pueblo de Judá. En el pasado, tomé de la mano a sus antepasados y los saqué de Egipto, y luego hice un pacto con ellos. Pero no lo cumplieron, a pesar de que yo era su Dios. Por eso, mi nuevo pacto con el pueblo de Israel será éste: »Haré que mis enseñanzas las aprendan de memoria, y que sean la guía de su vida. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Les juro que así será. »Ya no hará falta que unos sean maestros de otros, y que les enseñen a conocerme, porque todos me conocerán, desde el más joven hasta el más viejo. Yo les perdonaré todas sus maldades, y nunca más me acordaré de sus pecados. Les juro que así será». Jeremías 31:31-34

Este "estar atado" (concepto de asar en hebreo: atar o ligar) se completa en la era profética. No malinterpreten la razón por la cual he venido. No vine para abolir la ley de Moisés o los escritos de los profetas. Al contrario, vine para cumplir sus propósitos. Mateo 5:17
Jesús en  no vino a katálysai (derribar o desatar) la Ley, sino a plērôsai (llenar hasta rebosar). El griego plērōo implica saturar un recipiente ya en máxima capacidad: los profetas, como odres endurecidos, no admiten más fermentación; su medida y capacidad de expasión se agotó. No crecen más, ni se extienden más.

En la carta a los Hebreos 1:1-2 se nos explica que "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo". La pluralidad profética (muchos profetas) se contrasta con la singularidad profética plena de Jesús, señalando que el límite se ha alcanzado.
Se necesita una nueva nueva estructura, un contenedor mayor al anterior.
La nación de los llamados a servir al Señor, está a punto de experimentar un nuevo cambio, se viene una producción de los viñedos nunca antes experimentada. De pronto, nos surge la necesidad de un nuevo recipiente de mayor capacidad que sí pueda ser llenado por completo. La nueva revelación demanda un contenedor expandible, un odre fresco, de piel elástica y cuya capacidad pueda ser ampliada. Marcos 2:22 explica: ¿Y a quién se le ocurriría poner vino nuevo en odres viejos? El vino nuevo reventaría los odres y se perderían el vino y los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos.
Voy a dar a conocer
lo que Dios ha decidido.
Él me dijo:
«Tú eres mi hijo;
desde hoy soy tu padre.
¡Pídeme lo que quieras!
Te daré como herencia las naciones;
¡todo el mundo será tuyo!
Salmo 2:7-8
El TaNaK anticipa esto en los Salmos donde el Ungido recibe todas "las naciones por heredad", en una medida completa -global- que excede a la capacidad tribal (estrecha) de la Ley. Isaías 42:1-4 describe al Ungido de Dios trayendo justicia a las naciones gentiles, expandiendo los limites anteriores más allá de las tribus de Israel.

«¡Miren a mi elegido, al que he llamado a mi servicio!
Él cuenta con mi apoyo; yo mismo lo elegí, y él me llena de alegría.
»He puesto en él mi espíritu, y hará justicia entre las naciones.
Mi fiel servidor no gritará, no levantará la voz, ni se le oirá en las calles.
No les causará más daño a los que estén heridos, ni acabará de matar a los que estén agonizando.
Al contrario, fortalecerá a los débiles y hará que reine la justicia.
No tendrá un momento de descanso hasta que haya establecido la justicia en esta tierra.
¡Los países de las islas del mar esperan recibir sus enseñanzas!» Isaías 42:1-4
Odre lleno a máxima capacidad de vino viejo.
Un odre de piel de oveja, como los usados en tiempos bíblicos, es un recipiente portátil de piel curtida de oveja joven (2-3 mm grosor), sellada con brea, con forma ovalada de 40-60 centimetros de diámetro y 50-80 cm de altura, capaz de contener 5-40 litros de vino (equivalente a 7-50 botellas modernas). Pesa vacío 1.5-3 kg y lleno hasta 50 kg, expandiéndose un 20-30% durante la fermentación gracias a su flexibilidad inicial, pero este es su límite clave: tras 1-2 usos (6-18 meses óptimo a 10-18°C), la piel se endurece y no soporta más presión de vino nuevo, reventando como advierte Jesús (Marcos 2:22). Comparado a una mochila de camping de 20-30 litros, ilustra la capacidad saturada de la Ley y profetas: suficiente para revelación parcial, pero incapaz de contener la plenitud mesiánica sin romperse. Ensanchar la tienda de fe (Isaías 54:2) requiere este nuevo "odre" de mayor medida.
Jesús es ese recipiente nuevo: "En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2:9). Su capacidad es ilimitada porque es la Palabra hecha cuerpo (Juan 1:14,14: "Y la Palabra se hizo carne"), no solo una voz profética. Efesios 3:19 habla de "la plenitud de Dios" que llena a los creyentes a través de Cristo, un derramamiento que los odres viejos no pudieron contener. Y todo esto va ocurrir en un tiempo corto, será una revelación altamente acelerada, todo se moverá a un nuevo ritmo.

En el Pacto Renovado, en la segunda carta a los corintios 3:6-18 contrasta: la letra de la Ley mata, pero el Espíritu vivifica; el velo se quita en Cristo, permitiendo expansión ilimitada "de gloria en gloria". En Hebreos 8:6-7 el nuevo pacto es "establecido sobre mejores promesas", requiriendo un nuevo contenedor para la revelación que transforma interiormente.

Jesús es la medida plena del Ungido. La capacidad de Jesús supera toda previa porque es el Hijo eterno (Hebreos 1:2-3, "por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia"). Juan 1:16-17 resume: "De su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia; porque la ley por Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo". Moisés y profetas eran sombras; Jesús, la realidad plena: La ley de Moisés era sólo una muestra de lo bueno que Dios nos iba a dar, y no lo que en verdad nos daría. Por eso, la ley nunca puede hacer perfectos a los que, cada año, van al santuario a ofrecer a Dios los mismos sacrificios de siempre. Hebreos 10:1.

Esta progresión culmina en Apocalipsis 19:10: "El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía", invirtiendo el flujo —ya no profetas limitados recibiendo, sino la profecía fluyendo desde Jesús sin medida. Me arrodillé a los pies del ángel, para adorarlo, pero él me dijo: «No hagas eso, pues yo soy siervo de Dios, lo mismo que tú y tus hermanos que siguen fieles al testimonio de Jesús. Adora a Dios.» Pues ese testimonio de Jesús es el que inspira a los profetas. Así, Dios desata lo atado no destruyéndolo, sino llenándolo en Cristo, el recipiente definitivo que expande la revelación divina a toda creación:  Pero él se acercó y les dijo: «Dios me ha dado todo el poder para gobernar en todo el universo.  Ustedes vayan y hagan más discípulos míos en todos los países de la tierra. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Enséñenles a obedecer todo lo que yo les he enseñado. Yo estaré siempre con ustedes, hasta el fin del mundo.» (Mateo 28:18-20). Israel, como recipiente de revelación divina durante la era de la Ley y los profetas, alcanzó su capacidad máxima de contención, similar a una mujer abandonada, viviendo en vergüenza y estrecha escasez profética.
En medio del silencio posterior a los días del profeta Malaquías, irrumpe la promesa de un tiempo de expansión radical en Isaías 54:2, que transforma esa limitación en una cosecha desbordante de escala inédita, demandando preparación estructural para no perderla. Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Isaías 54:2

Un campamento con varios ojél. El ojél más chico es para un solo habitante; es un espacio personal, intimo e individual.
Israel -el pueblo de Dios- es representada aquí como una como mujer limitada y abandonada. Durante el tiempo de la Ley y los profetas, Israel funcionó como un odre endurecido o una tienda raída: su capacidad para recibir revelación estaba saturada al límite. La Toráh y las palabras proféticas la guiaron, pero el pueblo vivió en "extrema y estrecha escasez espiritual", como describe Oseas 2:14-15,  donde Dios la atrae al desierto en abandono simbólico, o Ezequiel 16:6-8, retratándola como niña abandonada en sangre y vergüenza, cubierta apenas por la Ley externa. Esta era culmina en silencio profético (1 Samuel 3:1; Malaquías 4:5), con la mujer —Israel— limitada a la pobreza de obediencia ritual, sin expansión interior (Jeremías 31:32).

La limitación es estructural: los profetas, como Moisés o Elías, recibieron medidas finitas ("hablaré boca a boca", Números 12:8, pero no ilimitado), y la Ley ata sin transformar el corazón plenamente (Deuteronomio 29:4 "El Señor no os ha dado corazón para entender"). Israel, viuda espiritual tras el exilio babilónico y el silencio intertestamentario, vive en vergüenza (Isaías 54:4 "No te avergüences... porque te has olvidado de tu Dios en tu juventud"), confinada a una muy pequeña tienda estrecha que no admite más estacas.

Irrupción profética en el silencio. En medio de este encierro, se rompe el silencio con un mandato imperativo: "Ensancha el lugar de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no impidas, alarga tus cuerdas y fortalece tus estacas". Este versículo no es mera restauración física post-exilio (Isaías 54:1 inicia con "Regocíjate, estéril, la que no daba a luz"), sino profecía mesiánica de escala cósmica. La mujer estéril —Israel limitada— multiplicará descendencia más que las casadas, previsualizando la cosecha del Reino (Gálatas 4:27 cita Isaías 54:1 para el pacto renovado).

El cambio de escala a la brevedad pues va a ocurrir en una misma generación. El contexto inmediato (Isaías 54:1-3) vincula esta expansión a una descendencia incontable y posesión de puertas enemigas, eco de la promesa abrahámica superada (Génesis 22:17). En el silencio profético, esta irrupción anuncia que la capacidad antigua se agotó; se requiere agrandar la tienda para una cosecha "extraordinariamente grande, de otra escala".

Los 3 capítulos del libro del profeta Isaías (53,54 y 55) ilustran la progresión de capacidad: en el capítulo 53 Isaías llena el límite expiatorio (odres saturados); en el caítulo 54 expande la tienda para cosecha; y en el capítulo 55 invita a beber la revelación plena en Jesús, transformándonos "de gloria en gloria" (2 Cor. 3:18).

Cosecha desbordante y necesidad de preparación. La razón es clara: "Porque más son tus moradores que los que se juntan, y los que te desampararon huyeron" (Isaías 54:3), pero el foco está en la preparación para no desparramar la bendición. Las cuerdas alargadas y estacas fortalecidas evitan que la tienda colapse bajo la presión expansiva, como odres viejos ante vino nuevo (Marcos 2:22). Esta cosecha es la revelación plena en Jesús: Hebreos 1:1-2 contrasta la fragmentaria profecía pasada con la definitiva en el Hijo, cuya medida rebasa la tienda antigua.
Cambio abrupto de escala, desde un ojél hasta toda esta generación sobre la tierra.
Jesús encarna esta expansión: en Juan 4:35-38, urge a sus discípulos: "Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega", una cosecha global que Israel no podía contener sola (Mateo 13:38 "el campo es el mundo"). El nuevo recipiente —la Iglesia como Israel renovado (Gálatas 6:16)— extiende estacas a gentiles (Isaías 54:3; Efesios 2:14-16), recibiendo la plenitud del Espíritu (Joel 2:28, cumplido en Hechos 2).

»Cuando esto haya pasado, les daré a todos mi espíritu: hombres y mujeres hablarán de parte mía; a los ancianos les hablaré en sueños y a los jóvenes, en visionesJoel 2:28

Conexión con la capacidad mesiánica. Así, la limitación de la Ley y profetas (Romanos 8:3 "lo que era imposible a la ley") se resuelve en el Ungido, cuyo cuerpo es el nuevo templo-tienda (Juan 2:19-21; Apocalipsis 21:3). Isaías 54:2 profetiza la transición: de la mujer pobre y abandonada a la expandida por gracia, preparada no por esfuerzo propio, sino por el Redentor que llega (Isaías 54:5 "Porque tu marido es tu Hacedor"). La cosecha no se desparrama porque Jesús fortalece las estacas eternas, llenando la nueva medida divina hasta rebosar (Efesios 3:19-20).

No pares de crecer, no te conformes a la medida actual. La progresión de la revelación divina, desde los odres limitados de la Ley y los profetas hasta la plenitud en Jesús, culmina en una expansión personal: ensanchar el "espacio" de nuestra tienda mediante el crecimiento intencional de la fe. Esta capacidad espiritual, como las estacas de Isaías 54:2, debe provocarse desde nuestra voluntad, para contener toda la increíble cosecha venidera sin desparramarla.

en cuya humanidad habita toda la plenitud de la divinidad Colosenses 2:9

Hemos observado cómo la era profética —odres viejos endurecidos (Mateo 9:17)— alcanzó su máxima medida bajo la Ley (Mateo 5:17, plērôsai), incapaz de expandirse más, como Israel viuda y empobrecida (Isaías 54:1-4). Jesús, el nuevo recipiente de escala superior (Hebreos 1:1-2; ), irrumpe en el silencio para llenar lo saturado, demandando tiendas agrandadas (Isaías 54:2). Esta progresión no es pasiva: pasa del límite estructural antiguo a la preparación activa para una cosecha desbordante (Juan 4:35).
Ensanchar el espacio interior con fe. El mandato de Isaías 54:2 —"Ensancha el lugar de tu tienda, alarga tus cuerdas, fortalece tus estacas"— se aplica hoy al "espacio" interior de la fe. Nuestra fe actual, a menudo estrecha como la tienda raída de Israel en exilio, refleja la limitación profética pasada: suficiente para la obediencia básica, pero insuficiente para la cosecha global del Reino (Mateo 13:38). Ensancharla implica medirla contra la capacidad de Jesús: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13), expandiendo desde una fe infantil a una confianza madura (Hebreos 5:12-14). ¿Tu corazón es un recipiente escalable en confianza y en servicio?

Jesús modela esto en Marcos 9:23-24 "Si puedes creer, al que cree todo le es posible", respondido por el padre: "Creo; ayuda mi incredulidad". La fe no es estática; crece como mostaza (Mateo 13:31-32), pero requiere acción voluntaria para no desparramar lo nuevo.

Provocación voluntaria y anhelo apasionado. Este desarrollo debe nacer de nuestra voluntad: un anhelo ardiente, no mera aceptación. Hebreos 11:6 declara: "Sin fe es imposible agradar a Dios", pero Santiago 1:6-8 urge pedir "sin dudar", como quien extiende cuerdas con pasión. Es un deseo profético activado: "Desead afanosamente los dones espirituales" (1 Corintios 14:1), provocándose a sí mismo como David: "Probadme, oh Dios, y conoced mi corazón" (Salmo 139:23).

Romanos 12:11 nos motiva, nos invita y exhorta: "En el trabajo sed constantes, en el servicio fervientes en espíritu", ferviente (zeō, hervir) como fermento en odres nuevos. Esta provocación voluntaria alinea nuestra medida personal con la de Cristo (Efesios 4:13 "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe... a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo").

El fin del mundo llegará cuando las buenas noticias del reino de Dios sean anunciadas en toda la tierra, y todo el mundo las haya escuchado. Mateo 24:14

Preparados para la cosecha de la nueva temporada. La nueva temporada —postrer derramamiento (Joel 2:28; Hebreos 12:26)— trae una cosecha "de otra escala" (Mateo 24:14 "predicado en todo el mundo"). Sin fe ensanchada, se desparrama como granos sin contenedor (Hageo 2:7 "sacudiré las naciones, y vendrá el Deseado"). Pero con estacas fortalecidas por voluntad apasionada, contenemos la gloria: "Amplía el espacio de tu carpa" (Isaías 54:2) se hace personal, midiendo nuestra fe por Marcos 11:22-24:

Jesús les dijo: —Confíen en Dios. Les aseguro que, si tienen confianza y no dudan del poder de Dios, todo lo que pidan en sus oraciones sucederá. Si le dijeran a esta montaña: “Quítate de aquí y échate en el mar”, así sucedería. Sólo deben creer que ya está hecho lo que han pedido.

No hay tiempo, es momento de decidir. Inquieta y provoca a tu espíritu ya mismo —desea, alarga, fortalece— para la medida de la cosecha que ya está a las puertas.
¿Eres lo suficientemente expandible o escalable para  entrar exitosamente en la próxima temporada de cosecha y no desparramar los frutos que vienen?
¿Existe ahora mismo espacio en tu corazón para ver a toda tu generación viniendo a los pies de Jesús? 

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