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Encontrados por Dios


¿Cómo se conquista un mundo que habías perdido? ¿Cómo se recupera un reino que te fue quitado? ¿Cómo se repara la infraestructura desaparecida? La narración bíblica del origen de la humanidad sobre la Tierra nos muestra una era en la que nuestro planeta estaba sumergido literalmente en el caos. Completamente cubierto de agua sobre toda su superficie. Sin ningún tipo de vida en su interior. Estaba —además— cubierto de oscuridad espiritual y física hasta que el Rúaj Hakódesh se hizo presente y comenzó a aletear sobre este.
Cuando Dios comenzó a crear el cielo y la tierra,
la tierra no tenía forma, ni había en ella nada que tuviera vida.
Las aguas estaban cubiertas por una gran oscuridad,
pero sobre la superficie del agua se movía el espíritu de Dios
Génesis 1:1-2

Todo el trabajo creador de Dios fue auditado y calificado al final de cada día. Al ver toda la obra de sus manos, se solía escuchar a Dios verificar lo hecho con un satisfactorio "bueno". Pero, al completar la obra creadora del día 6, Dios utilizó un adjetivo superlativo para calificar la creación del primer ser humano hecho a su imagen y a su semejanza:
Dios vio todo lo que había hecho, y todo había quedado muy, pero muy bien. Luego llegó la tarde y después la mañana. Ese fue el sexto día. Génesis 1:31
Imagina un puente, uno que sirve para unir a dos reinos.
A los humanos se les delegó ser los reyes del jardín. Por las tardes, el (ruaj) viento hacía su entrada y llenaba el lugar, y luego Dios se tomaba un rato para caminar con el hombre y platicar; era un tiempo increíble de comunión entre el Reino de los cielos y el reino de la Tierra. Los humanos y Dios vivían en perfecta armonía, sin culpa, sin dolor, sin enfermedad, sin necesidades insatisfechas, muy próximos el uno del otro; Dios y el hombre hecho a su imagen y semejanza. Hasta que los humanos pusieron en pausa sus responsabilidades y su propósito como el rey del reino. El hombre no quiso ser más el sacerdote de su matrimonio; la mujer no quiso ser más la ayuda idónea para su esposo. Hasta que un mal día cada uno de los dos salió por ahí por un rumbo diferente. Lo que finalizó, como ya todos sabemos: Eva (Javá = dadora de vida), sin la cobertura y vulnerable, muerde la fruta prohibida, le comparte a Adán (Adam = humano), quien también la muerde y, curiosamente, ninguno de ellos está en el lugar donde se supone que deberían estar.
En medio de un (rúaj) ventarrón retumbaba la voz del SEÑOR Dios que caminaba por el jardín. Entonces, al oírlo, el hombre y la mujer se escondieron del Señor Dios entre los árboles del jardín. Génesis 3:8

¿Cómo nos perdimos? La consecuencia de romper toda relación con el Reino de los cielos fue la expulsión y la destrucción completa del vínculo entre los humanos y el Reino de los cielos. No quedó infraestructura espiritual que reuniera a ambos reinos. Los humanos quedaron sin puente y sin escalera. Así el hombre y la mujer salieron del Jardín del Edén sin vida plena, sin autoridad, sin salud abundante, descalzos y solo con lo que llevaban puesto.
Después de expulsar al hombre y a la mujer, Dios puso unos querubines al este del Edén, y también puso una espada encendida que giraba hacia todos lados, para impedir que alguien se acercara al árbol de la vida. Génesis 3:24
Jacob descansa en Betel; ahí recibe un sueño revelador.

Dos mil cien años después de Adán y Eva, Jacob viaja desde Beerseba hacia Harán y llega exhausto a un lugar solitario al atardecer, tras huir de su hermano gemelo Esaú, y decide pasar la noche allí porque el sol ya se ha puesto. Toma una de las piedras del suelo para usarla como almohada y se acuesta a dormir en ese sitio desolado, que más tarde llamará Betel.
Allí soñó que había una escalinata apoyada en la tierra y cuyo extremo superior llegaba hasta el cielo. Por ella subían y bajaban los ángeles de Dios. Génesis 28:12

Casi cuatro mil años después de Adán. Luego de 29 vueltas al sol caminando sobre la superficie de la Tierra, Jesús, después de pasar algún tiempo en Belén, luego en Egipto, después de algunas visitas a las fiestas en Jerusalén, un buen día...
Después volvió a Nazaret, el pueblo donde había crecido. Un sábado, como era su costumbre, fue a la sinagoga. Cuando se levantó a leer, le dieron el libro del profeta Isaías. Jesús lo abrió y leyó:
«El Espíritu de Dios está sobre mí,
porque me eligió y me envió
para dar buenas noticias a los pobres,
para anunciar libertad a los prisioneros,
para devolverles la vista a los ciegos,
para rescatar a los que son maltratados
y para anunciar a todos que:
“¡Este es el tiempo que Dios eligió para darnos salvación!”»
Jesús cerró el libro, lo devolvió al encargado y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga se quedaron mirándolo. Entonces Jesús les dijo: «Hoy se ha cumplido ante ustedes esto que he leído.» Lucas 4:16-21

Se trató de un manifiesto de intenciones, donde el Reino de los Cielos declara que lo está dando inicio en ese mismo instante. Lo hace a través de su embajador, a través de su vocero, a través de quien hará que todo esto se haga posible. Se inicia un tiempo de salvación, de redención, un tiempo de reconquista del Reino de los Cielos sobre el reino de la Tierra. Jesús continuó haciendo revelaciones poderosas y explicando el camino de regreso hacia el Padre bueno. El cielo no espera recibir buenas personas, ni una versión mejorada de la vieja persona. Se demanda una transformación profunda llamada regeneración o nuevo nacimiento. El cielo admite únicamente pecadores arrepentidos. Personas que den frutos visibles de desear obedecer la voluntad de Dios. Tampoco se trata de sentir un poco de remordimiento o culpa, o bien, algo de dolor pasajero por saberse contaminados de la maldad y del pecado.
A partir de entonces, Jesús comenzó a predicar: «Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca». Mateo 4:17
Arrepentirse (metanoéo) significa un cambio radical de mente, corazón y dirección: Volverse del pecado y la autonomía humana hacia la sumisión y obediencia al gobierno divino de Jesús como Rey. Jesús nos pide que μετανοέω. Literalmente, nos invita a vivir cambiando nuestra disposición mental. Que a su vez proviene de dos palabras también griegas, metá y noiéo (entendimiento, mente), que en español equivale a pensar diferente al mundo y sus deseos, y arrepentirse. De forma que, si una persona ha venido caminando toda su vida dando la espalda a Dios y avanzando en alejarse, ignorando su plan e ignorando su verdad, haga un giro de 180 grados en la dirección opuesta y comience a caminar hacia la verdad, hacia la luz. El arrepentimiento se puede entender como desear que nunca hubiera sucedido; es la firme y contundente decisión de no volver a hacerlo más.
En este punto resulta muy importante responder algunas preguntas: ¿Estás dispuesto a renunciar a ser tu propio rey? ¿Podrías renunciar a hacer tu voluntad cada vez que surja el deseo impetuoso? ¿Estás dispuesto a ceder tu posición en el trono de tu vida?
Que tu reino venga pronto. Que se cumpla tu voluntad en la tierra como se cumple en el cielo. Mateo 6:10

La historia de Jacob en Betel resulta ser una historia ampliamente conocida entre todos los habitantes de Israel; los discípulos con toda seguridad la conocían muy bien. Así que esta referencia les ha quedado más que clara. El tiempo en que el Reino de los Cielos y el reino de la tierra estaban sin infraestructura espiritual de comunicación ha llegado a su fin y se inicia un nuevo tiempo. Se vuelve a instalar un nuevo puente, una nueva escalera, los ángeles del cielo vuelven a "importar" tesoros desde las bóvedas del cielo y las comparten en la tierra con los hijos de Dios.
Y agregó: «Les digo la verdad, todos ustedes verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre, quien es la escalera entre el cielo y la tierra». Juan 1:51
Todo esto se hace posible por el trabajo que realiza a favor nuestro el Espíritu de Dios, el Espíritu que da la vida. La única fuente de vida eterna disponible.
El que da vida eterna es el Espíritu de Dios; ninguna persona puede dar esa vida. Las palabras que les he dicho vienen del Espíritu que da esa vida. Juan 6:63

La obra salvadora y redentora que se completó a través del sacrificio de Jesús es una victoria sobre la muerte, el pecado y la enfermedad. Los que se sentían señores de la humanidad por tener las llaves de la muerte han quedado sin armas, sin autoridad, sin dominio legal.
Dios les quitó el poder a los espíritus que tienen autoridad, y por medio de Cristo los humilló delante de todos, al pasearlos como prisioneros en su desfile victorioso. Colosenses 2:15

Jesús modela el Reino: El Hijo de Dios representa al Padre en todo, guardando su testimonio para liberar su poder, extendiendo el gobierno divino por vía de sus dichos, de eventos sobrenaturales y maravillosos que trascienden las leyes naturales. Así como también de la obediencia, como el embajador que difunde la cultura del Reino de los Cielos en el reino de la tierra.
Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo les rogamos: ¡Reconcíliense con Dios! 2 Corintios 5:20
Jesús, como embajador plenipotenciario del Reino de los cielos, fue enviado con autoridad total para compartir su cultura: Paz, sanidad, poder en medio del "principado de este mundo" que ocupa el trono de facto.
El mundo en el que vivimos no es el mundo que Dios soñó. Nuestra realidad espiritual actual no es lo que debería ser. La Biblia describe un reino que empezó siendo perfecto en orden —el Jardín del Edén, donde cielo y tierra estaban unidos, donde Dios caminaba con el ser humano, donde no había miedo, culpa ni muerte— y describe también la tragedia de un reino caído, donde ese orden se rompe, donde el pecado introduce caos, violencia, injusticia y distanciamiento de Dios.

La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifieste claramente que somos hijos de Dios.
Romanos 8:16

Desde Génesis hasta Apocalipsis, la gran historia es esta: el Rey no se rinde; Él sale a buscar a Su creación, y Su plan de redención no es otra cosa que restaurar Su Reino a la tierra hasta que se pueda proclamar: “El reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de Su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos”.
¿Estás disponible para que el Reino de los Cielos te utilice hoy para activar los dones y tesoros del cielo hasta la tierra?

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