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El Dios disruptivo que no esperabas encontrar.


En el año 2019 solo unos pocos esperaban atentos a la próxima gran epidemia, los demás no. La emergencia sanitaria producto de la propagación del virus del SARS-CoV-2 vino a romper -de un golpe- un sistema de ordenamiento mundial. De pronto, la mitad de la población del planeta estaba paralizada y confinada en sus casas mientras las cadenas de producción global empezaban a sufrir. Rompió bruscamente con todo lo que estábamos haciendo de manera directa o indirecta, disolvió o ralentizó nuestros viejos esquemas. Algo se rompió y afectó todo lo demás.

Disruptivo. Del idioma inglés -Disrupt- hemos adoptado la idea de ruptura brusca; disruptivo. Entendemos que una idea disruptiva es aquella que provoca rupturas bruscas en la forma en la que se compite en un mercado, cambiando las reglas del juego. La ruptura brusca o disrupsión rompe esquemas, que salta patrones definidos y permite conseguir una mejor forma de hacer las cosas, y resolver un problema.

Por muchas generaciones el Eterno, el Dios Todopoderoso, el Dios tres veces Santo parecía estar muy lejos del hombre y sus errores. Su ley, nos dejaba ver claramente y desde todo punto de vista las áreas de nuestra vida que están sumergidas bajo la maldad y el pecado. Todo ese escenario de una ley que nos hace ver como pecadores delante del único Dios Santo, completamente incapaces de acercarnos confiadamente hasta Él. Nos limitaba para sostener una relación familiar, más cercana, más intima. Dentro de nosotros no se encuentran méritos, no había argumentos, no había medios.

»El SEÑOR dice: “Llegará el día en que haré un nuevo pacto con Israel y con Judá. No será como el que hice con sus antepasados, cuando los llevé de la mano para sacarlos de Egipto; puesto que ellos lo rompieron a pesar de que yo fui como un marido para ellos”, dice el SEÑOR. »Este es el pacto que haré con el pueblo de Israel después de esos días, dice el SEÑOR: Pondré mi ley dentro de ellos y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya nadie tendrá que enseñar a sus amigos y familiares a conocer al SEÑOR, pues todos me conocerán, desde el más pequeño hasta el más grande. Perdonaré sus faltas y me olvidaré de sus pecados. Es la decisión del SEÑOR». Jeremías 31:31-34

¿Por qué Yeshúa fue -en su generación y hoy- una persona disruptiva para la mentalidad religiosa legalista dominante? ¿Por qué Jesús, no era el mesías esperado por muchos?

»Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no me envió a este mundo para condenar a la gente, sino para salvarla. Juan 3:16-17

Su origen, a diferencia de Yohanán -Juan el bautista- no pertenece a una casta o linaje de sacerdotes o de maestros certificados.
No creció en una ciudad importante, como Jerusalén. Nació cerca, en Betléjem (בית לחם).
Por algunos años vivió como refugiado en Egipto, junto a sus dos padres.
Durante su temprana edad visitaba el templo de Jerusalén al menos una vez al año junto a sus padres y a sus vecinos, gente pobre.
Su vestuario era similar al de los esclavos, personas de muy baja categoría. Muy distinto a los maestros de su generación. 
Jesús enseñaba con total autoridad.
No se lavaba las manos según el rito de la tradición de los líderes.
Tocaba todo lo que estaba etiquetado como "inmundo" en el protocolo religioso más legalista. Muertos, enfermos de lepra, ciegos, mujeres con flujo de sangre, visitaba publicanos en sus casas, se rodeaba de prostitutas y ladrones. Se había ganado la terrible fama de ser su amigo, y algo descuidado con las tradiciones de los ancianos.
El día de descanso sanaba enfermos, y hacía otros milagros lejos de la tradición de los ancianos.
En lugar de juzgar duramente a los pecadores, se ganaba su confianza, se mantuvo siempre presto y accesible a ellos.
Caminaba por los territorios con etiqueta de inmundos, como Samaria.
Sostenía conversaciones profundas con mujeres, independientemente de su estado civil o nacionalidad.
Llama al Dios del cielo, su Padre. Nos pide que oremos también a nuestro Padre del cielo.
Enseñó que nadie debe servir de obstáculo (el satán) a los niños para llegar hasta Él, que los enfermos, pobres y segregados por el sistema religioso tienen acceso a su presencia, que a nuestro Dios ya no más le llamen con nombres sofisticados como el Eterno, el Todopoderoso, u otros que no se debían pronunciar. Que ahora le podemos llamar nuestro padre, y papito.
El ejercito de ocupación romano no fue marginado, también les atendió, les escuchó y les enseñó justicia a los soldados, capitanes o centuriones.
Les dijo a todos que venía del cielo, que allá había visto a Abraham, a Dios, y a los ángeles. Que en el cielo su oficio de constructor se utilizaría para preparar una nueva ciudad, que subió al cielo con su Padre y que desde allá, va a bajar nuevamente.
Aseguró que su familia y amigos la forman; no los de su casa y su sangre, sino aquellos que le escuchan y corren a obedecer.
Su grupo intimo de estudiantes era muy diverso y ecléctico. No tenían un perfil homogéneo, ni provenían de un linaje de sacerdotes o de destacados maestros de la ley.
Les enseñó sobre la regeneración y el nuevo nacimiento a los ancianos del Sanedrín.
Respetó al ejecito de ocupación romano y a su Emperador, no organizó ninguna acción militar o de acción social para sacarlos.
No toleró, y expulsó a los empleados de los sacerdotes que estafaban e impedían el paso de los adoradores en el templo de Jerusalén. Su temor a la muerte no impedía, ni limitaba su obediencia.
Nos convoca, nos invita para que "comamos" su carne y "bebamos" su sangre.
Jesús, nos presenta un nuevo tiempo, un nuevo molde, una nueva forma sin hacer nada, sin obras, ni méritos propios. Nos amó desde antes, para que aprendamos a amar a través de su ejemplo. A través de una relación de hermandad y paternidad, bajo una identidad de Hijo.
Ora por cada uno de nosotros ante su Padre. Intercede por ti y por mi como el Jefe de los Sacerdotes.
En posición diametralmente opuesta el modelo legalista, que hemos practicado por tanto tiempo, un modelo que termina por endurecer nuestro corazón por la persona que comete errores. No les vemos como a personas sumamente necesitadas, como alguien tremendamente urgido, somos incapaces de ver su pobreza espiritual, su emergente urgencia de ser rescatado y limpiado. El modelo religioso, alimenta la falsa idea de que vamos a llegar al cielo con todo el equipo de siervos de la congregación y una carpeta de certificados. Pero, allá nos reciben de a uno, a la vez y sin nada en la mano. El modelo legalista, interpreta al Espíritu vivificante de Dios, dentro de los limites de una definición denominacional sana y teológica, sin ninguna experiencia personal, sin convivencia diaria. Observa a la ofrenda como una buena inversión, no como la gratitud a Dios expresando que Él me sustentará. Observa la adoración como la oportunidad para calificar la exactitud y precisión de la interpretación de la partitura, no como su tiempo especial para venir a lavar los pies de Jesús. La alabanza es oída como una obertura que debe encender mis emociones y ser calificada como de buena o "más o menos". Más no para publicar las cosas maravillosas que recién han pasado en mi.
Hay un riesgo latente en cada uno, pues nos resulta más fácil escribir una lista de cosas prohibidas, publicarla y decir a los demás no hagas todo esto de ahora en adelante. Esto resulta ser más sencillo, lo que casi nadie desea hacer es guiar y acompañar a una persona en su proceso, en su desierto, en su huida de Jerusalén, en su noche de pesca, en su negación, en su escondite seguro, en fin. Jesús, nos buscó en el sitio mismo de nuestra corrupción y de allí nos sacó, nos buscó en la orilla y nos puso en el centro, nos incluyó en su lista y nos acompañó aun cuando casi estábamos renunciando a Él. Jesús, nos redimió al pagar lo que no podíamos pagar, limpió todo lo que no podíamos limpiar, nos bendijo y nos dio más de lo que podíamos imaginar.

Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿Cómo no habrá de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas? Romanos 8:32

Dios, nos ha entregado un paquete de promesas aun más increíbles que las que confió a Moisés. Dios, dispuso un nuevo tiempo, uno en donde podemos acercarnos a Él como Hijos adoptivos, uno en que podemos llamarle "papito", hizo una nuevo trato con nosotros, construyó lo necesario para que vivamos cercanos a Él en una relación de familia.

Pero a Jesús se le ha dado un servicio más importante. Asimismo, también el nuevo pacto que él trajo es más grande que el anterior porque se basa en mejores promesas. Hebreos 8:6

Si Dios habla de «un nuevo pacto» es porque considera que el primer pacto envejeció. Todo lo que envejece y se hace inútil está a punto de desaparecer.  Hebreos 8:13

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