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El día que Dios rompió el silencio.

Monte del templo en la época de Zacarías bajo el gobierno de Herodes el grande.
Antes de la venida del escogido de Dios, entre el año 300 y 400 A. de C, el pueblo de Israel "esperaba" a aquel que Dios prometió para rescatar y liberar de la esclavitud del error y del pecado, Israel vivía un tiempo de fría oscuridad en revelación divina. No pasaba nada, nadie esperaba nada. Nadie escuchaba a Dios, nadie hablaba de escuchar la voz de Dios.
Hoy mismo hay muchos que creen que las manifestaciones de Dios, su presencia en medio de nosotros, su amor activo, sus obras poderosas y mover sobre natural, su voz, y sus maravillas quedaron en el siglo primero, o son cosa de otra época. 
Hacía casi 3 o 4 siglos atrás que Dios había guardado silencio, entre el tiempo en que habló a través del profeta Malaquías y el escrito de Mateo. Se vivió un largo período de silencio, su voz -Dios- no fue escuchada por nadie sobre la tierra.
Hoy vamos a revisar juntos el pasaje del evangelio de Lucas 1: 6-20. Antes, vamos a recordar dos conceptos básicos:
Temor, es miedo por un riesgo imaginario o real. Genera incredulidad o resistencia o reservas a aceptar o creer en algo o alguien. 
En medio de esa dinámica de silencio de Dios, se aceptó como un hecho definitivo que Dios no nos hablaba más. 
Norma. Regla o normativa, estándar que es aceptada. Lo normal es conformarse a un estándar. A lo esperado, usual o típico. 
Entre el gran número de -cohanim- sacerdotes, había turnos y rotaciones, para servir una semana cada año por grupo, tenían que atender dos turnos en esa misma semana. Se hacía una rotación de fechas y asignación de servicios distribuida entre las distintas órdenes de sacerdotes. Pero en las principales fiestas del templo todos los equipos de sacerdotes según su orden debían servir juntos, y algunas funciones solo podían ser atendidas una única vez en la vida de cada sacerdote. 
Se consideraba que el sacerdote seleccionado para orar y quemar incienso en el altar de oro vestiría de forma especial para servir el día del perdón (Yom Kippur), que era su principal fiesta. 
Estaría atado a una larga cuerda en caso de morir, así sería recuperado su cuerpo. Además llevaría campanitas (alarma audible) para avisar en caso de muerte. 
Zacarías -זְכַרְיָה Zekjar·yáh- y su esposa Elisabet -Elisheva אֱלִישֶׁ֫בַע- (Dios es mi juramento) eran personas justas ante Dios. Guardaban los mandamientos y ordenanzas, cabe aclarar que por ser ambos de la familia sacerdotal debían observar muchas más reglas que un judío común. Elisabet, su esposa, es estéril y no ha tenido hijos, ésto le ha producido sufrimiento y señalamientos, aún en su propia familia se le llama "la estéril". Ambos eran ya personas muy mayores. 
Esta fecha y celebración era más un día que producía temor, no era un día de altas expectativas sobre cómo escuchar la voz de Dios y su mensaje.
Hace casi 4 siglos los sacerdotes venían cada nuevo año para servir en el templo el rito de cada celebración y sentían temor de caer muertos por atender esta celebración religiosa y tradicional. 
Zacarías está a unos minutos de atender su mayor privilegio, debe entrar al templo hasta el lugar santísimo, orar y quemar incienso, para luego salir sobre sus pies caminando, y así abandonar el lugar santísimo y bendecir al pueblo. Pero, este momento se vivía bajo temor y riesgo de morir fulminado y caer súbitamente sin vida. 
Para su fortuna, ninguno de sus temores se cumplió ese día. Cuando sus pies lo llevaron al santuario y entró al lugar santísimo vio a un ángel, allí frente a él estaba Gabriel el ángel del Señor. Al verlo al lado derecho del altar para el incienso Zacarías se asustó, y se alarmó mucho. Es muy posible que no haya ni quemado incienso, ni orado por el perdón del pueblo.
La tierra en esos días estaba tan acostumbrada al silencio y de Dios, que no había ninguna expectativa de su manifestación. 
El ángel intervino y le dijo: "Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan (Yohanán). Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada." 
Los estándares del cielo generan conflicto con nuestros estándares terrenales, nuestra mente reaccionará con duda e incredulidad, o con humildad y expectación. Las normas del cielo chocan con mis normas y mis pensamientos. 
En la mente de los judíos más devotos de esos días se creía que Dios ya no era capaz de cumplir sus promesas a pesar de mi mismo, y de mis circunstancias. Por eso este hombre duda de la revelación que acaba de recibir. 
La forma de pensar en la tierra, nuestra cultura y costumbres -la cultura de la tierra- en este siglo se convirtieron en obstáculo, son un límite, son un paradigma. 
Gabriel tiene que dar explicaciones adicionales a Zacarías. Yo soy un ser angelical de alta autoridad y jerarquía, vengo expresamente, directamente, del trono del Dios altísimo con un mensaje muy importante para ti. Traigo promesas que se van cumplir a pesar de tus temores y pensamientos llenos de dudas. Dios te ha incluido en sus planes maravillosos, te va a dar un regalo increíblemente maravilloso. Todo se hará a pesar de tus temores y dudas, se hará en su tiempo y lo vas a ver.
Silencio, no volvió a hablar por 9 meses.
Dios le silenció (חֵרֵשׁ) -le dejó sordo y mudo- "embotó sus sentidos" -jeresh- por dudar, por ser faltó de expectativas, por no caminar en la revelación, por dejar de estar expectante de un mover especial. Posiblemente el peso cultural de su tiempo le jugó en contra. La cultura materna, la cultura de nuestro entorno pueden pesar demás, y afectar nuestra capacidad de reaccionar correctamente.
Le hizo igual al estándar de silencio, de "ningún nuevo mensaje" se sumó a los siglos de silencio desde el profeta Malaquías. 
Hoy y aquí es nuestro tiempo, debemos abrir la mente y dejar atrás el silencio para abrir nuestro oído espiritual. Debemos esperar que lo vamos a escuchar, su voz nos compartirá un mensaje fresco, debemos esperar que estamos incluidos en sus planes, debemos creer que Dios hará algo nuevo, algo distinto, algo diferente, algo que romperá con mi lógica, algo que romperá mi molde, algo que afectará mi futuro para siempre, algo que afectará mi cuerpo, afectará a mi familia, un mensaje que cambiará este silencio por gozo.

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