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Hay de todo para quien sigue expectante.

Las oportunidades pueden ser muchas o pueden ser pocas. Es algo que cada uno decide tomar, o dejar pasar. Todo depende de la persona que las espera. La oportunidad es el momento o circunstancia única y conveniente para algo. Cuando la persona sabe bien lo que está esperando se mantiene atenta a todas las señales a su alrededor para no fallar y atrapar su oportunidad. Si se trata de una persona que ha estudiado muy bien su posición y sus posibilidades para ser potenciadas, es posible que no solamente aproveche una oportunidad, podría capitalizar muchas oportunidades. Entonces ¿Qué hace la diferencia? Esperar atentamente, permanecer expectante. Una mujer que se sabe está embarazada, suele mantenerse expectante, espera el momento del alumbramiento y se prepara para estar lista para cuando ese día llegue.
La Palabra de Dios, es el actor protagónico en la vida de los seres humanos. El emisor de ésta es Dios mismo. El auditorio receptor de esta Palabra puede ser diverso, y no necesariamente homogéneo en cuanto a su nivel de atención. En la generación de judíos que vivían en Israel hace 21 siglos atrás, en su mayoría esperaban a un mesías político y militar. Así que cuando Jesús llegó a vivir entre ellos no le vieron llegar, y pasó frente a sus ojos y oídos como un barco en la noche.
Por las noches usted puede disfrutar del paisaje sonoro del campo; si vive en medio del campo; seguro oye los grillos, los perros, los gallos o bien puede oír el paisaje sonoro urbano; los coches, camiones, trenes, sirenas de ambulancias, y otros sonidos en el caso de vivir en la ciudad.  Sin embargo, oímos muchas cosas a la vez mientras nos enfocamos en nuestras tareas y deberes cotidianos inmediatos, sin realmente "escuchar" con nuestra atención completa.
El shemá, שְׁמַע יִשְׂרָאֵל recuerda al pueblo de Dios a escuchar atentamente, y no solo oír y olvidar. En la actualidad, dentro de los millones de creyentes que existen en nuestra generación, tenemos un escenario similar. Algunos solo "oyen" la voz, mientras otros "escuchan" atentamente, y existe otro auditorio más, uno que provoca con su fe + acción que la transformación sea hecha.
"Estando Él en Betania, sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, vino una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso de nardo puro; y rompió el frasco y lo derramó sobre la cabeza de Jesús" Marcos 14:3
Para el último auditorio, Dios es el protagonista de su historia. La mujer que vació el frasco de perfume de alabastro, el ciego a la orilla del camino, estaban rodeados de personas -creyentes- que escuchaban atentos la Palabra de Dios. Pero ninguno de ellos sufrió -todavía- ninguna transformación hasta ese momento, solo buscaban una lección de un maestro. La transformación solo está disponible para los que ya habían preparado su corazón para el momento de su encuentro.

Y Jesús le dijo: —¡Ven! De inmediato Pedro bajó de la barca. Caminó sobre el agua y fue hacia Jesús. Mateo 14:29
Pedro, escuchó a Jesús cuando éste le llamó, abandonó la barca y caminó sobre el agua. Él había preparado desde antes su corazón para encontrarse con Jesús. Los demás al interior de la barca eran oidores que trataban de mirar.

La mujer le dijo: —Yo sé que va a venir el Mesías, a quien también llamamos el Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas. Jesús le dijo: —Yo soy el Mesías. Yo soy, el que habla contigo. Juan 4:25-26
La mujer de Zicar, en Samaria dejó el cántaro por allá; en el pozo, y corrió al pueblo a avisar que el salvador prometido estaba en medio de ellos.

El ciego tiró su manto, y de un salto se puso de pie y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: ¿Qué quieres que haga por ti?  El ciego respondió: —Maestro, haz que pueda yo ver de nuevo. Marcos 10:50
No fue solo un frasco roto, no fue una capa tirada por allí, no es sólo un cántaro abandonado, o abandonar el falso refugio que supone una barca, no es sólo salir de la zona de confort. Se demanda abandonar su prestigio y dignidad individual, rendir su vida sin condiciones ante la mayor autoridad del universo. 
Cuando a pesar de ser conscientes de todas nuestras miles de necesidades, de nuestra fragilidad, al ser conscientes de lo efímeros que somos sobre la tierra.
Y aún así, y a pesar de nosotros mismos ponemos todo eso a un lado y dejamos -por fin- de preocuparnos por nuestras necesidades y deseos. Enfocamos toda nuestra vida, toda nuestra atención en un solo deseo, en un único deseo, Dios eres mi único deseo.

Tú me enseñas el camino de la vida;con tu presencia me llenas de alegría;¡estando a tu lado seré siempre dichoso!
Salmos 16:11

Al desnudar nuestra alma y corazón ante él, al adorar vulnerablemente saldremos diferentes, saldremos de ese encuentro cambiados, saldremos de allí con una nueva forma. 

Podremos por fin abandonar los miedos, la vergüenza, ya no parecerá importante el comentario áspero, nuestro corazón se llenará de valentía, superaremos la opinión y juicios de nuestros semejantes, seremos transformados en guerreros que confían en la victoria. 
Para quien se atreva a cruzar la puerta de la transformación, será como entrar inmediatamente a un enorme salón de reuniones individuales llamado adoración. En ese lugar los corazones son saciados completamente, dejan de sentirse vacíos. Se llenan hasta el punto de sobre pasar sus propios límites, superan su capacidad de almacenar gozo. Un corazón parchado se reventaría con tanto gozo, por eso allí se nos dio uno nuevo. Uno que que ahora se alegra y toda la agitación externa pierde valor e importancia junto a su paz. 
En ese salón lleno de gozo, de paz y de luz, en ese salón existe un mueble parecido a un espejo -su Palabra- en donde podemos vernos tal cual Él nos mira, su palabra viva nos permite ver lo que está en nuestro interior, allí podemos vernos por fin sin maquillaje, sin máscaras, y no sentir temor, podemos vernos en paz. Al fin conoceremos nuestra imagen real; la de alguien hecho a su semejanza, y conforme a su imagen.
Realmente se trata de un lujo. Cuando entras a ese lugar puedes escuchar y descubrir que nuestro buen Dios habla, y que nos habla todo el tiempo. Ahora mismo es el momento idóneo para entrar en ese salón de la adoración a solas. Sigue atento, sigue expectante, sigue sediento de justicia. Déjate saciar en esta fuente, esta es tu oportunidad.

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