Si pongo en linea algunos puntos -eventos- de mi vida desde una perspectiva humana creo que muy fácilmente llegaré a una conclusión pesimista acerca de mi y de mi futuro. He crecido en un país cuya economía es una de las más pobres del mundo, mi familia es de clase media, soy de los menores en nuestra casa, no puedo hablar muy bien tengo la punta de la lengua muy pegada al piso de mi boca, me cuesta un poco reaccionar a la velocidad correcta. Aún con todo mi carisma y atractivo no serían suficiente para atraer a grandes multitudes para transformar a toda una generación en su forma de pensar y de vivir, si Dios me dijera lo contrario yo mismo tendría problemas para creerle. Imagino que iniciaría mi respuesta con mi mejor listado de excusas, seguido de mis disculpas diplomáticas, razonamientos lógicos, argumentos vigentes en mi época, etc. para seguir igual, para no tomarme mayores molestias y dejar pasar la oportunidad por un lado.
Luego vino el ángel de Dios y se sentó bajo el roble que está en Ofrá. Ese árbol pertenecía a Joás, que era descendiente de Abiézer. En ese momento, Gedeón hijo de Joás, estaba limpiando trigo, a escondidas de los madianitas, en el lugar donde se pisaban las uvas para hacer vino. El ángel de Dios se le apareció a Gedeón y le dijo: —¡Qué fuerte y valiente eres! ¡Por eso Dios está contigo!
Gedeón le respondió: —Perdón, señor, pero si Dios está con nosotros, ¿por qué nos pasa todo esto? ¿Por qué no hace milagros como cuando nos libró de Egipto? Nuestros antepasados nos han contado las maravillas que Dios hizo antes; pero ahora nos ha abandonado, nos ha dejado caer en manos de los madianitas. Entonces Dios mismo miró a Gedeón y le dijo: —Pues eres tú quien va a salvar a Israel del poder de los madianitas. Además de tus propias fuerzas, cuentas con mi apoyo. Gedeón le preguntó a Dios: —Pero mi Dios, ¿cómo podré librar a los israelitas? Mi grupo familiar es el más pobre de la tribu de Manasés, y yo soy el menos importante de toda mi familia. Y Dios le contestó: —Podrás hacerlo porque yo estaré contigo para ayudarte. Derrotarás a los madianitas como si derrotaras a un solo hombre." Jueces 6:11-16.
Gedeón vivía al interior de un pequeño clan, era el más pequeño en jerarquía en su casa, no se miraba así mismo como alguien valioso e importante. Luego de escuchar a Dios, que declaraba grandes maravillas sobre su vida, él dudó.
Jesús pasaba por la orilla del Lago de Galilea, cuando vio a Simón y a Andrés, dos pescadores que eran hermanos, y que estaban pescando con sus redes. Jesús les dijo: «Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí.» En ese mismo instante, Simón y Andrés dejaron sus redes y siguieron a Jesús. Un poco más adelante, Jesús vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo. Ellos también eran pescadores, y estaban en una barca arreglando las redes. Jesús los llamó, y ellos lo siguieron, dejando a su padre en la barca, con los empleados. Marcos 1:16-20.
Es una historia sobre unos pescadores. ¿A quién se le ocurre que unos pescadores iban a cambiar este mundo? Recordemos a Mateo, un publicano no muy querido entre su pueblo. ¿Conoce Usted a alguien que ame a los que cobran los impuestos?
Saulo estaba furioso y amenazaba con matar a todos los seguidores del Señor Jesús. Por eso fue a pedirle al jefe de los sacerdotes unas cartas con un permiso especial. Quería ir a la ciudad de Damasco y sacar de las sinagogas a todos los que siguieran las enseñanzas de Jesús, para llevarlos presos a la cárcel de Jerusalén.
Hechos 9:1-2
Saulo, era en esos días un caza recompensas que perseguía a los cristianos de Jerusalén. Jesús se aparece sin aviso en su vida. Mientras tanto Dios habla a su siervo Ananías, aún sabiendo que era un matón Ananías fue y oró, le compartió las maravillas de Dios y de su reino.
Nadie conoce lo que Dios ve. No podemos ver nada de nuestro futuro pero no importa la etiqueta que tenemos puesta hoy, Dios tiene un plan maravilloso para cada uno.
¿Qué pensaba Dios mientras llamaba a estos hombres sin las credenciales idóneas para transformar el mundo a su alrededor?
Porque ninguna cosa es imposible para Dios.
Lucas 1:37.
Dios siempre está hablándonos. A veces habla sobre nosotros mismos, y en otras oportunidades nos habla directamente al corazón de cada uno.
Le invito a cambiar el foco de su atención por solo un momento. No mire a su situación, no mire a sus problemas, no mire a sus emociones. Por un momento busque la voz de Dios dentro de Usted mismo, escuche con total atención. Una parte de nuestro tiempo de oración es disfrutar del tiempo en que no hablamos, no pedimos nada, no adoramos, solamente escuchamos, contemplamos esa paz única que hay en él.
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