lunes, 25 de abril de 2016

Cuando la respuesta del cielo es un silencio.

Una experiencia que cada cristiano vive tarde o temprano, es la de buscar a Dios en oración y recibir una respuesta que no es la esperada de parte de Dios. A veces la respuesta no llega en el momento que nosotros hemos estimado oportuno, o bien esta respuesta no se hace escuchar.
Pablo nos cuenta como fue golpeado por causa de Jesucristo en sus viajes misioneros, él preparó pastores jóvenes y misioneros, fundó iglesias, recibo visiones maravillosas y con todo eso a veces sus oraciones no recibieron la respuesta que él esperaba.
"Por eso, para que no me llene de orgullo, padezco de algo muy grave. Es como si Satanás me clavara una espina en el cuerpo para hacerme sufrir. Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil." II Corintios 12:7-10
Pablo ha orado al menos tres veces y Dios respondió: "Bástate mi gracia. Mi amor es todo lo que necesitas". A veces la respuesta de Dios no está alineada a nuestra voluntad o solicitud. Cuando la respuesta de Dios es un "no", hacemos manifiesta nuestra inconformidad, como un niño molesto y que fuera de control es dominado por la ira.
En algunas oportunidades pedimos mal, pedimos fuera del contexto de la voluntad de Dios, hacemos solicitudes alineadas con nuestro placer, y a nuestros deseos egoístas, y hasta temerarias y peligrosas.
Dios en otras oportunidades anteriores respondió más abundantemente que nuestra propia petición. Nos dio mucho más de lo esperado, nos ha dado más y nos ha sorprendido con su ilimitado poder.
Pablo comparte su experiencia y nos cuenta que a él "le fue dado" un aguijón en la carne. Las pruebas de nuestra fe son un regalo de Dios. Durante el tiempo que las padecemos resultan ser molestas e incómodas, otras veces esas mismas pruebas son vistas a veces como un castigo, otros los ven como un reto a vencer, o como una nueva lucha que enfrentar.
Las pruebas de nuestra fe no son para hacer la voluntad de los creyentes allá en el cielo, al contrario son para hacer la voluntad de Dios en nosotros y en el cielo. Santiago 1 dice que la prueba de la fe produce paciencia. En la carta a la Iglesia de Roma, Pablo nos dice que Dios usa para nuestro bien todo, incluso aquello que no parece o no luce para nada bien. 
Cuando el cielo queda en silencio podemos hacer memoria de las otras respuestas recibidas y de la revelación y de cada promesa recibida antes. Salmos cuenta sobre oraciones sin respuesta y que finalmente Dios transformó en algo mejor. En su Palabra hay fortaleza. 
Hay que continuar, hay que mantener nuestra solicitud y volver a orar por esta necesidad, debemos ROGAR con todo el corazón. Hasta que llegamos a este punto sin retorno donde oramos con ruego, con lamento, con humildad para aceptar su voluntad sea cual sea ésta. 
Buscar hasta escuchar su voz y su respuesta. Nuestra voz no debe callarse mientras podamos clamar, hasta que nos gastemos y escuchemos su voz en medio de tanto ruido. II Reyes 19, Elías escuchó la voz de Dios hablar claramente en un viento suave. Un principio bíblico dice que los pasajes confusos se interpretan a la luz de aquellos que sí son claros. Como Jairo que solo escuchó su voz y creyó, y su hija volvió a vivir. 
El poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad. Podemos confiar en su poder y en su voluntad que es mejor que nuestra propia sabiduría y nuestra opinión. Podemos escuchar su voz decir "Confía en mi y en mi poder". Muchos fracasos se nos permiten para mantenernos humildes, para que descubramos otra vez que todos dependemos de su gran poder.

Si fuera el caso, pudiera ser que tus oraciones no cambien inmediatamente la situación en la que estás, pero lo que sí es seguro es que van a cambiarte a ti. Dios que mi mente no se abrume con los éxitos, que mi boca no publique mis propios logros, que mis pies puedan sentir que todavía pisan la tierra y que la prueba haga un carácter más paciente en mi.

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