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Un corazón dispuesto a dar perdón.

…«¡Padre, perdona a toda esta gente! ¡Ellos no saben lo que hacen!»…(San Lucas 23:34 Lenguaje actual.)

Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…(San Lucas 23:34)


Ninguna de las faltas que la Biblia denuncia como dignas de muerte, ninguna falta real se encontró en Jesús, todos los que hablaron dieron falsos testimonios y siguiendo un guión bien ajustado para parecer un juicio real; justicia de hombres.
La crucifixión de Jesús es un error de justicia, para la justicia no merecía ni los 39 latigazos, ni la muerte y menos morir en la cruz. Se trató de un pacto, de un acuerdo, de una alianza entre hombres que no eran amigos o aliados; los líderes de Israel y los romanos (líderes del mundo), se suma a ellos la multitud que pidió a gritos llevarle a la cruz; allí en esa multitud estábamos también Usted y yo. El corazón de Jesús -en ese momento de dolor- no adoptó el rencor, ni la falta de perdón como una alternativa para vivir, ni para morir. La pregunta que me resulta vital es ¿cuando es idóneo perdonar?, ¿cuando perdonar a toda esta humanidad tan pecadora y llena de maldad?, ¿cuando perdonar a quien me ofende?

El arrepentimiento, es la decisión de no volver a hacerlo más, u otra vez, debe decidirse previamente a perdonar. El perdón, es una actitud liberadora que se adopta como respuesta inmediata ante la ofensa. Es una característica de un ser libre, posee la libertad para elegir perdonar. Luego de la acción de perdonar suele surgir un sentimiento de paz, de tranquilidad, pero a veces no se siente nada en corto plazo. Perdonar más tarde, o posponer el perdón tampoco es posible...es lo mismo que no perdonar, se debe perdonar lo más pronto, en el acto mismo de la crucifixión.
Perdón, etimológicamente viene de dos vocablos latinos: PER que significa dar paso a… o dejar pasar, y DON que quiere decir donado o regalado. En lengua hebrea hay dos verbos para perdonar; uno que significa quitar y otro que significa cubrir, en el griego se entiende como dar con gracia, o soltar. El perdón implica dejar de lado la ofensa recibida renunciando al derecho a infringir castigo.
Ignorar, por otra parte, implica hacer caso omiso de algo, desconocer voluntariamente o involuntariamente ese algo, evento o acto.
El perdón, entonces, demanda voluntad, deseo y decisión de hacer caso omiso de la ofensa ahora mismo, si es nuestro objetivo toda molestia y dolor puede superarse y finalmente el olvido hará su trabajo. La frecuencia de aplicar este proceso en periodos de 24 horas debería ser al menos 490 veces diarias (70 veces 7); lo que realmente significa que no deberíamos dejar lugar para el rencor o la falta de perdón. Perdonar nos libera del pasado y de aquella persona que nos ofendió, pero su mayor beneficio es que al yo perdonar se libera el perdón de nuestro Padre sobre mi, quien perdona a los otros hombres.
El perdón se otorga; es una decisión, la superación del dolor se consigue; es un proceso y el olvido llegará; es también un producto de la voluntad.
Usted y yo sabemos que esta área de nuestra vida necesita crecer pronto y mucho, debe desarrollarse mucho más, muchas son ya -hoy mismo podríamos citar cientos de ejemplos personales- las relaciones rotas que acumulamos por la falta de perdón. Es hora de decidir y llevar el perdón a la acción cada vez que somos atacados.
Si Dios mismo, al ser injustamente llevado a la cruel y denigrante cruz perdonó a todos, meditemos si somos nosotros dignos de retener el perdón, seguramente que el perdón nos hará más fuertes.
Dios, concedeme que el perdón sea constante en mi corazón, diariamente a cada instante, ante todo ataque injustificado y ofensa. Gracias por tu Hijo Jesús y su deseo de poner su corazón limpio en el altar antes que dejare llevar por el rencor y el orgullo. 

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