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¿Qué hora es?

Juan 4: 28-43.  "La mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y le dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que sabe todo lo que he hecho en la vida. ¡Podría ser el Mesías!» Entonces la gente salió del pueblo y fue a buscar a Jesús. Mientras esto sucedía, los discípulos le rogaban a Jesús: —Maestro, por favor, come algo. Pero él les dijo: —Yo tengo una comida que ustedes no conocen. Los discípulos se preguntaban: «¿Será que alguien le trajo comida?» Pero Jesús les dijo: «Mi comida es obedecer a Dios, y completar el trabajo que él me envió a hacer. Después de sembrar el trigo, ustedes dicen: “Dentro de cuatro meses recogeremos la cosecha.” Fíjense bien: toda esa gente que viene es como un campo de trigo que ya está listo para la cosecha. Dios premiará a los que trabajan recogiendo toda esta cosecha de gente, pues todos tendrán vida eterna. Así, el que sembró el campo y los que recojan la cosecha se alegrarán juntos. Es cierto lo que dice el refrán: “Uno es el que siembra, y otro el que cosecha.” Yo los envío a cosechar lo que a ustedes no les costó ningún trabajo sembrar. Otros invitaron a toda esta gente a venir, y ustedes se han beneficiado del trabajo de ellos.» Mucha gente que vivía en ese pueblo de Samaria creyó en Jesús, porque la mujer les había dicho: «Él sabe todo lo que he hecho en la vida.» Por eso, cuando la gente del pueblo llegó a donde estaba Jesús, le rogó que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días, y muchas otras personas creyeron al oír lo que él decía. La gente le dijo a la mujer: «Ahora creemos, no por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído; y sabemos que en verdad él es el Salvador del mundo.» Algunos no trataban bien a Jesús cuando él les hablaba. Por eso Jesús dijo una vez: «A ningún profeta lo reciben bien en su propio pueblo.» Después de estar dos días en aquel pueblo de Samaria, Jesús y sus discípulos salieron."

¿Sabe usted qué fecha es hoy en la agenda de trabajo de Dios? Esta porción de la Palabra de Dios nos habla después de la revelación sobre la persona de Jesús, la mujer que buscaba agua en el pozo de Sicar -Samaria- abandonó su cántaro y dejó por allí también su necesidad natural -la sed- para ahora compartir su revelación espiritual con los que al igual que ella vivían sin Salvación.

Los discípulos de Jesús habían entrado antes al pueblo de los samaritanos para satisfacer otra necesidad muy natural -el hambre de alimentos- pero con su entrada y su salida no hicieron ningún cambio entre los samaritanos, solo quizá la sorpresa de ver a doce judíos visitando una población de samaritanos, no pasó nada especial, ellos hicieron justo lo que se esperaba. Ahora vienen con alimentos para un Jesús que hoy igual que ellos está cansado, sediento y con hambre. Pero su hambre se satisface haciendo lo que su Padre le ordenó.

¿Cuantas veces los discípulos de Jesús hemos entrado y salido de muchos lugares completamente llenos de la necesidad de Salvación y simplemente no pasó nada en ese lugar? Para ser honestos, pasa más veces de las que desearíamos. Cuando estamos llenos de necesidades humanas -vacíos de satisfacción- se nos hace muy difícil ver la necesidad espiritual de las personas que nos rodean. Parece que el hambre hace que nos volvamos ciegos, sordos e insensibles a la necesidad de otros. Todavía tenemos que aprender mucho sobre como entender cual es nuestro tiempo, nuestra época, nuestra temporada. Los pobladores de Sicar, tienen muchas necesidades, al igual que la familia que vive al lado de nuestra casa,  la familia de enfrente,  las familias de las calles alrededor a nuestra casa. Cada día miles de personas se sientan al lado nuestro en el transporte público, en las salas de espera, en nuestro centro laboral o escolar. Entramos y salimos de lugares pero, únicamente estamos enfocados en nuestras propias necesidades humanas, vivimos enfocados en nuestra propia hambre y ésta es nuestra única prioridad.

No tener estrategia, es como no estar o nunca haber estado aquí o allí, la falta de una estrategia hace que las personas alrededor nuestro mueran -por toda la eternidad- irremediable y lentamente.
¿Qué hizo Jesús para lograr que la necesidad de salvación se hiciera activa en la vida de esta mujer y en la vida de sus vecinos? Hizo lo que los discípulos no podían hacer, habló al corazón de la persona que haría madurar el fruto, esta mujer logrará afectar con su testimonio a todos los habitantes de Sicar y lo hará en solo unos minutos. Para ganar multitudes necesitamos que Dios esté con nosotros tocando el corazón de cada una de las personas de ese lugar. Nuestra sola presencia -como discípulos o iglesia- no cambia nada. Dios es el único que transforma y revela su propia persona a las multitudes sedientas de agua viva. ¿De manera personal quisiera conocer por qué seleccionó a esa mujer, que potencial descubrió en ella? Solo Dios sabe a quién y cómo tocar y su deseo es tocar a cada una. Los discípulos llegaron al pozo y al ver la escena no entendían nada. Es un misterio como habla Dios al corazón sediento de cada mujer u hombre, nuestra parte es discipular a quien Dios transforma.

Pero Dios también le reveló -ordenó atender en breve- a sus 12 discípulos -la iglesia- otra necesidad que no es natural sino espiritual ¡Abre tus ojos espirituales observa a los demás que vienen a ti! Hazlo sin usar tu mente natural, usa la palabra revelada a ti y tu propio espíritu para ver tu temporada, estás aquí para recoger lo que Dios mandó a sembrar a través de los patriarcas, de los profetas, de David y Salomón, del mismo Jesús y los apóstoles. Dios hará llegar las multitudes a ti en breve, esa multitud está muy cerca, no tenemos tiempo para las dudas. HOY es la hora de recoger y de discipular.¿Dónde están las multitudes que Dios ya sembró para ti?

Que así se haga en mi vida.

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