viernes, 23 de septiembre de 2011

¿Sabemos escuchar y obedecer realmente?

Jesús regresaba del templo de Jerusalén con sus discípulos, allá hubo milagros y sanidades, además enseñó en público que él es enviado por Dios su Padre a su pueblo para sanarles de sus enfermedades y perdonar sus desaciertos.  Veamos que podemos aprender hoy de la porción bíblica de San Juan 6:1-15:

1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del Lago de Galilea, también conocido como Lago de Tiberias. Los milagros, maravillas, sanidades divinas, y que acompañan su ministerio público atraen a todo tipo de personas entre el pueblo de Dios que busca señales para creer.2 Muchos lo seguían, pues habían visto los milagros que él hacía, sanando a los enfermos.3-4 Se acercaba la fiesta de los judíos llamada la Pascua, y Jesús fue a un cerro con sus discípulos, y se sentó. Igual que ahora, la preparación de esta fiesta está rodeada de grandes multitudes de personas comprando, vendiendo, caminando por las calles, mucho alboroto. Parecido al ambiente previo a la Navidad en nuestras ciudades. 5 Cuando Jesús vio que mucha gente venía hacia él, le preguntó a Felipe: -¿Dónde podemos comprar comida para tanta gente? Podríamos pensar que Felipe se puso de pie, estiró su brazo y con su dedo empezó a contar rápidamente, a todos los hombres, sus esposas, sus hijos, sus siervos (se trata de familias del campo; suelen ser numerosas) y comenzó a calcular cuanto se necesita para darle una porción completa de comida a cada persona, (probablemente unas 25 mil personas) luego se puso a multiplicar el precio de cada ración de pan y después de estimar cuanto dinero se necesitaba le contesto a Jesús un NUMERO, pero nunca le dijo quien podría proveer la cantidad de comida que era necesaria, en otras palabras NO le contestó. El problema real era obtener alimento en medio de la nada, a la mitad del desierto, pues aun con dinero no podrían comerCuando no hay nadie que venda poca cosa es el dinero, allí lo que se hace necesario es un milagro. 6 Jesús ya sabía lo que iba a hacer, pero preguntó esto para ver qué decía su discípulo.7 Y Felipe respondió: -Ni trabajando doscientos días ganaría uno el suficiente dinero para dar un poco de pan a tanta gente. Denarios: Moneda romana de plata de 3.89 gramos, del cual deriva nuestro actual termino DINERO representaba por lo general el salario diario de un trabajador, casi 4 gramos de plata. 200 denarios son 780 gramos de plata.  8 Andrés, que era hermano de Simón Pedro, y que también era discípulo, le dijo a Jesús: 9 -Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero eso no alcanzará para repartirlo entre todos. Andrés -muy atento- escuchó la voz de Jesús y se puso a trabajar, bajó al valle de la multitud hambrienta y buscó entre las personas si había algo de comida, encontró a un muchacho que traía unas pocas piezas de comida, lo invitó a llevar su pobreza ante la presencia de Jesús, lo acompañó y subieron juntos hasta Jesús, lo puso en medio de los discípulos, todo esto mientras Felipe hacia cálculos confiando en su inteligencia y su capacidad intelectual. No eran panes de trigo; no eran de primera clase, no eran unos peces grandes y hermosos eran pequeños; Jesús no está buscando entre nosotros riquezas que podamos darle, busca nuestra pobreza y ruina acompañada de FE para cambiarla en riqueza y abundancia. Presentémonos humildes a Dios nuestra poseción y él hará el milagro transformador en nosotros. 10 Jesús les dijo a sus discípulos que sentaran a la gente. Había allí unos cinco mil hombres, y todos se sentaron sobre la hierba. Antes de Jesús, la única opción para las multitudes era permanecer hambrientos, era comer pobremente, sin opción para crecer espiritualmente. Antes de Jesús no teníamos opción de Salvación, solo la pobreza que hay en la religión. 11 Jesús, entonces, tomó los panes en sus manos y oró dando gracias a Dios. Jesús presenta nuestra ruina y miseria ante el Padre para que él la bendiga y la transforme. Después, los repartió entre toda la gente, e hizo lo mismo con los pescados. Los encargados de repartir entre las multitudes la salvación, el alimento espiritual, el Pan de Vida somos Ud. y yo; sus discípulos. Todos comieron cuanto quisieron. Jesús nos da suficiente alimento espiritual a cada uno hasta satisfacer al más necesitado y hambriento, la medida de Dios para dar es hasta quedar saciados, plenamente satisfechos. 12 Una vez que todos comieron y quedaron satisfechos, Jesús les dijo a sus discípulos: "Recojan lo que sobró, para que no se desperdicie nada". Pero su Salvación no debe quedar tirada por allí para que no sea menospreciada y verla como algo común y de todos los días, la estimaríamos sin valor al sentirnos saciados, a pesar de ser abundante sigue siendo una Salvación cara y valiosa. 13 Ellos obedecieron, y con lo que sobró llenaron doce canastos. Aquellos que se disponen enteramente a servir a Jesús no regresan a él con las manos vacías, las traen llenas de mucho fruto. Ud. y yo somos el canal de Dios para llevar Salvación para las multitudes hambrientas del Pan de Vida, que espera reparta con liberalidad ya Jesús hizo el milagro, el hizo lo que para nosotros era imposible.14 Cuando todos vieron este milagro, dijeron: "De veras este es el profeta que tenía que venir al mundo". Si Ud. hace su trabajo como siervo de Jesús, las multitudes recibirán y podrán entonces alabar a Dios y darán gracias al Padre por su hijo Jesús 15 Jesús se dio cuenta de que la gente quería llevárselo a la fuerza para hacerlo su rey. Por eso se fue a lo alto del cerro para estar solo.
Jesús regresó a su trono al lado de su Padre -allí está ahora mismo- el tiempo de su venida no depende ni de Ud. ni de mí, ni depende del mismo Jesús depende de la orden del Padre, entonces le conoceremos como el Rey de Reyes. Mientras él regresa a recoger a su Iglesia sigamos haciendo nuestro trabajo.

Ayúdanos a compartir tu palabra con liberalidad, haznos salir de la comodidad de la colina y bajar al valle de las multitudes necesitadas para saciar su hambre con tu pan espiritual. 

Usanos como extensión de tus manos y tus pies para caminar hasta el hambriento y necesitado y ofrecer tu Salvación. Así se haga en mi vida.

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