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El Dios protector

En el calendario hebreo es la noche del Yom Sh'lishi, 14 de Nisán (martes 27 de abril del año 28 de la Era Común), a la mitad de la celebración de siete (u ocho) días de la Pascua -Pésaj- dentro de la ciudad de Jerusalén, estamos cerca de la medianoche. En breve once discípulos y su maestro saldrán del salón de Jerusalén hacia el huerto junto al arroyo de Cedrón para orar. Jesús ha estado entregando instrucciones a sus discípulos para los días que están por llegar; separados y a solas. Será un tiempo en que habrá que pararse muy fuerte sobre su fe, de asumir grandes riesgos, de completar el plan del Padre para establecer la puerta del reino de los cielos en la Tierra.

Ahora surge un giro en estos diálogos, en este capitulo 17 de Juan la contra parte del dialogo de Jesús no son sus doce seguidores, ahora es su Padre en el cielo. Me resulta maravilloso observar a Jesús tan "natural" como dirige su mirada al cielo y comienza una increíble y poderosa oración, es una perfecta platica entre el Hijo y el Padre. La identidad de Jesús queda desvelada en estas palabras, al igual que su naturaleza y lo más profundo de su ser. 
En su forma externa puede  resultar un poco distinta a nuestro imaginario colectivo de una oración profunda donde estamos postrados, humillados, y cabeza abajo. No es el lenguaje corporal que hubiéramos imaginado en nuestra primera idea de una oración.
Jesús orando por unidad y protección.

Jesús no se glorifica a sí mismo, el Padre tampoco lo hace así, ambos comparten la gloria como Dios. La muerte de Jesús producirá un evento mayor, servirá para glorificar el nombre de Dios en el cielo en un primer momento, y también en la tierra. Hubo -antes- varios eventos menores que facilitaron que el nombre de Dios fuera glorificado aquí en la tierra y su entrega absoluta también lo es.
Dios es celoso de su gloria, no la comparte con ángeles, ni con hombres. Los lideres deben ser cuidadosos y no caer en la tentación de pensar que las ovejas son de su propiedad, pues todo le pertenece a Jesús. Leamos juntos Juan 17:

Después de que Jesús terminó de hablar con sus discípulos, miró al cielo y dijo: «Padre mío, ha llegado el momento de que muestres a la gente lo grande y poderoso que soy. De ese modo yo también les mostraré lo grandioso y maravilloso que eres tú.
»Tú me diste autoridad y poder sobre todos los que viven en el mundo, para dar vida eterna a todos los seguidores que me has dado. Esta vida eterna la reciben cuando creen en ti y en mí; en ti, porque eres el único Dios verdadero, y en mí, porque soy el Mesías que tú enviaste al mundo»A todo el mundo le he mostrado lo grande y poderoso que eres tú, porque cumplí con todo lo que me ordenaste. Y ahora, Padre, dame el poder y la grandeza que tenía cuando estaba contigo, antes de que existiera el mundo»A los seguidores que me diste les he mostrado quién eres. Ellos eran tuyos, y tú me los diste, y han obedecido todo lo que les ordenaste. Ahora saben que tú me diste todo lo que tengo, porque les he dado el mensaje que me diste, y ellos lo han aceptado. Saben que tú me enviaste, y lo han creído. »Yo te ruego por ellos. No pido por la gente que no me acepta y que sólo piensa en las cosas de este mundo. Más bien, pido por los seguidores que me diste y que son tuyos. Todo lo que tengo es tuyo, y todo lo que tú tienes es mío. Y en todo esto se muestra lo grande y poderoso que soy. »Padre celestial, dentro de poco ya no estaré en el mundo, pues voy a donde tú estás. Pero mis seguidores van a permanecer en este mundo. Por eso te pido que los cuides, y que uses el poder que me diste para que se mantengan unidos, como tú y yo lo estamos. Mientras yo estaba con ellos, los cuidé con el poder que me diste, y ninguno dejó de confiar en mí. El único que nunca creyó en mí fue Judas. Así se cumplió lo que dice la Biblia. »Ahora regreso a donde tú estás. Pero digo esto mientras estoy en el mundo, para que mis seguidores sean tan felices como yo. Les he dado tu mensaje, y por eso los de este mundo los odian, pues ellos ya no son como esa gente, y tampoco yo soy así. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas de Satanás. Yo no soy de este mundo, y tampoco ellos lo son. Tu mensaje es la verdad; haz que al escucharlo, ellos se entreguen totalmente a ti. Los envío a dar tu mensaje a la gente de este mundo, así como tú me enviaste a mí. Toda mi vida te la he entregado, y lo mismo espero que hagan mis seguidores. »No pido sólo por ellos, sino también por los que creerán en mí cuando escuchen su mensaje. Te pido que se mantengan unidos entre ellos, y que así como tú y yo estamos unidos, también ellos se mantengan unidos a nosotros. Así la gente de este mundo creerá que tú me enviaste. Yo les he dado a mis seguidores el mismo poder que tú me diste, con el propósito de que se mantengan unidos. Para eso deberán permanecer unidos a mí, como yo estoy unido a ti. Así la unidad entre ellos será perfecta, y los de este mundo entenderán que tú me enviaste, y que los amas tanto como me amas tú. »Padre, los seguidores que tengo me los diste tú, y quiero que estén donde yo voy a estar, para que vean todo el poder que me has dado, pues me has amado desde antes de que existiera el mundo. »Padre, tú eres justo, pero los de este mundo no conocen tu justicia. Yo sí te conozco, y los que me diste saben que tú me enviaste. Les he dicho quién eres, y no dejaré de hacerlo, para que se mantengan unidos a mí, y para que amen a los demás como tú y yo nos amamos.» Juan 17:1-26
Cuarenta menos uno, la primera condena.

La cruz, y su camino hasta el cerro de La Calavera, supone la máxima humillación en términos terrenales, pero significa la llave para la máxima exaltación en los términos del reino de los cielos. Jesús es la única puerta disponible para la vida eterna para quienes creen que el Padre envió a su Hijo esta puerta se les abre, a quien no logre creer la puerta se le cierra.
Los próximos días vendrán cargados de duras pruebas, de pasión, de confianza, de liderazgo, de la revelación de la Palabra, de temor y terror, de violencia, de noticias llenas de gozo y esperanza, de muertes, de resurrecciones, de testimonios increíbles, oscuridad, soledad, terremotos, rechazos y negaciones, perdón y amor. Jesús sabe que sus once seguidores van a necesitar fortaleza del cielo para enfrentar esas intensas horas. Estos seguidores han disfrutado de la protección personal y directa de Jesús desde que fueron llamados por su maestro, pero pronto van a necesitar que el Padre les continúe protegiendo para lo que viene.
Los doce seguidores de Jesús.

Los seguidores de Jesús, no pertenecen al sistema que gobierna este mundo, son como turistas, son como extranjeros que van de paso por la Tierra, su destino está más alto. Son como viajeros que hacen una escala temporal, antes de entrar a la vida eterna. Mientras permanezcan aquí que su vida se gaste, se invierta en atraer a más seguidores de Jesús a su reino.
Los llamados, la asamblea de los llamados a seguir a Jesús, deberán vencer todo tipo de barreras humanas; el color de piel y aspecto, el idioma, la cultura, los argumentos y fortalezas, el género, las nacionalidades, las riquezas, los intereses políticos particulares, el amor al poder y al dinero, la corrupción, en fin no serán pocas cosas que buscaran separarles y romper su unidad. Se les va a reconocer por su compañerismo, por participar en las cosas en común, por vivir en comunión. Se entiende como la participación en común de la vida espiritual, en español usamos de forma transliteral la palabra griega koinonía (κοινωνία ) que significa unión o comunión. Se puede entender como una comunidad espiritual al servicio de Jesús y del Padre celestial que vive en paz y armonía.
La gloria que se nos ha confiado, primero cruza por el servicio a todos, por el sacrificio, por el amor y el perdón, y produce unidad que testifica a este mundo. Su oración finaliza con un maravilloso secreto; Jesús y su amor viviendo dentro nuestro.
¿Qué verso de este capítulo te ha impactado más, por qué? ¿Cuál crees es la idea principal de este capítulo 17? ¿Cómo nos afecta hoy la oración de Jesús?

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