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Servicio de excelencia: διακονέω

...así como el Hijo del hombre no vino para que le sirvan,
sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.
Mateo 20:28 

Por muchos años a la iglesia le ha encantado escuchar acerca del cielo. Creamos himnos para el día que lleguemos al cielo, para describir las casas bellas hechas por Jesús mismo. Nos hace ilusión observar las calles de oro, el paisaje con mar incluido y agua como cristal. Nos motiva la idea de un milenio de justicia con Jesús como el líder de las naciones. Desear ir al cielo es correcto, es un sano anhelo. No se trata de restar valor al cielo, lugar donde pasaremos la eternidad, en esta oportunidad se trata de dar el correcto valor a lo que nos pasa aquí en la tierra.
Atender la necesidad de otra persona.
Nuestra labor actual está en sembrar, en cuidar lo sembrado. Trabajar en el campo demanda muchas jornadas muy duras. Pescar a altas horas, reparar las redes, cruzar mares por la madrugada, alimentar multitudes, sacar redes pesadas y repletas de peces, caminar entre ciudades por días enteros, preparar la cena de la pascua, orar por la madrugada, entre otras. Estar bajo cielo abierto, estar bajo el sol, bajo la brisa, el viento con polvo, y la lluvia.
Cuando por fin termina el duro día de trabajo, y el sol se va atrás del horizonte, pensamos en descansar, en bañarnos, calentar frijoles, hacer tortillas de maíz, sentarnos a la mesa y cenar. Ahora que estamos contentos con nuestra labor y satisfechos pensamos; es buen momento para descansar.
En nuestros días hay una menor tolerancia de las personas hacia los prestadores de servicios y puntualmente a expresar la insatisfacción. Lo podemos confirmar fácilmente al visitar las redes sociales. Los millennials -sobre todo- muestran sus molestias abiertamente cada vez que no se han atendido sus expectativas. Allí descubrimos que el servicio va acompañado de un "adjetivo"; servicio de clase mundial, servicio premium, excelente servicio, etc. Pero, no siempre se reciben altas calificaciones por el servicio prestado, significa que nuestro servicio puede ser mejorado una y otra vez. Usted también habrá notado que aquellos que prestan un buen servicio, y alcanzan la satisfacción de sus consumidores no reciben muchos elogios en público. A cambio su labor, su esfuerzo, su trabajo son valorados solo dentro de lo esperado.
»Supongamos que uno de ustedes tiene un siervo que ha estado arando el campo o cuidando las ovejas. Cuando el siervo regresa del campo, ¿acaso se le dice: “Ven en seguida a sentarte a la mesa”? ¿No se le diría más bien: “Prepárame la comida y cámbiate de ropa para atenderme mientras yo ceno; después tú podrás cenar”? ¿Acaso se le darían las gracias al siervo por haber hecho lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, deben decir: “Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”». Lucas 17:7-10

Existe una palabra griega para describir el servicio; Diakonéo o διακονέωEl término diákonos provienen de dos palabras griegas día, que significan “a través de,” y konis, que significa “polvo,” y por consiguiente describe a un siervo que está cubierto de polvo debido a haber ejecutado algún deber o mandato para su amo. La encontramos muchas veces traducida como verbos servir, ayudar, administrar, asistir. Se le considera -también- un valor humano, y lo definen como la cualidad, capacidad e intención permanente que tiene un ser humano de ayudar, consolar y ver felices a sus semejantes, sean conocidos o no.

La palabra que utilizamos en español "servicio" proviene a su vez del vocablo latín servitĭum, la palabra servicio define a la actividad y consecuencia de servir (un verbo que se emplea para dar nombre a la condición de alguien que está a disposición de otro para hacer lo que éste ordena).
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Filipenses 2:5-8

En la organización del reino de Dios, hay una destacada valoración para el servicio a otros. Jesús, se define a él mismo como un siervo, un sirviente, alguien que ayuda. Su pasaporte del cielo a la tierra lo identifica como un siervo, también declara que no es ese tipo de siervo común; uno asalariado, es uno que es obediente hasta el sacrificio. En este punto podremos ver que se han invertido los valores que guían a los reinos de la tierra, ahora y aquí lo más importante es servir de la mejor forma, con la mejor actitud a aquellos que no te pueden devolver el favor, así se forja a los líderes.

Jesús les dijo: —Los reyes de las naciones oprimen a sus súbditos, y los que ejercen autoridad sobre ellos se llaman a sí mismos benefactores. No sea así entre ustedes. Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor, y el que manda como el que sirve. Porque, ¿quién es más importante, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No lo es el que está sentado a la mesa? Sin embargo, yo estoy entre ustedes como uno que sirve. Lucas 22:25-27.
Lugar para certificar nuestro servicio a otros.
¿Dónde se aprende a servir obedientemente? Aquí, mientras estamos en la tierra, aquí es donde se obtiene nuestra certificación de siervo. La vida en familia es una oportunidad única e increíble para aprender a ser útil, ser servicial, mostrar una actitud correcta al servicio. Los pequeños de la casa atienden pequeñas asignaciones como cuidar su higiene personal, mantener en orden y limpio su propio espacio, aprender a ser autónomo. No se vale estar como visita o turista en casa, pasar como estatua de porcelana mostrando su lindo diseño y su brillo en la sala de estar. Se debe prestar atención a las pequeñas asignaciones espirituales como orar, leer juntos pasajes bíblicos, comentar las historias, servir juntos. Aprender a escuchar, seguir instrucciones simples, completar las tareas asignadas de forma satisfactoria. Desarrollar el sentimiento de logro, y recibir honra y reconocimiento cuando se superen las expectativas. Al crecer se les compartirán nuevas tareas asignadas acorde a su nueva capacidad, según su edad, según sus fuerzas, y a la vez desarrollarán liderazgo, trabajaran en equipos, tendrán empatía y resiliencia, podrán guiar a otros a través de su ejemplo. Nuestro ejemplo como padres habla más fuerte que nuestros dichos, así que muchas veces será necesario que nos aseguremos de hacer las cosas que les decimos a diario y ser coherentes ante sus ojos. El servicio y la familia son la mejor escuela de liderazgo sobre la tierra, se trata de una oportunidad única y hay que aprovecharla al máximo.

Jesús, entonces, se dirigió a ellos diciendo: —Yo les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta; él hace únicamente lo que ve hacer al Padre. Lo que hace el Padre, eso hace también el Hijo. Juan 5:19
El Rey les responderá: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos,
aun por el más pequeño, lo hicieron por mí”.

Mateo 25:40
La obediencia es parte de nuestro servicio. Para entender y conocer la voluntad de Dios, y obedecer ésta necesitas observar, se hace necesario escuchar atentamente. Las herramientas de nuestro servicio se perfeccionan dentro de la comunidad de fe, al interior de la familia, sirviendo a diario, manifestando con nuestro servicio el carácter de Jesús. Con alguna frecuencia se repite esta frase: Quien no vive para servir, tampoco sirve para vivir. Hoy la podemos interiorizar y hacer propia: Viviré para servir a quien no conozco, a quien no pueda devolver el favor como si fuera mi jefe.

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