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Al rescate de los de casa.

A diario las personas trabajan muy duro -en todo el mundo- para alcanzar mejores estadios de bienestar y prosperidad, eso es normal se trata de un sano deseo y aspiración. Para el hombre es también una sana aspiración encontrar esposa, y juntos formar una familia. Los padres guardan el anhelo y aspiración de ver crecer a su familia bajo su cuidado. Así que generalmente los padres salen de casa a buscar recursos para atender las muchas necesidades de sus familias; las materiales, las espirituales y hasta las de ocio y vacaciones. Este trabajo de reunir recursos, produce alguna distracción momentánea y falta de atención que puede ser aprovechada para producir daño.
Esta familia bien cuidada es constantemente atacada por otros que saben que se trata de un especial tesoro donde los padres forman con esmero y trabajo constante -minuto a minuto, 24/7- a la siguiente generación hasta que cada miembro sea capaz de producir nuevos líderes, y es capaz de sostener y dirigir a su propia familia. En muchas culturas y épocas las familias fueron el objetivo del gobierno, de los vendedores de productos y servicios, del sistema de educación, del ejercito y también de los ladrones y grupos del crimen organizado.
A los padres de familia se les demanda cuidar muchos frentes simultáneamente, algunas veces todo el esfuerzo pareciera no ser suficiente.
¿Cómo se rescata a una familia que ha
sido víctima del ataque del enemigo?
Uno de los personajes universales más conocidos es el rey David por sus alabanzas redactadas en salmo, y por vencer al gigante Goliat. Samuel ungió a David; el joven pastor de ovejas. Con el tiempo descubrimos que David resultó ser un exitoso guerrero, el rey de Israel -Saúl- empieza a sentir celos de su fama y le acosa para matarle. David huye, y acude a una ciudad refugio, vive asilado por 13 años en tierra de filisteos. David ha sido fiel servidor del rey filisteo todo este tiempo pero ha llegado el tiempo de salir. Un lamentable día la ciudad refugio fue atacada y  ha sido destruida y sus habitantes tomados cautivos. Al descubrir esta situación David y sus hombres lloraron lamentándose a gritos hasta quedar sin voz.

"Al tercer día, David y sus hombres llegaron a Siclag y descubrieron que los amalecitas habían atacado el desierto del sur. A Siclag le habían prendido fuego y, aunque no mataron a nadie, se habían llevado como esclavos a mujeres, ancianos y niños. Entre las mujeres, se habían llevado a Ahinóam y a Abigail, las esposas de David.
Al ver esto, David y sus hombres se echaron a llorar, hasta que ya no tuvieron más fuerzas. Los hombres estuvieron a punto de apedrear a David, pues le echaban la culpa de que los amalecitas se hubieran llevado a sus mujeres y a sus hijos.
Sin embargo, David confiaba en que Dios podía ayudarlo, así que se animó y le dijo al sacerdote Abiatar, el hijo de Ahimélec: «Tráeme tu chaleco sacerdotal. Voy a consultar con Dios qué es lo que debo hacer».
Cuando Abiatar le llevó a David el chaleco sacerdotal, David consultó a Dios:
—¿Debo perseguir a esos bandidos? Y si los persigo, ¿los alcanzaré?
Dios respondió:
—Persíguelos, porque vas a alcanzarlos, y también vas a recuperar lo que se robaron.
Entonces David se fue con sus seiscientos hombres. Al llegar al arroyo de Besor, doscientos de ellos estaban tan cansados que no lo pudieron cruzar y se quedaron allí. David siguió persiguiendo a los amalecitas con los otros cuatrocientos hombres. Más adelante, encontraron en el campo a un hombre desmayado. Estaba así porque en tres días no había comido ni bebido nada. Le dieron agua, un pedazo de pan de higos, y dos panes de pasas. Después de comer, aquel hombre se sintió mejor, así que David le preguntó:
—¿De dónde vienes? ¿Al servicio de quién estás?
—Soy egipcio —contestó aquel hombre—. Mi amo es un amalecita. Hace tres días me enfermé, y mi amo me abandonó aquí. Antes de eso, habíamos atacado varios lugares: el territorio de los filisteos, que está al sur, el de Judá y el de Caleb. También quemamos la ciudad de Siclag.
David le preguntó:
—¿Me puedes llevar a donde están los amalecitas?
—Te llevaré —contestó el egipcio—. Pero júrame por Dios que no me matarás ni me entregarás a mi amo.
David se lo juró, y el egipcio los condujo hasta ellos. Al llegar, David y sus hombres encontraron a los amalecitas comiendo, bebiendo y danzando por todo el campamento. Estaban celebrando el haberles quitado a los filisteos y a los de Judá todo lo que tenían. Al amanecer, David los atacó, y la batalla duró hasta la noche del día siguiente. David mató a todos los amalecitas. Sólo se salvaron cuatrocientos jóvenes, que montaron en camellos y lograron escapar. David recobró todo lo que los amalecitas se habían llevado, y también rescató a sus dos esposas. No faltó ningún niño ni adulto, y ni siquiera el objeto más pequeño.I Samuel 30:1-19

Por el dolor provocado por la pérdida de esposas e hijos estos padres y esposos habían guardado mucha amargura. Tanta, que deseaban matar a David, pues le culpaban por no haber previsto este escenario. La amargura es un mal consejero, destruye muchas de nuestras relaciones sanas. Así que si el hecho de perder sus casas, sus posesiones, y sus familias no resultó suficiente presión para David, ahora deberá además lidiar con la amenaza interna de sus propios hombres que le desean matar y han dejado de creer en su liderazgo.

"Luego, comenzaron a llegar otros —hombres que tenían problemas o que estaban endeudados o que simplemente estaban descontentos—, y David llegó a ser capitán de unos cuatrocientos hombres." I Samuel 22:2
Por algún tiempo David permaneció escondido del rey Saúl en la cueva de Adulán, se le unieron los despreciados y endeudados, llegaron hasta él todo los sin esperanza. Y allí fueron poco a poco transformados y pasaron a ser conocidos como los valientes de David. Mientras David acumulaba nuevas victorias. El enemigo se enfocó en sus hijos y esposas, en sus casas y sus posesiones. Fueron sorprendidos, nunca vieron venir esta amenaza. Ese día perdieron todo. Pero David encontró nuevas fuerzas en el señorío de su Dios. 
¿Cómo buscar nuevas fuerzas en Dios? 
David pidió al sacerdote el chaleco y el sacerdote se lo entregó. Consultó a Dios. ¿Debo ir tras estos saqueadores? ¿Debo capturarlos? Dios le respondió: Sí ve, todo lo que te fue quitado lo vas a recuperar. Es muy fácil acostumbrarse en poco tiempo a algunas situaciones riesgosas o peligrosas, tanto que a veces aceptamos y toleramos males a medias. Pensamos dentro de nosotros que pudo haber sido todavía peor, y lo empezamos a aceptar como una verdad. Dios le responde a David, que no recuperará sólo una parte de lo que han perdido, sino que recibirá todo. Debo agregar que el hecho de que David inicialmente fue a la presencia de Dios fue mejor que dejarse llevar -justificadamente- por su furia o por sus instintos guerreros de venganza.
El grupo de hombres de David tenía pocas fuerzas, algunos 200 de ellos no podían seguir adelante. ¿Usted mismo alguna vez ha detenido su avance a mitad del camino? Este grupo de 200 había aceptado el dar como pérdida total a sus familias y posesiones. Pero algunos no aceptaron la lamentable situación como tal, a pesar de las pocas fuerzas deciden olvidar su cansancio y seguir adelante.  David siguió adelante con solo una parte de ellos, 400 hombres sí le acompañaron en el resto de su viaje. Mientras caminaban sin rumbo fijo les apareció en su camino un esclavo egipcio que había sido dejado atrás por los amalecitas. David, detuvo su carrera y atendió a este hombre esclavo. Le alimentó, le dio agua, le cuidó. Muchas veces Dios pone en nuestro camino la solución exacta dentro de un empaque muy poco atractivo; envuelto en necesidades y calamidades. El esclavo egipcio una vez que recuperó su aliento y fuerza guío a David, y encontró a los amalesitas celebrando el botín conquistado. David y sus 400 hombres fueron sobre su enemigo hasta su campamento y durante toda la noche y parte del siguiente día -no claudicó en su lucha- hasta que le venció. Así como Dios le había declarado, todo fue recuperado. Finalmente David rescató integra a su familia. No faltaba nada; ni lo grande, ni lo pequeño.

Muchas veces tendremos que enfocarnos en una misión sumamente importante y poner todo nuestro esfuerzo, recursos y atención para intervenir ante Dios por los de casa, por los nuestros; por ese hijo o hija, por nuestra pareja, por nuestros hermanos o padres. No será suficiente iniciar el viaje de rescate, será vital la manera en que terminas este viaje. Muchas misiones de rescate no son carreras de velocidad, serán carreras de resistencia y deberemos estar bien preparados.

Disfruta de la historia de cómo Dios eligió a David como rey para Israel a través de este vídeo: 

En este instante podemos recordar a alguien cercano a nosotros que esté necesitando apoyo, puede ser alguien de casa o un amigo, podemos intervenir delante de Dios y presentar esta necesidad.

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