martes, 10 de enero de 2017

Eliminar la amargura

¿Qué sucede en nuestro interior cuando ponemos en pausa la acción de perdonar, cuando no perdonamos y damos lugar al rencor? ¿Alguna vez ha colocado en su boca algo con sabor amargo y que afecta el sabor de todo lo que trata de comer después?
Traten de vivir en paz con todos, y de obedecer a Dios; porque si no lo hacen, jamás lo verán cara a cara. No dejen que nadie se aleje del amor de Dios. Tampoco permitan que nadie cause problemas en el grupo, porque eso les haría daño; ¡sería como una planta amarga, que los envenenaría!   Hebreos 12: 14-15

Esfuércense por vivir en paz, no se alejen del amor de Dios. No dejen crecer plantas venenosas en medio de ustedes. 
De una u otra manera todos y cada uno hemos sido víctimas de golpes y de heridas sufridas desde el exterior. Algunas heridas son visibles fácilmente, pero existen otras que están muy profundas, y no son evidentes a simple vista. 
En las próximas lineas vamos a hablar de esa herida que nadie nota pero que produce mucho dolor después de un largo tiempo. La herida oculta a la que Palabra de Dios también le llama "amargura". 
La amargura, puede convertir a una persona normal en alguien muy crítico, en un juez duro, te hace buscar preferir estar fuera y lejos del grupo, y te vuelves introvertido, caminas sediento de pelea. La buena noticia es que Dios es sanador de toda amargura. Él puede quitar esa amargura que se roba el gozo y la alegría de tu vida y es capaz de sanar tu entorno.
La raíz de la amargura surge con una pequeña semilla, que crece despacio, lentamente y que terminará por afectar a varias áreas de nuestra vida. La Biblia nos habla sobre la herida poco visible u oculta y sobre el origen la raíz de amargura. 
La amargura se las ingenia para crecer muy lenta y profundamente. Es una de las razones por las que siempre buscamos errores en los demás. Desarrollamos desconfianza, malestar y rabia hacia nuestro alrededor y hasta interiormente. Nos quita la alegría de vivir, se roba el gozo de nuestras vidas.

El proceso de la amargura. "Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día, ni deben darle al diablo oportunidad de tentarlos.Efesios 4: 26-27.
Tenemos permitido enojarnos, pero no pecar a causa del enojo. El punto de partida es una pequeña molestia. Jesús sacó a los empleados de los sacerdotes que cambiaban y vendían ofrendas certificadas a los adoradores. Él estaba enojado con ese sistema de sacar ventaja de los adoradores y enriquecerse, por eso les sacó del templo, mas no pecó. 
El enojo se puede volver una costumbre buscada día tras día una manera o modo de vivir, hay muchas personas hoy que siempre están en modo enojado. Cuando yo dejo al enojo durar por mucho tiempo y lo mantengo activo y lo alimento voluntariamente y es aquí cuando deja de ser enojo y pasa a ser amargura dentro de nuestro corazón y toma el gobierno sobre mi vida, y una vez que se ha instalado en el trono de gobierno se extiende sobre toda nuestra vida. 
Al fomentar el enojo éste producirá amargura en nuestra vida. Se trata de una atadura, de una posición estratégica del enemigo dentro de su corazón que usted concedió por una ligereza.

"Dejen de estar tristes y enojados. No griten ni insulten a los demás. Dejen de hacer el mal." Efesios 4:31

El escritor de la carta a la iglesia de Efeso nos hace una solicitud; no exponernos a la amargura. Al permitir que el enojo se prolongue a otro día estamos desarrollando ira y rabia. La amargura producirá una explosión que le hará mucho daño a usted y a las personas a su alrededor. 

La maldad y la amargura buscan producir daño en otros. La amargura se comporta como un cáncer en metástasis que crece e invade otros sistemas, como un incendio dentro de un vecindario que crece y pasa de casa en casa.

La amargura también pasa de una generación a otra generación, de familia en familia. La amargura puede hasta afectar y dañar a una comunidad de fe completa. 
Al contrario, el amor debe hacernos decir siempre la verdad, para que en todo lo que hagamos nos parezcamos cada vez más a Cristo, que es quien gobierna la iglesia.
Al hablar de la gracia de Dios, hablamos de la medicina contra la amargura. La realidad es que nadie merece recibir un buen trato, ni perdón, pero aunque no se lo merezca, nosotros le daremos el mejor trato posible.

¿Existe hoy alguna pequeña herida oculta bajo mi piel? Si usted ha experimentado tristeza y depresión últimamente y siente dudas. Hay alarmas activas diciendo que hay una o más raíces de amargura aquí adentro. Usted deberá sacarla de allí adentro lo antes posible. Hay que perdonar y sacar esa amargura contenida. Permita a Dios limpiar su corazón de cualquier tipo de amargura. 
Perdonando por completo, es la mejor manera de limpiamos desde nuestro interior y con ese perdón también rompemos la atadura con nuestro pasado. Perdonar muy posiblemente nos va a producir dolor inicialmente pero es lo mejor. Perdonar es la mejor medicina. 
La gracia de Dios no era algo que justamente merecíamos pero a pesar de nuestra maldad y nuestro estilo de vida la recibimos sin condición. 
Se nos invita urgentemente a "perdonar" a quien nos ha dañado. Se trata de algo activo que debe seguir a mi arrepentimiento y a  mi propio perdón. 

Platiquemos con Dios y meditemos un instante. Dios tú que puedes ver todo en mi interior, permite que yo también pueda ver mis propias heridas ocultas y ser consciente de esos eventos que son parte de mi pasado y que arrastro hasta mi presente. Sana mi interior a través de la acción de perdonarme a mi mismo, a través de perdonar a otros, y hazme capaz de buscar ser perdonado por el dolor que también he producido. En el nombre de tu hijo Jesús hazlo en mi vida.

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