miércoles, 1 de enero de 2014

Liderazgo de Jesús.

Liderazgo fundamentado en humildad y servicio.
La influencia positiva o negativa que una persona ejerce sobre quienes le rodean suele ser considerado liderazgo en términos actuales. Alguien me dijo una vez que para saber con certeza si poseemos o no un liderazgo bastará con iniciar a caminar en una dirección, o iniciar algo y si alguien empieza a seguirnos, entonces allí hay liderazgo. Otros hombres y mujeres a lo largo de la historia han construido su liderazgo con el uso de la fuerza, o de la violencia, incluso en nombre de la paz romana, otros usaron su influencia sobre los menos afortunados gracias a su posición de privilegio o por contar con algunos estudios, o utilizan el reconocimiento y la vanidad para fortalecer algún liderazgo. Los reyes, monarcas de la tierra han usado su liderazgo para someter, para dominar a otros, para sacar provecho particular o familiar de su autoridad, heredando a sus hijos y nietos su posición y autoridad. Jesús nos habla de un nuevo tipo de liderazgo, algo muy distinto, uno que debe guiar a su ejercito sobre la tierra. Veamos de que se trata el nuevo liderazgo de Jesús en el reino de Dios:

Mateo 23:1-12 "Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido."

En los días de Jesús, los líderes o príncipes de Israel conocidos como los fariseos y los escribas de la ley, de ellos podríamos decir eran hombres muy religiosos y muy apegados a las reglas que ellos mismos creaban, disfrutaban cuando los demás hombres les expresaran reconocimientos públicos por ser tan cuidadosos de cumplir el reglamento de su religión. Posiblemente nadie lo miraba mal en su sociedad pero Jesús les llama la atención sobre esa práctica centrada en ellos mismos y su grupo, pues amaban ser llamados "maestros". Hoy tal vez usemos la palabra Pastor, Doctor, Apóstol, Profeta, familia pastoral, sacerdote, obispo, o alguno nuevo que hable de nuestro prestigio.
Jesús habla a sus discípulos sobre ésta ligera debilidad y les advierte que en su Iglesia, que entre sus seguidores no se debe observar ese tipo de prácticas. Entre sus seguidores se observará una práctica centrada no en uno mismo (yo), sino centrada en nuestro prójimo(ellos), en el otro, el centro de nuestro interés es la oveja más pequeña, aquella que camina más lento.
El adoptar el reconocimiento público como combustible de nuestro actuar diario poco a poco nos lleva a ser dependientes de mayores y más frecuentes reconocimientos, a crear adjetivos que no califican fielmente nuestros hechos, nuestro actuar, finalmente el liderazgo pierde sentido, se extravía, se desenfoca el objetivo.
El ser descendientes y herederos de Abraham les hacía sentirse demasiado confiados, en exceso superiores al resto, creían que la afamada y reconocida "fe de Abraham" se había transmito a través de la genética a su sangre y ellos eran similares al Padre de la fe, con derechos especiales, con posición de privilegios, o con  exclusividad para liderar sobre sus hermanos. Este riesgo acecha a muchos hoy también, sobre todo se hace muy tentador cuando uno proviene de un hogar donde existe o hubo un líder de la fe en su comunidad, o cuando se creció en un hogar con fuertes reglas éticas y morales, o al poseer un nombre y apellido que tiene prestigio entre la sociedad, produciendo en ellos un pesado lastre espiritual. Existen muchas situaciones con el mismo mal. Al mismo rey David le ocurrió algo así, un día que se quedó disfrutando del palacio real hasta altas horas del día, durmió sobre su posición real hasta muy tarde, se paseó, se lució sobre su terraza real, llegó a creer que el era dueño de todo lo que se miraba a su alrededor y dejó de verse a sí mismo como un administrador temporal, y abusó de su posición y de su autoridad. Fue fácilmente víctima de sus deseos más básicos, mientras sus hombres estaban en la guerra. Muy a pesar de que años atrás él mismo había dormido junto a ellos en las cuevas bajo condiciones de comodidad mínimas. Un día "el prestigio" producto del liderazgo y de la posición será un lastre tan pesado que nos llevará poco a poco al fondo de una zona de alto riesgo de muerte espiritual. 
Jesús sí sabe como despojarse de su trono, de su gloria, y tomar forma de siervo, vestirse de esclavo, hacer el trabajo más vergonzoso de lavar los pies de otros, tocar al intocable, orar por quien nadie ora, enseñar a quienes no pueden pagar por aprender, tomar nuestro lugar en una cruel cruz, abogar por nuestra debilidad día a día. ¿Será esta voluntad de Dios para sus lideres sobre la tierra o se aplica un modelo diferente?
A los fariseos de ese tiempo se les hacía fácil creer que eran muy sabios, esa es una posición de muy alto riesgo pues se confiaron sobre manera cuando asumieron que sabían todo, (Esta actitud recibe hoy el nombre de ilusión de conocimiento o exceso de confianza y demasiada seguridad). Eso les impidió reconocer a Jesús como el enviado del Padre. Jamás pensaron ni por un instante ser enseñados por alguien más, se consideraban a si mismos joyas irrepetibles, productos certificados de clase mundial ISO 9000.
Jesús servia a los abandonados, a quienes no podían devolver lo recibido.
La Iglesia, no permite espacios para ese estilo de liderazgo humano centrado en el líder y sus anhelos y en sus deseos -al menos en su organización espiritual- ni los discípulos, ni los diáconos, ni los maestros, ni el más humilde servidor(a) está puesto allí para ser esclavo o siervo del líder. Los creyentes, lo discípulos, y los líderes están puestos allí para enseñarles a desarrollar en el líder una profunda actitud de servicio a favor de otros, ocupar la silla de rey o de pastor es para que el líder pueda desarrollar su humildad, para que el líder se despoje de todo orgullo, para abandonar la prepotencia, el amor al dinero, el amor al poder, para que el Espíritu Santo complete su obra en cada uno, que forme el carácter correcto, para fortalecer relaciones, para sobrellevar al débil y al que no sabe, para amar a los demás en la misma manera y medida en que somos amados por Dios.

Dios, que mi corazón y mi mente se transformen para servir según tu modelo, que mi servicio a los demás sea la parte más invisible de mi liderazgo, que me despoje de todo deseo de reconocimiento- inclusive de aquellos que hoy considero justos- que pueda extender fielmente tu reino sobre la tierra. Aleja de mi vista y de mi oído las adulaciones para no desearlas y menos extrañarlas aunque otros(as) sí los reciban. Dios, tú eres celoso de tu gloria y no la compartes con nadie, toda la gloria sea para ti. Que así se haga en mi vida.

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