jueves, 1 de diciembre de 2011

El humilde pesebre de Belén.

La Navidad, es una de las celebraciones más populares -hoy- sobre la tierra. Prácticamente se celebra en todos los continentes del planeta. La fecha de la celebración puede variar; para la iglesia de oriente y la de occidente, alguna vez se creyó que la celebración no era importante pues la Iglesia primitiva no registra que se le celebrará el cumpleaños a Jesús, o que sea en ese mes, o en el solsticio de invierno europeo, o en el nacimiento del sol invictus romano.
La celebración del 25 de Diciembre es popular -también- entre los no creyentes en Jesús pues en esta fiesta se efectúa tradicionalmente un intercambio de regalos que resulta ser una dinámica muy atractiva y popular, más cuando se es niño y se reciben juguetes, calzado y ropa nueva.
Muchos adultos -sobre todo los mayores- tienen en esta fecha un duro momento de depresión que suele asociarse a la abusiva ingesta de bebidas alcohólicas. Para otros la "navidad" trata de muchas reuniones sociales de cierre de año, comidas con menús de la temporada, fiesta, bailes, y hasta un buen pretexto para tener sexo fácil. También es una época de aumento de muertes asociadas al descuido en los cuidados médicos. Según las salas de emergencia de hospitales y clínicas los accidentes asociados con la decoración navideña, la pirotecnia, las luces, los incendios, los atragantamientos, intoxicaciones alimentarias, etc., aumentan en la temporada de "navidad" y la cifra se eleva aún más cuando hay consumo de alcohol de por medio. Para muchos eso es la Navidad.
¿Qué es para ti el nacimiento del Hijo de Dios?
La historia que cuentan los evangelios -Mateo, Marcos, Lucas y Juan- tiene pequeñas variaciones, pues sus historias originalmente se dirigieron a públicos muy distintos. El detalle que más me impacta de la narración bíblica es la humildad del pesebre. Veamos Lucas 2: 1-20 y el nacimiento de Jesús:

"Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo en-volvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho."
José y María, él posiblemente de unos 3o años y ella de unos 15, esperaban un hijo y su embarazo iba ya muy avanzado. Gabriel -el ángel- les había informado sobre como debería llamarse el niño varón que ella esperaba. El imperio romano mandó a contar a todos los que vivían bajo su cobertura política para mejorar su captación de impuestos. En esos días Judea e Israel estaban bajo la autoridad romana. Por ésto José debía trasladarse a la ciudad del origen de su familia, él y María provenían de un lugar muy poco conocido: Belén de Judea -casa de pan- también allí había nacido el rey David.

Así que esta joven pareja salió al camino sobre un burro para cumplir con la orden romana de ir e inscribirse al censo de población, viajaron hasta Belén la pequeña población rural. No había mucha infraestructura para atender viajeros, y la poca que existía ya tenía ocupantes, por este motivo al llegar ellos encuentran que no se podían instalar. Pero lo que convirtió su viaje en una aventura fue que llegaron los días del alumbramiento y sin poderles alojar en un cuarto se les llevó a una pieza aparte reservada para guardar animales y bestias de trabajo, un lugar carente de cualquier tipo de instalación higiénica, camas, sabanas o mantas limpias. Ni hablar de lo que un parto demanda, y lo que necesita un recién nacido para su cuidado. No había reservado un espacio, una cuna, un médico, una enfermera, ropa de bebé, medicinas, regalos de bienvenida, no había nada para recibir a Dios hecho hombre a su entrada a la tierra. Sólo un cajón con ramas y hojas secas, paja y algunas frutas en mal estado, y seguramente también más de algún insecto hambriento se llevaba por allí. Para ser honesto ese pesebre no era para nada digno de recibir sobre de él a ningún bebé y menos a éste en especial.
Este mismo Jesús, que apenas acaba de nacer sufrió todo tipo de rechazos desde su gestación; su papá pensó abandonarles y rechazarles en secreto a él y a su mamá,  el dueño del mesón rechazó darle un cuarto limpio y lo envió a un sucio lugar, el rey le rechazó y temió y le mando a matar junto a todos los niños de Belén, Jesús salió huyendo y su infancia la vivió rechazado como un refugiado en Egipto, el pueblo que debió esperar vigilante su llegada le rechazó y prefirió a un matón, luego solicitaron matarlo en una cruz, los sacerdotes, los grupos religiosos y los escribas buscaron en cada instante la oportunidad para deshacerse de él, sus amigos y discípulos lo rechazaron y abandonaron cuando él tuvo problemas, recibió la condena de 39 azotes romanos, luego otra más para morir públicamente desnudo clavado en una cruz, un ladrón crucificado junto a él también le rechazó, en su sepultura no hubo tumba familiar sino que un extraño le donó una nueva, sus discípulos rechazaron la idea de la resurrección, y también rechazaron la orden de estar juntos en Jerusalén todos volvieron a su viejo oficio. Sin embargo, él organizó el ejercito más exitoso de toda la historia de la tierra.
Así es como nos encuentra Dios a cada uno de nosotros, realmente indignos, sucios, llenos de cosas que huelen y se ven muy mal, no hay vida en nosotros solo hojas secas. No hay nada especial, no hay virtud, no hay valor, nada por lo que sentir orgullo. Pero a pesar de su poco valor el pesebre estaba dispuesto a alojar en su interior al hijo de Dios, entonces, su bajo valor creció gracias al alto valor de Jesús. Ese es el caso de cada mujer, niño u hombre que abre su vida poco valorada y sin importancia alguna y permite a Jesús entrar en ella, de pronto su vida adquiere un nuevo valor especial, somos reetiquetados y esa nueva etiqueta nos eleva el precio a un valor que supera los tesoros de la tierra y del cielo. Jesús es el mayor tesoro que existe en el cielo por eso su Padre lo dio por único pago posible por nuestro rescate.
Recibir a Jesús con la humildad de un rustico pesebre.
¿Has abierto con humildad tu corazón a Jesús? Este es tu tiempo oportuno, tu momento especial para que la Navidad tenga sentido para ti. No es la tradición navideña -regalos, cenas, reuniones, ni gordos señores vestidos de rojo y blanco- es Jesús viviendo en ti el verdadero sentido y valor de la Navidad. Aprende del pesebre y recibe a Jesús tal cual estás ahora mismo. Que mi vida se disponga como un pesebre -recipiente- sin valor en sí mismo para recibir a Jesús el Salvador -el mayor tesoro del cielo- como mi Rey y Señor. Que así se haga en mi vida, Jesús entra ya mismo en mi corazón y toma el trono de mi vida.

3 comentarios:

  1. Como siempre Lic. Muy buena reflexión, siga escribiendo, Siempre para Dios. Gracias por compartir, Bendiciones

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    1. Gracias por tan linda reflexión , de humildad

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    2. Si gusta la puede compartir en esta temporada con alguien más.

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