martes, 19 de marzo de 2013

El padre derrochador de perdón.

Hoy les invito a volver revisar una porción del evangelio de San Lucas que ha sido inspiradora para la iglesia en cada generación, se trata de un pasaje mejor conocido como "el hijo pródigo" pero hoy volveremos los ojos a éste con atención especial en el padre. Dios se revela en este y otros pasajes de los evangelios como "nuestro padre" y nos crea una nueva condición de hijo adoptivo con plenos derechos y acceso total a sus riquezas, algo que algunos hijos -menores o mayores- tienen problemas en entender.
Tenemos un Dios que está dispuesto para restaurar.
Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno deser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamosfiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. San Lucas 15: 11-24

Una necesidad poco discutida del ser humano y menos promovida, es el hambre de padre. Gracias damos a Dios por los hijos que han tenido la oportunidad y la dicha de haber sido educados por un buen padre. Aunque a los papás se les suele ver como muy distantes y se les pinta como un verdugo que castiga a los niños que se portan mal en casa durante el día por cada error cometido.
Ser pródigo significa dar abundantemente, con generosidad, imprudentemente dadivoso, esta historia describe a un padre que es pródigo para dar perdón. Algunas cosas que rescataremos en este padre. Es dador, en el verso 12 se cuenta como el más pequeño de los hijos de este padre, reclamó de manera imprudente la parte de la herencia que se le daría hasta morir su padre. Es un error creer que los padres están obligados a dejar una herencia a sus hijos, es sólo un acto de gracia de un padre dejar sus pertenencias a los hijos, no es ley, ni obligación. Deuteronomio 21:18-21, dice que un mal hijo merece morir. Este padre aceptó dar a ambos hijos por igual. Alguien podrá pensar que este padre es un tonto por ceder ante una solicitud tan loca y fuera de lugar, este padre entendió que ya no podía retener un día más a su hijo, así que el padre cedió la libertad de escoger a su hijo menor, este hijo no se lo merece, pero un padre da. Dios es un padre dador, como padres terrenales debemos imitar a este Padre.

El Padre espera con fe. Este Padre quedó en casa esperando su regreso, tal vez rogaba que no sufriera mucho allá afuera. En caso de finalizar en este punto la historia tendría como moraleja; no falte el respeto a su padre o sufrirá en tierra sin Dios. Un día mientras miraba comer a los cerdos recordó que en casa de su papá había abundancia de alimentos para todos.
El padre ve. El padre es alguien con visión de restauración, este padre sabía con certeza que un día su hijo regresaría a casa. No sabía cuando pero va a regresar. Un buen día va a regresar, ese miembro de nuestra familia que vive alejado, en drogas o en alcohol un día vendrá a casa de su Padre. El verso 20 también nos dice que este padre actúa en compasión. El abdomen posee dos ganglios que al ser golpeados hacen saltar todo nuestro interior, como un golpe que nos deja sin aire. Así sintió compasión este padre al ver la condición de su hijo ya hecho una completa desgracia.
El padre se acercó y lo protegió. Este padre corrió hasta su hijo, no fue algo predecible, rompió los protocolos de su cultura y su sociedad al salir corriendo para llevar a su hijo a casa otra vez. Prefirió correr para evitar que su hijo fuera víctima de burla, de juicios, y de morir lapidado por las personas del pueblo, prefirió cargar la vergüenza de su hijo y contar a todos que ya le había perdonado todas sus ofensas. Este Padre soportó el enojo y la burla que caería a su hijo por su mala decisión. El plan y la palabras que este hijo había preparado no se dijeron, el padre tenía un mejor plan para él. Dios siempre tiene un mejor plan para cada uno de nosotros.
El padre nos acepta como somos aunque no lo merezcamos. No hay problemas de clase social o de status social. El problema aquí como en muchas relaciones padre-hijo no es la falta de dinero, es la falta de perdón. Por dicha este padre no es escaso en dar su perdón y tenerlo siempre listo. A pesar de ser un padre muy ofendido, él está siempre listo a dar su perdón.
Verso 22, el padre restaura a su hijo aun sin merecerlo; anillo o vestido. No lo degradó a esclavo o siervo de su casa. Versos del 23-24 nos muestra a un padre que celebra, que se goza hace fiesta para su hijo y lo hace honrando la dignidad deteriorada de un hijo que tomo decisiones erradas. La mayor bendición de un padre está en ver crecer en el temor (respeto) a la Palabra de Dios y que sus vidas obedecen a Dios. Dios el Padre saciará nuestra sed de padre, sin importar nuestra maldad, siempre hay otra oportunidad para quienes deciden regresar a casa.

El reino de los cielos siempre está abierto para quien se muestra realmente arrepentido y busca una nueva oportunidad. Tú también puedes entrar en él.

Que seamos el padre que nuestros hijos merecen, uno que les enseña sobre un Padre mejor que nos cuidará siempre, y en quien podemos confiar.

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