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Generosidad a prueba.


¿Cuántas veces hemos leído o escuchado que "Dar" es mejor que "Recibir"?
Después que ya hemos comido bien y estamos satisfechos, se nos hace mucho más fácil ayunar. También, cuando estamos en temporada de abundancia, se nos hace mucho más sencillo desprendernos de una pequeña parte y dar generosamente. Cuando se ha vivido en plenitud y abundancia, se hará muy complicado despojarse de las riquezas y del poder de éstas. Jesús dijo que para un rico entrar en el reino de los cielos es un enorme reto, más no es imposible. Aquel que tiene menos recursos materiales -dinero, bienes, sirvientes, empleados, etcétera- y ha vivido más limitado suele, pero no siempre, ser más dispuesto a ser solidario y a dar a otros. Una persona que suele vivir con lo mínimo también suele estar contenta con un poco, y disfruta mucho más de los detalles más pequeños.
Los discípulos debemos desarrollar una actitud de observación para disfrutar todavía más el hecho de estar en la presencia de Dios, a pesar del cansancio acumulado, y así permitir que su fruto sea multiplicado.
Le pido que haga un esfuerzo especial para observar con cuidado a un niño entre toda una multitud, éste vino a escuchar a Jesús. A este niño, en particular, Dios le tiene preparada una porción especial.

Exactamente, no sabemos todavía -hoy- si este niño llegó solo, o con sus padres. Si estaba hambriento, o no. Pero él -todavía sin saberlo- y su apego por las cosas, junto con su generosidad estaban a punto de ser puestas a prueba. 

Vamos a revisar la porción de las buenas noticias de Juan 6:1-15:

"Después de esto, Jesús fue al otro lado del Lago de Galilea, también conocido como lago de Tiberias. Mucha gente lo seguía, pues había visto los milagros que él hacía al sanar a los enfermos. Se acercaba la fiesta de los judíos llamada Pascua, y Jesús fue a un cerro con sus discípulos, y allí se sentó. Cuando Jesús vio que mucha gente venía hacia él, le preguntó a Felipe:

—¿Dónde podemos comprar comida para tanta gente? Jesús ya sabía lo que iba a hacer, pero preguntó esto para ver qué decía su discípulo. Y Felipe respondió: —Ni trabajando doscientos días ganaría uno suficiente dinero para dar un poco de pan a tanta gente. Andrés, que era hermano de Simón Pedro, y que también era discípulo, le dijo a Jesús: —Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero eso no alcanzará para repartirlo entre todos. Jesús les dijo a sus discípulos que sentaran a la gente. Había allí unos cinco mil hombres, y todos se sentaron sobre la hierba. Jesús, entonces, tomó los panes en sus manos y oró para dar gracias a Dios. Después, los repartió entre toda la gente, e hizo lo mismo con los pescados. Todos comieron cuanto quisieron. Una vez que todos comieron y quedaron satisfechos, Jesús les dijo a sus discípulos: «Recojan lo que sobró, para que no se desperdicie nada.» Ellos obedecieron, y con lo que sobró llenaron doce canastos. Cuando todos vieron este milagro, dijeron: «De veras éste es el profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús se dio cuenta de que la gente quería llevárselo a la fuerza para hacerlo su rey. Por eso se fue a lo alto del cerro, para estar solo".

En el evangelio de Marcos 6:30 también describe este momento. Jesús revistió, delegó con su autoridad a sus doce discípulos, fue algo parecido a lo que Faraón hizo al darle su anillo a José, compartió parte de su autoridad sobre éste, hoy podríamos decir también que fue empoderado.

En el verso 31 nos dice que después de servir las multitudes que seguían a Jesús los discípulos quedaron cansados y sin fuerza alguna. Jesús, después de atender a la multitud, los llevó a un lugar aparte y tranquilo para descansar. Exactamente como lo dice David en el Salmo 23. Solo que al llegar a la otra orilla fueron recibidos por una nueva multitud -la segunda- sedienta de la verdad.
Veamos que tenemos a un maestro, unos discípulos y a una multitud. Pero el cansancio ha afectado el ánimo de los doce discípulos. Se escuchan murmullos, sus voces dejan entrever algunas quejas. Irónicamente se parecía a esas reuniones donde los hermanos se quejan de todo a pesar de estar al lado de Jesús. 

" Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Pero eran tantos los que iban y venían, que ni tiempo tenían para comer. Entonces Jesús les dijo: «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas.» Y él y los apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado. Pero la gente que los vio partir adivinó hacia dónde iban. Así, la gente de todos los pueblos cercanos se fue a ese lugar, y llegó antes que Jesús y sus discípulos. Cuando Jesús bajó de la barca, vio la gran cantidad de gente que se había reunido y les tuvo compasión, porque parecían ovejas sin pastor. Entonces empezó a enseñarles muchas cosas." 

Dios es un Padre que siempre está presente sea que estemos concientes o no. Jesús les enseña algo completamente nuevo y diferente a sus doce discípulos sobre la persona de Dios, pues no se trata de un Dios al que ni se le puede invocar por su nombre como se enseñaba a los judíos de ese tiempo. Todo lo contrario Dios es un Padre amoroso y bueno. 
Todos ellos sabían que por esos días se acercaba el tiempo de celebrar la fiesta de la Pascua judía.
Muchas veces nosotros alternamos la presencia de Dios con nuestros afanes cotidianos. A veces le vemos, y por momentos no le vemos. Se trata de una percepción ocasional, no de algo continuo.
Cuando el pasado viene a nuestra memoria y se roba nuestra paz, podemos ir a nuestro padre, el padre puede sanar nuestro corazón. Vivir con nuestro pasado en el presente no permite crecer ni avanzar, pero es en su presencia que se sanan las heridas del pasado. 
Otras veces vivimos tan atentos a cada pequeño detalle de aquello que nos rodea, que nuestra atención no está en Jesús mismo, no importa que Dios esté a nuestro lado, solo vemos los costos, y las cantidades enormes de recursos que demanda hacer la obra de Dios. Muy parecido al caso de los discípulos que buscaban el costo total de alimentar a una multitud.
Pero allí había un chico que quedó deslumbrado por Jesús, y olvidó comer su almuerzo. Los discípulos al menos hicieron algo bien, invitaron al chico y lo llevaron ante Jesús. Este chico pudo ver como sus recursos se multiplicaron en las manos de Dios. Y la multitud fue saciada. 

Muchos de nosotros nos pasamos la vida entera diciendo: Si tan solo yo tuviera el talento o los recursos de fulano, entonces yo también sería usado por Dios poderosamente. 
El reto para cada uno de nosotros es dar pasos hasta llegar a Jesús, poner los recursos disponibles hoy en sus manos y dejarlos allí. Hay que traer los recursos a las manos del maestro para que por fin éstos sean usados y multiplicados. Necesitamos movernos con nuestros recursos a la presencia de Dios. Así Dios nos va a empezar -por fin- a usar sobrenaturalmente.
Urge romper con el dolor y el cansancio de nuestro pasado en su presencia. Dios quiere sanar nuestro dolor y las heridas que todavía duelen, y darnos un presente sano para disfrutar del futuro.
¿Te puedes ver a ti mismo con algo en tu mano; panes y peces, u otro recurso no tan valioso a los ojos de los hombres? ¿Estás dispuesto a llevarlo a las manos de tu Maestro?

Dios, que mi servicio a ti disponga de estos recursos que has confiado y puesto en mis manos. Que mi voluntad no encuentre ningún tipo de restricción para ceder en tus manos. Permite que mi escasez y pobreza sean el combustible para un milagro, para que podamos ver tus maravillas.

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