miércoles, 20 de septiembre de 2017

La red de un pescador de hombres.

Los pescadores de estos grandes lagos son personas que comparten un oficio muy común entre los habitantes de su comunidad, no se necesitaba mucho para conocer este negocio era como un oficio generacional, ellos no solían tener acceso a ningún otro tipo de educación o instrucción formal pues todo su día giraba alrededor de la pesca, de barcos, redes, canastas. Por estar expuestos al sol a lo largo de extensas  jornadas de día y de noche su piel y su cabello mostraban elocuentemente a que se dedicaban, así como también su forma de hablar. En los siguientes minutos podremos descubrir gracias a algunas porciones bíblicas que nos hablan sobre varios episodios en la vida de Pedro -Simón- y de los demás once discípulos. Jesús anuncia un nuevo tiempo, un período lleno de nuevos retos y dificultades para los discípulos. En medio de un día normal lleno de muchos deberes y trabajo alguien rompió el orden de aquel lugar con su presencia. Cuando un pescador responsable arregla o repara sus redes significa que ha estado experimentando roturas y fracturas en los tejidos de sus redes, ha estado perdiendo peces, trabajando en vano, perdiendo utilidades y acumulando cansancio.
Los hombres somos como ovejas, necesitamos pastor.
"Jesús pasaba por la orilla del Lago de Galilea cuando vio a Simón Pedro y Andrés, dos hermanos que eran pescadores. Mientras ellos pescaban con sus redes, Jesús les dijo:
-Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí.
En ese mismo instante, Pedro y Andrés dejaron sus redes y siguieron a Jesús. Jesús siguió caminando por la orilla del lago y vio a Santiago y a Juan, otros dos hermanos que también eran pescadores. Los dos estaban en una barca arreglando las redes, junto con su padre Zebedeo. Jesús llamó a los dos. Ellos salieron de inmediato de la barca, dejaron a su padre y siguieron a Jesús." Mateo 4:18-22

"Después, Jesús le dijo a Pedro: —Pedro, escucha bien. Satanás ha pedido permiso a Dios para ponerles pruebas difíciles a todos ustedes, y Dios se lo ha dado. Pero yo he pedido a Dios que te ayude, para que te mantengas firme. Por un tiempo vas a dejarme solo, pero después cambiarás. Cuando eso pase, ayudarás a tus compañeros para que siempre se mantengan fieles a mí. Enseguida Pedro le dijo: —Señor, si tengo que ir a la cárcel contigo, iré; y si tengo que morir contigo, moriré. Y Jesús le dijo: —Pedro, hoy mismo, antes de que el gallo cante, vas a decir tres veces que no me conoces. Luego, Jesús les preguntó a sus discípulos: —¿Recuerdan cuando los envié a anunciar las buenas noticias y les dije que no llevaran dinero, ni mochila ni sandalias? Díganme, ¿les hizo falta algo. Ellos le respondieron:—No Señor, nada nos faltó. Entonces Jesús les dijo:—Pues bien, yo ahora les digo: el que tenga dinero, que lo traiga; y si tiene mochila, que la lleve con él. Si alguno no tiene espada, que venda su manto y se compre una. »La Biblia dice acerca de mí: “Y fue considerado un criminal”. Les aseguro que pronto me pasará eso. Los discípulos dijeron: -Señor, aquí tenemos dos espadas. Y él les contestó: —¡Ustedes no me entienden! Pero ya no hablemos más de esto." Lucas 22:31-38

El escritor de este libro no volvió a llamarles "pescadores" ahora les llama discípulos. Hubo una conversión, una transformación, algo dejó de estar como estaba antes. Sus estructuras mentales han sido modificadas a fondo y su proceso todavía no ha terminado. Ya casi va a amanecer y Jesús camina a la orilla del lago. Hay barcos de pescadores trabajando, toda esa noche han trabajado y parecen estar ya muy cansados.
" Poco tiempo después, Jesús se apareció a los discípulos a la orilla del lago de Tiberias. Esto fue lo que sucedió: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás el Gemelo, Natanael, que era del pueblo de Caná de Galilea, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos de Jesús. Pedro les dijo: —Voy a pescar. —Nosotros vamos contigo —dijeron ellos. Todos subieron a una barca y se fueron a pescar. Pero esa noche no pudieron pescar nada. En la madrugada, Jesús estaba de pie a la orilla del lago, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les preguntó: —Amigos, ¿pescaron algo?No —respondieron ellos. Jesús les dijo: Echen la red por el lado derecho de la barca, y pescarán algo. Los discípulos obedecieron, y después no podían sacar la red del agua, pues eran muchos los pescados. Entonces el discípulo favorito de Jesús le dijo a Pedro: «¡Es el Señor Jesús!» Cuando Simón Pedro oyó que se trataba del Señor, se puso la ropa que se había quitado para trabajar, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron a la orilla en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban como a cien metros de la playa. Cuando llegaron a tierra firme, vieron una fogata, con un pescado encima, y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.» Simón Pedro subió a la barca y arrastró la red hasta la playa. Estaba repleta, pues tenía ciento cincuenta y tres pescados grandes. A pesar de tantos pescados, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era; ¡bien sabían que era el Señor Jesús!
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, y también les dio el pescado. Ésa era la tercera vez que Jesús se aparecía a sus discípulos después de haber resucitado. Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le respondió: —Sí, Señor. Tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como corderos." Juan 21:1-15
Jesús promete que esta vez la red no se va a romper como antes de conocerles y que su labor será fructífera. Durante toda la noche anterior después de trabajar duro no se logró nada de frutos. Solo cansancio y nada de peces. Probablemente los discípulos desearon nunca volver a intentar a su oficio de siempre. Esa noche sufrieron un duro trauma. Volvieron a sus negocios pero sin resultados. Pedro sufría por la muerte de Jesús, Pedro abandonó todo por Jesús y sus promesas de un nuevo reino. Ahora después de apostar todo por Jesús no queda nada. La frustración de Pedro es profunda, y está arrastrando a toda la Iglesia con él. Se trata de un hombre mayor, en la edad media de su vida, dejó su negocio familiar, abandonó su familia, y se fue a una aventura espiritual detrás de un maestro y profeta.
Pedro ahora formarás discípulos para mi nombre en lugar de sólo peces para el mercado. Deja eso y sígueme que yo te voy a formar, te puliré y te formaré. Yo tengo un plan mejor para tu vida, algo diferente a lo que has hecho hasta hoy, serás pescador de hombres.
Ser pescador de hombres es una tarea que se hace en cada lugar donde nosotros andamos o estamos. Pedro no era la persona más fácil de formar, impulsivo, agresivo y de pocas pulgas. 
Resulta un lio, un conflicto interno, Dios al llamarnos no está consultando, él está ordenando. Y esa orden choca contra todo, es contraria a nuestra preparación y experiencia, resulta como un terremoto de 8 puntos, por ese plan Dios nos ha guardado hasta hoy y nos cuida tanto.
Simón el diablo solicitó permiso para destruirte y hacer violencia contra ti, fue el aviso de Jesús. No es un juego, no es otra actividad lúdica, es un asunto de vida o muerte para cada uno, es un punto de quiebre mayor a nuestra fuerzas y a nuestra tolerancia. 
Se trata de apostar todo nuevamente, una vez más toca renunciar a la nueva oferta del mundo para hacernos regresar a lo de antes. Esa incitación, esa invitación es un demonio que debemos vencer. El diablo y este mundo nos lanzará una oferta irresistible para volver atrás. Pero Jesús ruega por nuestra voluntad, por nuestra debilidad, para que no seamos derribados. La desmotivación lucha a diario con nuestra fe en Dios, nos dice que no vale la pena, para que lo haces? Pero podemos seguir firmes y creer otra vez.
Y ese día vas a padecer todo para lograr el plan perfecto que tengo para ti y tu voluntad no va a titubear, sabrás que ese es tu llamado. Pero deberás salir otra vez de nuestra vieja barca de pescador. Abandonar esa muleta, esa barca, que me sirve de consuelo cada vez que sientes dudas y temor. Esa barca era demasiado apreciada y sobre estimada por Pedro, hasta le pidió a Jesús que parara la tormenta que le amenazó con romperla toda. Pedro soportó en silencio el castigo que le daban a Jesús. Fue tan traumático que le negó y se regresó a lo que conocemos, lo que sabemos hacer, a lo que me permite progresar, a lo seguro. Pero lo peor fue que la barca no dio frutos, no pescaron y ni para su comida alcanzó, fue tanto su esfuerzo que quedó desnudo y no sintió que Jesús estaba allí con peces suficientes para saciarnos. Hoy será la última vez que yo vuelva a esa vieja barca a buscar prosperidad y seguridad. Ahora haré lo que Dios tiene para mi.

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