lunes, 8 de julio de 2013

Hijos e hijas, una fuerza poderosa.

Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos. Más bien edúquenlos y denles enseñanzas cristianas. (Carta a los Efesios 6:4)

Querido jovencito, cumple al pie de la letra con los mandamientos de tu padre y con las enseñanzas de tu madre.(Libros de los Proverbios 6:20)

Los hijos e hijas son una fuerza poderosa que se suma al matrimonio de un hombre y una mujer. Esta increíble fuerza puede contribuir a su unión, pero también puede agregar división o separación. Cada matrimonio debe tomar sus decisiones propias, una de las que deberán enfrentar es el hecho de si tendrán hijos, cuando será el mejor momento para tenerlos, cuantos hijos desean y pueden sostener, cómo se han de educar estos hijos; con el uso de la vara o sin el uso de la vara, si los acompañaran más allá de los 18 años o no, si hablarán uno o varios idiomas, hay muchos acuerdos y que deberán convertirse en decisiones entre esposo y esposa, el llegar a acuerdos o pactos se atrae la bendición y el respaldo de Dios mismo, es un misterio que funciona a favor del matrimonio, hacer pactos en base a acuerdos.
Los padres, son los responsables directos e inmediatos del sostenimiento y de la educación de los hijos e hijas, ésto no le corresponde a nadie más, por eso Dios solicita a los padres ser muy productivos, pues habrá una alta demanda de recursos para atender bien esta tarea. Los abuelos, y los suegros son personas que pueden colaborar adicionalmente al esfuerzo de la pareja, su experiencia aquilatada puede ser muy útil, pero siempre respetando los pactos alcanzados por la pareja de padres. En nuestra sociedad occidental, estamos muy acostumbramos a que sean las madres las que dediquen más tiempo a enseñar a los hijos pequeños, y también durante su desarrollo, pero el varón -el padre- es cada vez más consciente de la importancia y valor de su compañía en la tarea de educar a sus hijos. La voz de la madre resulta ser muy poderosa en la vida de cada hija e hijo, por eso esta tarea demanda de sabiduría, y es mejor si esta sabiduría no solamente es humana, sino también divina en una mayor medida. William Ross Wallace (1819-1881), poeta norteamericano hijo de un predicador presbiteriano, escribió(1865) un verso muy repetido en la actualidad y que describe la importancia del trabajo de una buena madre: "La mano que mece la cuna, es la mano que guía al mundo" (The Hand That Rocks The Cradle Is The Hand That Rules The World).

Querido jovencito: Atiende a tu padre cuando te llame la atención, y muestra respeto cuando tu madre te enseñe. (Libro de los Proverbios 1:8)

En el caso de los padres, los varones, hoy su mayor asignación está en ser el proveedor, mientras para la mamá administrar los recursos de la familia. Por eso papá pasa más tiempo buscando recursos fuera de la casa, esta labor puede distraer demás al padre y fácilmente caer en la trampa de dejar la educación de los hijos sólo en manos de la madre. Los padres, son el eje emocional de la familia, ellos generan estabilidad para el resto de la familia, la presencia del padre, la compañía sabia y sana del padre presente en cada momento hará hijos más seguros al tomar decisiones y seguros de sus emociones. El equipo integrado entre "padre y madre" dará todavía mejores resultados, demos a los hijos nuestro tiempo en la cantidad suficiente y la calidad necesaria. Si a este equipo -padre y madre- se le suma la ayuda del gobierno local o nacional, los abuelos, tíos, la comunidad de fe, y de la misma escuela, es bienvenido todo este apoyo adicional, pero de no ser así, la responsabilidad de dar educación es primordialmente de ambos padres.
El hijo deberá desarrollarse hasta ser un cristiano(a) maduro(a) en la fe en Cristo Jesús, serán discípulos capaces de formar a otros discípulos, también deberán ser amistosamente independientes y autónomos de sus padres. Le comparto ocho consejos muy valiosos para ser exitosos como padres:
1. Desarrollar un plan estratégico para alcanzar estas metas. Evite que sus hijos desarrollen ira, debemos tratarles sin construir en ellas y ellos resentimientos, evitemos dañar su auto estima o abrir puertas a la depresión, evitar cortar las alas de los sueños, o formar personas frustradas, tampoco hay que sobre estimarles, pero sí estimular correctamente la auto eficacia para desarrollar metas alcanzables, al inicio deberán ser pequeñas metas para garantizar seguridad y confianza en sí mismos, evitemos usar expresiones verbales como No puedes lograrlo.
2. Al corregir seamos muy oportunos y cuidadosos, la disciplina debe ser la correcta, nunca recurrir a excesos como la violencia domestica, muchas palabras que usan algunos padres o madres castran el deseo de superación, frustran la creatividad, producen ira y enojo por eso hay que usar siempre palabras sabías y callar las palabras necias.
3. Los padres deben ser coherentes en sus dichos y hechos, el hablar y el hacer deben producir un sonido claro y no confuso. Nuestros mensajes a través de los hechos son más poderosos que los verbales y perduran más tiempo en el corazón.
4. Use su ejemplo para formar valores eternos. Su buen ejemplo es su herramienta más poderosa, los arrastrará a vivir una vida que agrada a Dios, para lograrlo sus hijos necesitan verlo y aprender mientras le observan.
5. Asegure que su compañía produce momentos gratos con sus hijos, diseñe eventos y actividades que produzcan recuerdos agradables, desarrolle actividades colectivas divertidas y aleccionadoras, fortalezca el trabajo en equipo, el liderazgo, hagan cosas juntos todo el tiempo.
6. La meta u objetivo no es tener hijos y hijas perfectos, pues nadie lo es, esta idea solo creará frustración. Su hogar debe ser para cada uno de ellos un espacio de restauración, de superación personal, de desarrollo e inspiración. No hay padres perfectos, tampoco hay hijos perfectos.
7. Los limites y las reglas deben ser conocidos por todos en la familia, se deben hacer reglas simples y claras, decirlas, y nunca elevar las expectativas a niveles que sabemos bien no se pueden alcanzar.
«Yo soy el Dios de Israel. Yo los saqué de Egipto, donde eran esclavos.»No tengan otros dioses aparte de mí. No hagan ídolos ni imágenes de nada que esté en el cielo, en la tierra o en lo profundo del mar. No se arrodillen ante ellos ni hagan cultos en su honor. Yo soy el Dios de Israel, y soy un Dios celoso. Yo castigo a los hijos, nietos y bisnietos de quienes me odian,  pero trato con bondad a todos los descendientes de los que me aman y cumplen mis mandamientos. No usen mi nombre sin el respeto que se merece. Si lo hacen, los castigaré. Recuerden que el sábado es un día especial, dedicado a mí. Durante los primeros seis días de la semana podrán hacer todo el trabajo que quieran, pero el sábado será un día de descanso, un día dedicado a mí. Ese día nadie deberá hacer ningún tipo de trabajo: ni ustedes, ni sus hijos, ni sus hijas, ni sus esclavos, ni sus esclavas, ni sus animales, y ni siquiera el extranjero que trabaje para ustedes. Yo hice en seis días el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos. Pero el séptimo día descansé. Por eso bendije ese día y lo declaré un día especial. Obedezcan y cuiden a su padre y a su madre. Así podrán vivir muchos años en el país que les voy a dar. No maten. No sean infieles en su matrimonio. No roben. No hablen mal de otra persona ni digan mentiras en su contra. No se dejen dominar por el deseo de tener lo que otros tienen, ya sea su esposa, su sirviente, su sirvienta, su buey, su burro, o cualquiera de sus pertenencias. (Éxodo 20:3-17)
8. Generemos un interés genuino por las cosas que son de su interés, y hagamos manifiesto ese interés y celebremos juntos los logros alcanzados.
Los hijos son de Dios, no son míos ni suyos son prestados por Dios durante nuestro corto viaje por la tierra. Un día pasaremos ante su presencia y Dios nos pedirá que demos cuentas por los hijos que él nos confió. Tenemos el privilegio de afectar sus vidas eternamente.
Los padres somos como arqueros que lanzamos a nuestros hijos al futuro, por eso las flechas deben ser derechas.
Dios haz de mi el padre y la madre que mis hijos necesitan para alcanzar todo lo que tú has diseñado para ellos y ellas, dame la fortaleza necesaria y permíte llenarme de la sabiduría que me será demandada. Qué así se haga en mi familia con la ayuda de Jesús.

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