domingo, 3 de febrero de 2013

Jesús pagó el precio, suya es la gloria.

Jesús un día, estaba cansado después de un día de caminar con los discípulos y buscó agua en un pozo y encontró el pozo casi seco. Él -Jesús- llegó a tiempo para cambiar el futuro en esa comunidad de Sicar en Samaria, de hecho sus discípulos habían entrado y salido del pueblo y allí no cambió nada, pero sólo unos pocos minutos después de darse un encuentro entre Jesús y una mujer de esa comunidad desde ese mismo lugar saltaba el agua de vida, un agua que saltaba llena de alabanzas al Padre de los cielos.
Si en una ciudad que produce buen aceite y bálsamo para sanar golpes y heridas de pronto se quedaran sin su preciado fruto, ¿adonde deberán acudir los enfermos y los que sufren dolor? El libro de los Proverbios del Rey Salomón describe el lugar al cual corren los justos cuando sienten que su vida está en riesgo o cuando sienten temor, el justo buscará a Dios y en su presencia descubrirá que su Dios es una invencible fortaleza, una torre fuerte.
Existen distintos tipos -clases- de auditorios, públicos, o receptores unos tienen mayor nivel de confianza y privilegios que otros, la parábola del campesino que salió a sembrar describe como Jesús dijo a la congregación en general la parábola, pero a su grupo intimo le reveló los detalles, en otra oportunidad Jesús apartó a Simón Pedro del grupo intimo de los doce discípulos y le pidió que cuidara de sus ovejas; los otros once apóstoles. Ésto habla elocuentemente que muchos mensajes deben abordarse de manera distinta según el tipo de auditorio al que nos dirigimos, Jesús mismo nos explica que hay muchas otras cosas que él desea decir a su Iglesia, pero no conviene decirlas todavía pues como auditorio no las podremos sobrellevar, dicho en otras palabra no es el lugar, ni el tiempo correcto.
Una congregación, cuyo liderazgo está orientado completamente al evangelismo diario, y que está comprometida llenando el reino de los cielos deberá aprovechar cada oportunidad y espacio, cada instante y reunión para invitar a todas las personas con que se tiene contacto -visitante o amigo- a entrar a aprovechar la gracia de Dios, se trata de una oportunidad única para rescatarle de una vida separada de Dios. La invitación natural será a procurar de la misma manera -como se hace a diario desde los grupos en casas-  las reuniones del fin de semana no deben ser la excepción para presentarles y llevarles a la cruz a recibir perdón y salvación, y será obvio que los primeros alcanzados y discipulados serán los miembros de su casa y su familia extendida.
El espacio que está entre la necesidad -anhelo o deseo- y la expectativa de su satisfacción puede producir dos resultados muy diferentes; el positivo será un estado de satisfacción plena, y el opuesto -negativo- será la frustración. La satisfacción produce estados de alegría, seguridad, gozo y confianza. Cuando una persona después de un juicio recibe justamente lo que se merece, entonces se goza y confía en el sistema de justicia. Otra persona puede no recibir lo que salió a buscar, o recibir leche adulterada, o una medida distinta -no apretada- a su necesidad real, sea esta una necesidad material o espiritual. Imagine por ejemplo, una mañana de reunión en su iglesia en donde el centro del mensaje del predicador de la Palabra de Dios gira alrededor de si debe o no comprar unas zapatillas deportivas de marca de prestigio a sus hijos adolescentes; tema familiar que debe abordarse sólo en casa, o si la esposa solicita un carro -nuevo y no uno usado- a su esposo y el tema del mensaje se centra la toma de esta decisión y la traslada irónicamente a todo el auditorio reunido ese día en un templo, una mañana mientras los miembros de la congregación y sus visitas buscan solucionar su propio conflicto interno el mensaje para Ud. es que el predicador escuchó a algunos miembros de la congregación comentar sobre su familia una fuerte critica, y el comentario no le resultó simpático obviamente, y desde el altar advierte en tono amenazante que de no aceptar a su familia tal cual ésta es, él abandonará su cargo. O si se dedica gran parte del tiempo del mensaje de la Palabra de Dios a explicar su carrera de vida profesional para sustentar su autoridad. Si un hombre o mujer necesitados no reciben el bálsamo y el vino que sus heridas abiertas y su corazón roto buscan urgentemente en el templo de Dios, ¿dónde deberá acudir quien fue olvidado a la orilla del camino?
El apóstol Pablo debió defender y justificar su llamado de apóstol a los pueblos no judíos en más de una oportunidad y también ante varios sectores de la iglesia en Jerusalén. Muchas cosas no favorecían a Pablo para ser incluido en la lista oficial de predicadores autorizados para las iglesias; nació fuera de Israel, fue perseguidor de la Iglesia en Jerusalén y ciudades de alrededor, no fue parte del primer grupo de creyentes enviados a sanar y echar fuera demonios, no fue tampoco parte de los doce discípulos que fueron testigos de Jesús en su ministerio público, jamás vio a Jesús con sus propios ojos, no le abrazo, ni le escuchó, no caminó ni una una milla a su lado, ni durmió sobre su pecho, no compartió el pan, el vino, el pescado, no caminó sobre el mar, no tocó su mano y pecho heridos. Definitivamente Pablo no cumple con los requisitos institucionales -credenciales- de la Iglesia primitiva para enseñar, o predicar la Palabra de Dios desde las sinagogas, en las plazas públicas, en las prisiones, en los barcos, calles, ciudades y pueblos. El sanedrín le ha quitado todo su respaldo, los judíos lo desean ver muerto, la iglesia desconfía de sus motivaciones.  Pablo, talvez recibió más golpes, y probó los látigos más variados del mundo conocido, las prisiones más insalubres, engaños de falsos creyentes, desnudes, hambre real, violencia real, enfermedad y dolor, viajes constantes lejos de casa y el abandono de la Iglesia misma, entre otros "precios"que él mismo nunca llegó a contar en sus cartas. Dios le había seleccionado así y le avisó que asumir el llamado le produciría muchos dolores, María la adolescente judía que dio a luz a Jesús también sufrió y vivió de cerca el ver morir a su hijo como un delincuente común siendo Jesús inocente, y en silencio guardaba todo en su corazón, su corazón de sierva y madre dolida se formó en el servicio a Dios y no durante el anuncio del ángel, Juan el bautista ni vestía bien, ni hablaba con prudencia o elegancia ante la maldad, no era agradable su presencia pues no respetaba protocolos.
Ocupar un lugar de privilegio demanda poseer un llamado divino, capacidad, talento y preparación certificada, y como descubrió Moisés saber hablar bien en público, así como entrega total en obediencia a la Palabra de Dios. La santidad no es genéticamente heredable, pues cada hijo es un ser humano diferente y único, los dones no se reciben por genética humana, ni por afinidad sanguínea de una persona a otra. Posiblemente de heredarse, todo lo bueno de un gran líder, también lo harán sus debilidades y temores, éstos pasarían a la siguiente generación. Ejercer el liderazgo en cualquiera de sus formas ministrando la Palabra de Dios, alabar a Dios, administrar los recursos del Reino de Dios y demás, demanda santidad personal y compromiso individual comprobado, liderar a una familia fuerte, un matrimonio estable, hay señales que siguen a los creyentes. El modelo de liderazgo heredado por sangre suele desmotivar y alejar al mejor liderazgo y afectar a la comunidad de fe en su desarrollo. Ananías formó a Pablo, Pablo formó a Timoteo, Moisés a Josúe, Elías a Eliseo, Jesús formó a doce.

El precio a pagar es la oscura soledad en el fondo de un pozo, el desierto junto a millones de esclavos, dar su propio hijo a los criminales, ir a la cruz, o entrar en la fría tumba. Los programas de acreditación teológica son increíblemente buenos, sanos y recomendables, los centros de primer nivel que  acreditan a los pares hacen también una gran labor académica. Es con el discipulado planificado, paso a paso, es con el acompañamiento genuino que se producen "Pablos" exitosos. Si lo trasladamos a nuestros días algunos líderes y sus criterios descalificarían a Pablo y no obtendría el permiso para subir al altar de ningún templo cristiano a predicar la Palabra de Dios. El precio correcto lo pagó Jesús al dejar su trono en el cielo y morir de esa manera injusta y cruel en la cruz, sólo Él es digno por su obediencia, y la gloria sólo pertenece a él, según el escrito de las revelaciones de Jesús (Apocalipsis) cualquier molestia terrenal, o sacrificio personal o familiar debe llamarse humanamente hablando " mi honor", o tal vez mi deseo de ser "esclavo voluntario y por amor". Tira tu propia corona -si la llegas a ganar- y ponla ante sus pies.

Jesús que tu llamado y tu tiempo perfecto, encuentren en mi a un corazón dispuesto. 

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