viernes, 3 de febrero de 2012

Conociendo a una familia de oración

Hechos 9: 8-12 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.

La comunidad de fe que se congregaba en Damasco en los días de Pablo, el apóstol, era muy mal vista por algunos lideres religiosos en Jerusalén. Entre los fieles de ese lugar llama mi atención la familia de Judas.
Ellos vivían en una casa de la calle Recta o Derecha, e invertían una buena parte de su tiempo a orar, además era una familia hospitalaria, hacía poco habían recibido en casa a un judío ciego que viajaba de Jerusalén a Damasco y que sufrió un accidente en el camino. En lugar de mandarlo a un hotel le recibieron y le cuidaron, pero también hicieron algo más. Le sumergieron en una atmósfera de búsqueda del rostro de Dios; un tiempo especial de ayuno y oración, este judío ciego -Saulo de Tarso- está enfrentando su nueva realidad de una manera distinta, con gran fortaleza y deseo de obedecer ya no a los lideres religiosos sino al Dios altísimo y parece estar dispuesto a pagar cualquier precio por servir al Dios que le encontró en el camino.

Hechos 9: 13-19 Entonces Ananías respondió:  
 -Señor,  he oído de muchos acerca de este hombre,  cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
El Señor le dijo:  
 -Ve,  porque instrumento escogido me es este para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de reyes y de los hijos de Israel, porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
Fue entonces Ananías y entró en la casa,  y poniendo sobre él las manos,dijo:  
 -Hermano Saulo,  el Señor Jesús,  que se te apareció en el camino por donde venías,  me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.
Al instante cayeron de sus ojos como escamas y recobró la vista.  Se levantó y fue bautizado; y habiendo tomado alimento,  recobró las fuerzas.  Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.

En otra casa de Damasco vive un hombre que también dedica mucho de su tiempo valioso a la tarea de adorar y orar a su Dios, se trata de Ananías, él escucha la voz de Dios que le pide que haga una misión temeraria, hay que visitar a un hombre que ora, y debe ser sanado, discipulado y lleno también del Espíritu de Dios.

¿Cómo se forman discípulos del tipo de Pablo? Es una pregunta que bien vale la pena revisar una vez más. De inicio destaca la oración, hoy no sabríamos nada de Pablo posiblemente sino por una familia que oraba con pasión a Dios y un misionero que cruzó algunas calles de Damasco para ministrar a Saulo, más tarde llamado Pablo y discipularlo.

Si buscamos una buena señal que nos indique cómo podemos afectar a nuestra generación para que sus vidas sean completamente transformadas, tenemos clara la tarea a atender. No sabremos todo el poder que se guarda en la oración hasta que su práctica sea una realidad en nuestras vidas, y los frutos que vendrán con ella. Más adelante su discipulado se complementa gracias al acompañamiento de Bernabé- su nombre anterior fue José, ahora se le llama Hijo de la Motivación-, Juan Marcos, Timoteo y el mismo Pedro (antes Simón).

Que así se haga en mi vida, en mi casa y en mi grupo. Este mundo necesita urgentemente de más hombres y mujeres dispuestos a orar y cruzar la calle. Amén.

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