miércoles, 7 de diciembre de 2011

Saliendo del desierto de la necedad.

La Biblia define que hay varios tipos de personas en el pueblo de Dios, existen algunas diferencias:
"Yo le sugiero a Su Majestad que busque a alguien muy sabio e inteligente, y que lo ponga a cargo del país." Génesis 41:33
"Sin embargo, no depende de la edad entender lo que es justo; no son los muchos años los que dan sabiduría. Lo que nos hace sabios es el espíritu del Dios todopoderoso, ¡y ese espíritu vive en nosotros!" Job 32:8-9
1.- SABIOS. Una forma de definir a un hombre sabio es cuando la luz llega a su vida y la forma en que reaccionan a la luz, pues estas personas se ajustan y se dejan transformar al molde de la luz -la palabra de Dios- se corrigen y hacen cambios profundos para adoptar las verdades eternas cuanto antes en sus vidas con un alto grado de auto motivación. Cambian la fórmula actual en la que hacemos las cosas rutinariamente para mejorar los procesos que teníamos como buenos para lograr algo mejor, frutos buenos y en abundancia. Cuando una persona sabia es confrontada por sus logros y su rendimiento (indicador de nuestra realidad) para mejorar manifiesta una actitud de agradecimiento por ese noble gesto; el sabio llama REGALO a la retroalimentación, pues descubre nuevos retos dentro de él mismo que le facilitarán mejorar. ¿Quien desea tener un grupo así bajo su cargo? Cualquiera y sí es posible lograrlo. Si un pastor o líder tiene el privilegio de conducir a un grupo de trabajo formado por personas muy sabias tendrá otro tipo de desafió muy particular: "El reto para su líder es desafiarlos apropiadamente". Mantener a un equipo de sabios altamente motivados es vital, así como el dar las herramientas suficientes, oportunamente será básico para que asuman retos de corto alcance que se puedan alcanzar.

"¡Cómo nos alegramos cuando se cumplen nuestros deseos! ¡Y cómo le cuesta trabajo al necio apartarse del mal!" Proverbios 13:19
2.- NECIOS. Los necios -en cambio- pretenden ajustar la luz para que no lastimen sus intereses, buscan cambiar la verdad un poco para no sufrir transformaciones radicales o de fondo, o en algunos casos matan al mensajero de la luz. Cuando reflexionan lo hacen con el foco hacia afuera y manifiestan su necedad pidiendo más recursos y señalando a los demás. Se suele justificar responsabilizando a otros o a las circunstancias y no sienten que son responsables por su puesto o cargo. Los necios hacen las cosas de la misma forma vez, tras vez -siempre igual- pero deseando obtener resultados distintos. Cuando los necios toman el control de la organización, ésta se convierte en un manicomio. La persona necia suele ser inteligente y con gran potencial. Para provocar que abra su mente al cambio no debemos iniciar con retroalimentación sobre sus logros y su rendimiento pobre. El problema de dar retroalimentación tempranamente (al necio) es que NO cambiará nada, y no hace nada, y no pasará nada. Pues dentro de su mente y corazón su forma de hacer las cosas está perfecta y no dispone de espacio para cambios. Para sanar a un necio se debe avanzar de forma que se le permita enfocarse no hacia afuera, sino hacia su interior.
Cuando el necio llega a chocar con la pared, entonces, al verse que no hay manera de seguir por fin reconoce su realidad:
No sé, les he fallado a todos, ¿qué debo hacer para mejorar lo que yo hago? Hagamos un nuevo plan para realizar las cosas según la visión de nuestra organización". Los necios sólo cambian cuando la realidad choca de pronto y los sacude, es cuando aceptan que requieren cambiar. Es la manera de Dios para sacarnos del desierto de la necedad, hay esperanza todavía, existe otra oportunidad para cambiar nuestro necio corazón:
Debemos reconocer nuestra realidad con humildad -no sé tanto como he creído y no soy tan talentoso como pensé- ésto abrirá la puerta al cambio. Será -entonces- que el líder se podrá sentar y colocar bálsamo sobre las heridas del pasado para sanar y plantear con contundencia y firmeza la realidad espiritual que nos espera; bendición a través de la obediencia voluntaria, o maldición a través de la indiferencia a la palabra de Dios y a su voluntad perfecta. Dios se compromete a motivarnos y llenar de valentía nuestro corazón, nos equipará con el fruto de la cercanía y acompañamiento espiritual y también nos equipará con herramientas -dones espirituales- eficaces para fortalecernos unos a otros. Adoptando la visión de Dios y responsabilizándonos completamente de nuestro llamado.
"No te pongas al nivel del necio, o resultará que el necio eres tú." Proverbios 26:4

3.- MALVADOS. En el corazón del ser malvado -malo- hay tendencia a destruir lo que le rodea, a causar dolor a los que se relacionan con éste, no es sabio abrir espacios a negociar con personas así; los malos hablan en estos términos: “Preparen a su abogado que habrá demandas, usan armas o amenazan con usarlas, e intimidan con el costo monetario que pagaremos" Por esta razón -al hombre malo- Pablo nos recomienda que hay que apartarlo del resto del grupo, pues esta manzana podrida dañará a todo el grupo. La maldad está en nuestro corazón pero deberá salir ante la presencia de la la luz, de no salir queda intervenir quirúrgicamente. En el cielo, Lucifer fue expulsado llevándose a un tercio de los ángeles de Dios con él. En el equipo intimo de Jesús también hubo un hijo de maldad que no logró pasar al siguiente nivel. No es fácil y nadie desea hacerlo, pero lo sano es hacerlo a tiempo. No actuar con carácter firme y a tiempo será responsabilidad de quien haga un mal diagnóstico fuera de tiempo.
Que mi maldad y necedad puedan salir de mi corazón, para ser el sabio que rinda frutos buenos y abundantes a mi Dios y Señor. Que así se haga en mi vida en el nombre de Jesús.

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