lunes, 26 de septiembre de 2011

Sólo uno te puede salvar: Jesús.

Jesús ha estado –orando- toda la noche en el Monte de los Olivos muy cerca de Jerusalén. Desde allí, al amanecer, caminó -sin haber dormido- al templo construido por Herodes y entró en éste. El lugar está lleno de personas por todos lados que visitan el templo con curiosidad, otros con sed de escuchar a Dios, ese mismo día se acercan a Jesús y le rodean para escuchar el mensaje que Él enseña sobre el Reino de los cielos. No acudieron a los otros maestros que a diario suelen estar por allí hablando de la Ley de Moisés, ésta vez fueron a escuchar a Jesús. Veamos lo que nos narra Juan 8:2-11
 "Al día siguiente, al amanecer, Jesús regresó al templo. La gente se acercó, y él se sentó    para enseñarles. Entonces los maestros de la Ley y los fariseos llevaron al templo a una mujer. La habían sorprendido teniendo relaciones sexuales con un hombre que no era su esposo. Pusieron a la mujer en medio de toda la gente, y le dijeron a Jesús:

             -Maestro, encontramos a esta mujer cometiendo pecado de adulterio. En nuestra ley, Moisés manda que a esta clase de mujeres las matemos a pedradas. ¿Tú qué opinas? Ellos le hicieron esa pregunta para ponerle una trampa. Si él respondía mal, podrían acusarlo. Pero Jesús se inclinó y empezó a escribir en el suelo con su dedo. Sin embargo, como no dejaban de hacerle preguntas, Jesús se levantó y les dijo:

            -Si alguno de ustedes nunca ha pecado, tire la primera piedra.
Luego, volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el suelo. Al escuchar a Jesús, todos empezaron a irse, comenzando por los más viejos, hasta que Jesús se quedó solo con la mujer. Entonces Jesús se puso de pie y le dijo:

            -Mujer, los que te trajeron se han ido. ¡Nadie te ha condenado!Ella le respondió:
            -Así es, Señor. Nadie me ha condenado.Jesús le dijo:
            -Tampoco yo te condeno. Puedes irte, pero no vuelvas a pecar."
Públicamente Jesús está enseñando al pueblo que se ha reunido alrededor de Él. Jesús, no está lejos -está muy cercano- de las necesidades de la gente, en ese lugar está muy próximo a ellos, tan cerca que cualquiera podía verle y oírle sin necesidad de solicitar una cita o cumplir innumerables requisitos previos de preparación. Dios estaba en medio de ellos en el templo y ellos podían verle y oírle.
Ese lugar –el templo de Jerusalén- era muy celado y disputado por algunos grupos de religiosos y políticos de facciones opuestas y que normalmente no se relacionaban entre sí. Pero al ver que ya no eran los únicos enseñando en el lugar y que estaban perdiendo a muchos seguidores, pactaron "la paz" y tramaron un plan, una trampa mortal para poner en mal a Jesús en medio del pueblo, además tendrían la oportunidad de acusarle a través de un acuerdo muy bien elaborado. Hay muchas voces en nuestra mente y corazón, muchos discursos que resuenan para cautivarlos con palabras agradables y relativas, palabras de hombres.
Resulta curioso que en este mundo se realicen a diario tantas alianzas para atacar a Jesús y a su mensaje de reconciliación desde tantos frentes, ángulos tan distintos y opuestos entre sí. La ciencia sin Dios, la literatura, la radio, la TV, el cine, periódicos, políticos, funcionarios públicos, autoridades, líderes de opinión, la música, etcétera todo puede ser usado para conspirar contra Jesús. Todos se unen para destruir el sano diseño de Dios, quieren usurpar el lugar de Dios y dicen ser más sabios -lo peor no está allí- está en que les lleguemos a creer sus mentiras.
La ley de Moisés establecía que en el pueblo de Dios no podía habitar persona alguna que no viva la fidelidad matrimonial, ese tipo de personas desleales y sin fidelidad no cabe dentro su pueblo y debían ser sacados todos y todas aquellos que rechazan este mandato dado por Dios en los libros del Ley. Por eso quien actuara en contra de este principio, era muerto fuera de la ciudad. Ambos el hombre y la mujer, en este caso los que pactaron esa mañana destruir a Jesús injusta e intencionalmente no presentaron al hombre que se acostó con la mujer acusada.
No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu
prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. Éxodo Capitulo 20: 141516

Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos. Levítico Capitulo 20: 10 

La trampa que prepararon no daba espacios a dudas ni a titubeos, si Jesús respondía que merecía la muerte por ser culpable del pecado de adulterio, entonces violaba la ley romana al ordenar su muerte, y si decía que era inocente violaba la Ley de Moisés. Parece que para esta mujer ni para Jesús hay salida.
Pero para motivarlo a hablar los religiosos tramposos llaman a Jesús: "Maestro". Pero Él no se impresiona con la falsa alabanza, ajena y distante al dolor de los que sufren.
El varón infiel –poco valiente- que estaba en la cama con esta mujer desleal, no tuvo oportunidad de ver a Jesús, -como muchos otros que corren para evitar entrar en su presencia, ser confrontados y evadir el reto- en su propia opinión esa mañana salvó su pellejo, pero realmente se condenó para siempre pues no recibió el perdón de Jesús.

Ese fue el peor negocio hecho por alguien, dar la espalda a Jesús.

En lo más bajo, al fondo, sobre el piso, está una mujer humillada, prisionera del placer, avergonzada, expuesta su fragilidad, debilidad y bajeza en público, llena de temor a morir y con toda certeza culpable, solo le queda esperar su vergonzosa muerte. No había nada que alegar en su defensa la ley la condena.
Para esta mujer -y para cada uno de nosotros- en la persona de Jesús está la única autoridad que puede definir su futuro, de Jesús depende su vida o su muerte. Él puede usar esa autoridad y poder para ordenar su muerte o bien usar su autoridad y poder para restaurar su vida y dar una nueva oportunidad inmerecida, aun en presencia de todos los que apuntaban con el dedo acusador.
La mano de Dios cambió de dirección, no apuntó a la mujer sino que apunto al suelo. Al ser acusados por sus actos el nuevo escenario ya no era solo una mujer la culpable, sino también todos los que estaban acusándola. Empezando por aquellos que debían dar el mejor ejemplo uno a uno se fue alejando. Todos aquellos que por mucho tiempo se sintieron perfectos e intachables descubrieron ante la presencia de Jesús su verdadera miserable condición espiritual.
La misma pregunta que resonó en esa mañana resuena otra vez hoy: ¿Quién es pura, quién es perfecto, quien está limpia, quien puede acusar, quien puede juzgar, quien puede condenar, quien puede señalar el error de otros?
Juzgar es un acto que demanda absoluta pureza, total ausencia de maldad y pecado. En el cielo y en la tierra, solo hay uno que es digno de juzgar y todavía no es su tiempo. Jesús vendrá un día a juzgar, pero ahora Él está en medio de nosotros para restaurar nuestras vidas condenadas a muerte por la maldad y el pecado, nuestras vidas afectadas por su debilidad y atracción a pecar.
Sobre lo que Jesús escribía con su dedo, realmente solo podríamos especular; pudo hacer una lista de las jóvenes amantes que frecuentaban, de las esposas abandonadas y repudiadas, de los esposos  abandonados, de las familias destrozadas por el divorcio, de las victimas de sus negocios chuecos, de sus mentiras más recientes, o bien sobre lo que la ley decía sobre el adulterio que cometemos al amar a nuestros pequeños dioses o Isaacs más que a Dios mismo, o cuando  le somos infieles a Dios y vamos en pos del dinero, o de líder corrupto, o cuando buscamos la añadidura, salimos a buscar el prestigio social o el don divino en lugar de Dios…muchos hoy hemos substituido la sana oración, lectura bíblica y el trabajo  en el reino de Dios por seguir discursos de hombres llenos de veneno y sin temor a Dios…deslealtad y adulterio espiritual.
Los que nos acusan a los débiles no podrán permanecer de pie frente a Jesús, y aun estando ellos de pie acusándonos con sus gritos no evitaran que Jesús nos siga amando: 
Salmo 23: 4-6
Puedo cruzar lugares peligrosos
y no tener miedo de nada,
porque tú eres mi pastor 
y siempre estás a mi lado; 
me guías por el buen camino 
y me llenas de confianza. 
Aunque se enojen mis enemigos, 
tú me ofreces un banquete 
y me llenas de felicidad; 
¡me das un trato especial! 
Estoy completamente seguro 
de que tu bondad y tu amor 
me acompañarán mientras yo viva, 
y de que para siempre 
viviré donde tú vives.

Jesús (tu salvador) está hoy aquí en su templo para darte una nueva oportunidad, una vida diferente a la que has vivido hasta hoy, ya sea atrapado en la religiosidad o bien totalmente entregado a satisfacer tus propios deseos. El no desea verte condenado a muerte, él desea que vivas en santidad; totalmente apartado para su uso exclusivo. Basta ya de poner en alquiler tu mente y tu corazón, dale todo a Jesús.
¿Cómo vas a salir hoy de la presencia de Jesús? De la misma manera en la que has sido muy religioso y mega perfecto, o perdonado, reconciliado y con una vida nueva por vivir.
Son muchos los que prometen hacer compromisos con Dios en el templo, pero al salir no hacen ningún cambio en su estilo de vida; solo lloran, se sienten incómodos unos minutos, sienten un poco de pesar por un día y sus vidas no muestran arrepentimiento, ni cambios en sus actos –sus agendas y dinero dicen otra cosa- muestran que Dios NO es lo primero ni lo más importante.
No desperdicies esta oportunidad, no la valores como poca cosa, no le subestimes como algo sin valor. Esta oportunidad es para cambiar la dirección de tu vida, este es tu tiempo para dejar de pecar, para abandonar tu infidelidad a Dios, para dejar de ser desleal, para dejar de mentir sobre tu relación con Dios, para dejar atrás una vida sin propósito, una vida de aparentar ser buena gente, o buen creyente, es tiempo de hacer las cosas bien…hoy Dios te lanzó un reto. 
Al dejar la tierra, aquí se quedan los negocios terrenales, el placer temporal, las casas, los muebles, los carros, la ropa bonita, los zapatos de moda, los juguetes tecnológicos, las herramientas, los instrumentos, el puesto de trabajo, los amigos, las comadres…valora correctamente, escoge lo mejor, nada de eso tiene valor eterno. La mano de Dios está a favor tuyo, él no te señala…él te quiere levantar del suelo.
Nuevo comienzo, nuevo camino, nueva vida.
"Ayúdame a ver mi real condición espiritual, soy culpable de infidelidad espiritual, he fornicado con el placer, he sido seducido por la duda y la vida ligera, la vida sin compromiso. Sácame de está situación y dame una oportunidad de vivir una vida que te agrade a ti y sólo a ti. Así se haga en en mi vida."

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